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Triada Embarazo Ectopico Pasional

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Triada Embarazo Ectopico Pasional

Ana se despertó con un dolorcillo punzante en el vientre bajo las sábanas revueltas de su cama king size en el departamento de Polanco. El sol de la mañana se colaba por las cortinas semitransparentes, tiñendo de oro la piel morena de Marco, que dormía a su derecha, su pecho ancho subiendo y bajando con ronquidos suaves. A su izquierda, Luis, más delgado pero fibroso, con ese tatuaje de águila en el hombro que tanto le gustaba lamer. Olía a ellos: sudor masculino mezclado con su perfume de vainilla y el leve aroma almizclado de la noche anterior, cuando se habían enredado en un torbellino de besos y caricias.

¿Qué chingados pasa? Este dolor no es normal, carnal. Dolor abdominal, un manchado raro y ya van dos semanas sin mi regla. No mames, ¿será la clásica triada embarazo ectopico de la que platicaba mi doc amigo?
pensó Ana, mordiéndose el labio. Tenía treinta años, soltera por elección pero en una tríada perfecta con estos dos pendejos guapísimos que la volvían loca. Marco, el ingeniero alto y serio; Luis, el artista bohemio y juguetón. Juntos formaban su mundo, su triada de amor y deseo.

Se acurrucó contra Marco, sintiendo el calor de su verga semierecta rozándole el muslo. Él abrió los ojos, café intenso, y la jaló hacia sí. "Buenos días, ricura", murmuró con voz ronca, besándole el cuello. El roce de su barba incipiente le erizó la piel. Luis se despertó también, sonriendo pícaro. "¿Ya andan calientes sin mí, cabrones?" bromeó, uniéndose, su mano grande deslizándose por la curva de su cadera desnuda.

Pero el dolor la traicionó con una punzada aguda. Ana jadeó, y los dos se pusieron alerta. "¿Qué onda, amor? ¿Estás bien?" preguntó Marco, incorporándose. Ella les contó todo: el dolor, el sangrado leve, el retraso. "Creo que es la triada embarazo ectopico, pinches síntomas exactos. Hay que ir al doctor ya."

En la clínica privada de la colonia Roma, el ginecólogo confirmó las sospechas parciales. "Sí, presenta la tríada clásica: dolor abdominal, sangrado vaginal y amenorrea. Podría ser embarazo ectópico, pero hagamos un ultrasonido." Ana apretó las manos de Marco y Luis en la sala de espera, el corazón latiéndole como tambor. Olía a desinfectante y café de máquina, pero sus narices captaban el aroma familiar de sus lociones, anclándola. Si es ectópico, ¿qué pasa con nosotros? ¿Podré seguir esta vida de placeres compartidos? se preguntaba, el miedo mezclándose con un calor inesperado entre las piernas al recordar sus toques.

El ultrasonido mostró un saco gestacional en el útero, temprano pero normal. No ectópico. "Solo un susto, Ana. Cuídate, descansa y ven en una semana." Salieron al sol de mediodía, riendo aliviados. Luis la cargó en brazos hasta el coche. "¡Órale, mamacita! ¡Vamos a celebrar que no es esa mierda de triada embarazo ectopico!"

De regreso al depa, la tensión del día se transformó en algo eléctrico. Ana se duchó primero, el agua caliente cayendo en cascada sobre sus pechos llenos, pezones endureciéndose al pensar en ellos. Salió envuelta en una toalla, el vapor impregnado de su jabón de rosas. Marco y Luis la esperaban en la sala, con cervezas frías y tacos de su taquería favorita: suadero jugoso, cebolla crujiente y cilantro fresco. Comieron en el sofá, riendo de tonterías, pero las miradas se volvían pesadas, cargadas de promesas.

"Gracias por estar conmigo, mis amores", dijo Ana, dejando el plato. Se sentó entre ellos, la toalla aflojándose. Marco le besó la sien, su mano grande subiendo por su muslo suave. "Siempre, chula. Eres nuestra reina." Luis, del otro lado, le mordisqueó el lóbulo de la oreja, enviando chispas directo a su clítoris. "Y ahora, déjanos cuidarte de la mejor manera."

La toalla cayó al suelo con un susurro. Ana estaba desnuda, su piel canela brillando bajo la luz tenue. Marco la alzó como pluma, llevándola a la cama mientras Luis los seguía, quitándose la playera. La depositó con gentileza, y los tres se tumbaron, un enredo de extremidades. El aire se llenó del olor a excitación: su humedad dulce, el almizcle salado de sus vergas endureciéndose.

Marco besó su boca primero, lengua profunda, saboreando la salsa de los tacos en ella. Qué rico, su sabor a hombre, pensó Ana, gimiendo bajito. Luis bajó a sus senos, chupando un pezón con succión experta, la barba raspando deliciosamente. Ella arqueó la espalda, sintiendo el calor subir desde el vientre. "Ay, sí... no paren, cabrones", susurró, voz ronca de deseo.

Las manos exploraban: Marco metiendo dos dedos en su panocha ya empapada, curvándolos para rozar ese punto que la volvía loca. El sonido húmedo de su movimiento llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos. Luis le lamió el otro pecho, luego bajó, besando su ombligo, el vientre donde aún latía el susto del día. "Aquí crece algo nuestro, quizás", murmuró él, y Ana sintió una oleada de ternura mezclada con lujuria.

Cambiaron posiciones con fluidez practicada. Ana se puso a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo sus rodillas. Marco se arrodilló atrás, su verga gruesa presionando su entrada. "¿Lista, amor?" Ella asintió, mordiendo la almohada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola con placer que rayaba en dolor exquisito. "¡Qué chingón, tan apretadita!" gruñó él, agarrando sus caderas.

Luis frente a ella, verga en mano, dura y venosa. Ana la tomó, lamiendo la punta salada de precum, saboreando su esencia. La succionó hondo, garganta relajada por práctica, mientras Marco la embestía rítmicamente. El slap-slap de piel contra piel, los gemidos ahogados, el olor a sexo crudo: todo era sinfonía. Sudor perlando sus cuerpos, gotas cayendo en su espalda.

Esto es vida, pinche triada embarazo ectopico que nos unió más. Sus vergas me llenan, sus manos me adoran. Soy suya, son míos
, pensó Ana en éxtasis creciente.

Marco aceleró, sus bolas golpeando su clítoris hinchado. Luis le follaba la boca con cuidado, ojos clavados en los suyos. La tensión subía como ola, vientre contrayéndose. Ana sintió el orgasmo primero, explosivo: paredes apretando la verga de Marco, chorro de placer mojando las sábanas. Gritó alrededor de Luis, vibraciones enviándolo al borde.

Marco se corrió segundos después, caliente dentro de ella, gruñendo "¡Te amo, Ana!". Luis la siguió, eyaculando en su lengua, espeso y salado, ella tragando con deleite. Colapsaron juntos, un montón jadeante de miembros entrelazados. Besos suaves post-sexo, lenguas perezosas, piel pegajosa enfriándose.

Horas después, recostados bajo la luz de la luna que entraba por la ventana, Ana acarició sus pechos. "Ese susto de la triada embarazo ectopico nos hizo valorar esto más. Sea lo que sea, lo enfrentamos juntos." Marco sonrió, besándole la frente. "Nuestra tríada es indestructible, ricura." Luis asintió, mano en su vientre. "Y si hay bebito, será amado triplemente."

Durmieron así, envueltos en paz sensual, el futuro lleno de promesas calientes y tiernas. El aroma de su unión perduraba, recordatorio vivo de su lazo eterno.

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