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Trios Nalgonas Inolvidables

6163 palabras

Trios Nalgonas Inolvidables

Imagina que estás en una playa de Puerto Vallarta, el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranjas y rosas, mientras las olas rompen suaves contra la arena tibia. El aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de cocos frescos y el humo lejano de una fogata. Tú, un wey de veintiocho años que vino de vacaciones solo para desconectar del pinche estrés de la ciudad, caminas por la orilla con una cerveza fría en la mano. El sonido de la música reggaetón retumba desde un chiringuito cercano, ritmos que te hacen mover las caderas sin querer.

Ahí las ves: dos morras espectaculares, sentadas en una sábana extendida, riendo con complicidad. Una es Carla, piel morena como el caramelo, cabello negro largo hasta la cintura, y un culazo que parece desafiar la gravedad de su bikini rojo diminuto. La otra, Lupita, más clara, con curvas de infarto, tetas firmes asomando por el top y unas nalgas redondas, jugosas, que brillan con aceite solar. Neta, son nalgonas de campeonato, de esas que te hacen tragar saliva. Te miran, sonríen pícaras, y te hacen una seña para que te acerques.

¿Qué pedo, guapo? ¿Vienes a unirte a la fiesta o nomás a mirar?
dice Carla con voz ronca, ojos café clavados en los tuyos. Lupita se ríe, sacudiendo sus nalgas al ajustarse el bikini. Sientes un cosquilleo en el estómago, el corazón latiéndote como tambor. Te sientas entre ellas, el calor de sus cuerpos irradiando hacia ti, mezclado con el olor a vainilla de sus cremas.

Charlan de todo: de la vida loca en Guadalajara, de cómo ellas dos son cuates inseparables desde la prepa, de viajes salvajes. Beben micheladas, el limón picante en tus labios, la espuma fría bajando por tu garganta. Bailan contigo al ritmo del dembow, sus culos rozando tu entrepierna accidentalmente —o no tan accidental—. Carla te susurra al oído: Neta, qué rico hueles, como a hombre de verdad. Lupita te roba un beso juguetón, sus labios suaves y salados. La tensión crece, como una ola que se hincha antes de romper. Piensas: Esto podría ser el inicio de unos trios nalgonas que nunca olvidaré.

La noche cae, estrellas salpicando el cielo negro. Ellas te invitan a su suite en el resort, un lugar chido con vista al mar, velas aromáticas y una cama king size que grita pecado. Vente, no muerdo... mucho, dice Lupita guiñando. Aceptas, el pulso acelerado, la verga ya medio parada bajo los shorts. En la habitación, el aire acondicionado susurra fresco, contrastando con el calor de sus pieles. Se quitan los bikinis despacio, como en un ritual. Carla deja caer el suyo, revelando pezones oscuros erectos; Lupita, tetas perfectas balanceándose. Sus nalgas, ay cabrón, desnudas son un sueño: firmes, redondas, invitándote a tocar.

Te besan las dos al mismo tiempo, lenguas danzando en tu boca, sabores a tequila y deseo. Manos por todos lados: las de Carla apretando tu paquete, las de Lupita arañando tu espalda. Estás duro como piedra, wey, murmura Carla. Te desnudan, tu verga saltando libre, venosa y palpitante. Ellas se arrodillan, nalgonas empinadas hacia ti, un espectáculo que te hace gemir. Lupita la lame primero, lengua plana recorriendo el tronco, saliva tibia goteando. Carla chupa la cabeza, succionando con fuerza, ojos mirándote traviesos.

El sonido de sus mamadas es obsceno: chupetazos húmedos, gemidos ahogados. Sientes el calor de sus bocas alternándose, lenguas enredándose alrededor de tu pija. Tu mano en las nalgas de Carla, amasando esa carne suave y elástica, dedos hundiéndose en el surco. Lupita gime cuando le das nalgadas leves, el plaf resonando, su piel enrojeciéndose.

Más fuerte, papi, me encanta
, suplica. La tensión sube, tus bolas apretadas, pero las detienes. No tan rápido, morras, quiero saborearlas.

Las tumbas en la cama, boca abajo, nalgonas en alto como ofrenda. El olor a coño mojado llena el cuarto, almizclado y dulce. Empiezas con Lupita, lengua en su raja, lamiendo labios hinchados, clítoris palpitante. Sabe a miel salada, jugos chorreando por tu barbilla. Ella arquea la espalda, ¡Ay, sí, chúpame así!, voz quebrada. Carla se masturba viéndolos, dedos hundidos en su panocha lampiña. Cambias, devoras a Carla, su culo temblando con cada lamida, ano rosado guiñándote. Gemidos se mezclan con el romper de olas lejanas, sudores perlando pieles.

Ahora el clímax se acerca. Carla se monta en tu cara, coño frotándose en tu boca, mientras Lupita cabalga tu verga. Sientes su calor envolviéndote, paredes vaginales apretadas ordeñándote. ¡Qué rica verga, tan gruesa! grita Lupita, rebotando, nalgas aplastándose contra tus muslos con ¡plaf! plaf!. El slap de carne contra carne es hipnótico, sudor goteando, pezones rozando tu pecho. Cambian posiciones: tú de perrito con Carla, verga embistiendo su culazo, bolas golpeando clítoris. Lupita debajo, lamiendo donde se unen, lengua en tu eje y sus labios.

Esto es un trio nalgonas perfecto, neta, piensas mientras el placer te invade. Carla grita su orgasmo primero, coño contrayéndose como puño, jugos salpicando. Lupita se corre después, temblando, uñas en tus brazos. Tú aguantas, pero cuando te suben encima las dos, tetas en tu cara, nalgas frotándose en tus piernas, explotas. Chorros calientes llenando a Lupita, luego a Carla, semen goteando por sus culos divinos. Gimes ronco, el mundo blanco por segundos.

Caen exhaustos, enredados en sábanas húmedas. El cuarto huele a sexo crudo: esperma, sudor, coños satisfechos. Besos suaves ahora, caricias perezosas. Carla te acaricia el pelo: Fue chingón, wey, uno de los mejores trios nalgonas que hemos tenido. Lupita asiente, mano en tu pecho: Vuelve mañana, ¿va?. Te quedas ahí, escuchando sus respiraciones calmadas, el mar susurrando paz. Piensas en cómo esta noche cambió todo, un recuerdo ardiente que llevarás siempre. El deseo se apaga en ternura, pero sabes que el fuego puede encenderse de nuevo.

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