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Cancion Try Me El Desafio Sensual

7621 palabras

Cancion Try Me El Desafio Sensual

Entraste al antro de Polanco con el calor de la noche pegándote en la piel como una promesa húmeda. La música retumbaba, un ritmo reggaetón que hacía vibrar el piso bajo tus tacones. Eras Ana, veintiocho años, morra independiente que había dejado el estrés del jodido trabajo en la oficina para soltarte un rato. El aire olía a tequila reposado mezclado con perfume caro y sudor fresco, ese olor que avisa que la fiesta está que arde.

Te acomodaste en la barra, pidiendo un paloma bien fría, el hielo crujiendo contra el vaso mientras el limón te picaba la lengua. Ahí lo viste: alto, moreno, con esa camiseta ajustada que marcaba los músculos de su pecho. Se llamaba Marco, lo supiste después, pero en ese momento solo era él, el wey que te miró con ojos que decían pruébame. La pista explotaba con beats pesados, y de repente, el DJ soltó la Cancion Try Me, esa rola urbana que todos conocían, con letras que hablaban de desafíos calientes, de "inténtalo si te atreves, nena".

"Try me, try me, si crees que puedes manejarme..."
cantaba la voz rasposa del cantante, y sentiste un cosquilleo en el vientre, como si la letra te estuviera hablando directo a ti. Marco se acercó, su sonrisa pícara iluminada por las luces neón. ¿Bailas? te dijo al oído, su aliento cálido rozando tu oreja, oliendo a mentas y ron. No pudiste decir que no. Tus cuerpos se pegaron en la pista, sus manos en tu cintura, firmes pero suaves, guiándote al ritmo. Sentías el calor de su piel a través de la tela fina de tu vestido rojo, el roce de sus caderas contra las tuyas, lento al principio, como un juego.

La Cancion Try Me seguía sonando en loop en tu cabeza, try me, pruébame, y pensaste ¿por qué no? Habías roto con tu ex hace meses, ese pendejo que nunca te hizo sentir viva. Marco era diferente, juguetón, con esa vibra de chavo de barrio que ha triunfado, tatuajes asomando en su cuello, aroma a colonia masculina que te mareaba. Bailaron hasta que el sudor perlaba tu escote, tus pezones endureciéndose contra el encaje del bra, y él lo notó, porque su mirada bajó un segundo, hambrienta.

El antro se llenaba de cuerpos en movimiento, risas y vasos chocando, pero para ti solo existía él. ¿Quieres salir a tomar aire? murmuró, su voz ronca compitiendo con la música. Asentiste, el corazón latiéndote como tambor. Afuera, en la terraza con vista a las luces de la ciudad, el viento fresco te erizó la piel. Se besaron ahí, un beso que empezó suave, sus labios carnosos probando los tuyos, lengua tímida al principio, luego invasora, saboreando el tequila en tu boca. Sus manos subieron por tu espalda, desabrochando el cierre del vestido con maestría, como si supiera que lo estabas esperando.

Regresaron al antro, pero ya no bailaban. Él te llevó a un rincón VIP, reservado para los que pagan bien, con sofás de piel negra y privacidad relativa. La Cancion Try Me aún tronaba de fondo, y reíste bajito. Esta rola nos persigue, ¿no? dijiste, y él contestó Es la señal, morra. Try me, pruébame, con acento chilango puro, ese r suave que te ponía la piel de gallina. Se sentaron, piernas entrelazadas, y sus dedos trazaron patrones en tu muslo desnudo, subiendo despacio, el roce eléctrico haciendo que tu chichi se humedeciera.

En tu mente, un torbellino:

¿Y si es solo una noche? ¿Y si quiero más? No pienses, Ana, solo siente.
Él leyó tu duda en los ojos y te besó el cuello, chupando suave, dejando un rastro húmedo que olía a su saliva y tu perfume de vainilla. Eres rica, wey, gruñó, y tú respondiste quitándole la camisa, tus uñas arañando su pecho velludo, sintiendo los latidos acelerados bajo tus palmas. Sus pectorales duros, el vello rizado que bajaba hasta su abdomen marcado, todo te volvía loca.

La tensión crecía como el bajo de la canción, gradual, insoportable. Él te recostó en el sofá, el cuero frío contra tu espalda ardiente, y bajó tu vestido hasta la cintura. Tus tetas saltaron libres, pezones rosados pidiendo atención. Los lamió con devoción, lengua plana y círculos lentos, el sonido húmedo mezclándose con tus gemidos ahogados. ¡Ay, cabrón! escapó de tus labios, y él rio, vibrando contra tu piel. Bajó más, besando tu ombligo, inhalando el aroma almizclado de tu excitación que subía desde tus calzones de encaje negro.

Tus manos enredadas en su pelo, guiándolo. Más abajo, susurraste, y obedeció, quitándote la tanga con dientes, el roce raspando delicioso. Su boca en tu coño, lengua experta abriendo tus labios hinchados, saboreando el néctar salado-dulce que fluía. Lamía tu clítoris con presión perfecta, chupando, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que te hacía arquear la espalda. El placer subía en olas, tus muslos temblando alrededor de su cabeza, olores intensos: sexo puro, sudor, la ciudad lejana.

No pares, pendejo, no pares, pensabas, mordiéndote el labio para no gritar. Él aceleró, su barba raspando tus muslos internos, el sonido de succión obsceno y adictivo. El orgasmo te golpeó como un rayo, cuerpo convulsionando, jugos empapando su barbilla, un grito sofocado que solo él oyó. Te dejó jadeante, pero no paró; se quitó los pantalones, su verga saltando libre, gruesa, venosa, goteando precúm que olía a macho puro.

Te volteó de rodillas en el sofá, el cuero pegándose a tu piel sudorosa. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso, llenándote hasta el fondo. ¡Qué chingón! gemiste, y él embistió, manos en tus caderas, nalgueándote suave, el slap resonando. Ritmo como la Cancion Try Me, perreo puro: lento para sentir cada vena, rápido para follarte duro. Sudor goteando de su frente a tu espalda, mezclándose, el slap-slap de carne contra carne, tus tetas balanceándose, pezones rozando el cuero.

Internamente, puro fuego:

Esto es lo que necesitaba, un wey que me coja como diosa, no como muñeca.
Cambiaron posiciones, tú encima, cabalgándolo, control total. Sus manos amasando tus nalgas, pulgares abriendo para ver cómo lo tragabas. Rebotabas, clítoris frotándose en su pubis, olor a sexo denso envolviéndolos. Él se sentó, mamándote las tetas mientras follabas, mordiendo pezones, el dolor-placer intensificando todo.

El clímax se acercaba, sus bolas apretándose, gruñidos animales. Métemela toda, Marco, hazme venir, rogaste, y él obedeció, embistiendo desde abajo, verga golpeando tu G perfecto. Viniste primero, coño contrayéndose como puño, ordeñándolo, jugos chorreando por sus huevos. Él explotó segundos después, chorros calientes llenándote, semen espeso goteando cuando saliste, el olor almizclado eterno.

Colapsaron juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. La música del antro era un murmullo lejano, la Cancion Try Me desvaneciéndose como un eco. Él te besó la frente, suave, Eres increíble, nena. Tú sonreíste, piernas entrelazadas, el afterglow envolviéndolos en paz tibia. No era solo sexo; era conexión, esa chispa que promete más noches así.

Salieron tomados de la mano, la ciudad brillando, sabiendo que la canción había sido el detonante perfecto. Try me otra vez, le dijiste guiñando, y él rio, Cuando quieras, morra. Caminaron hacia su coche, el futuro abierto como la noche mexicana, llena de posibilidades calientes.

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