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Cómo Cocinar un Tri Tip en el Horno Mientras Te Deseo Entera

6855 palabras

Cómo Cocinar un Tri Tip en el Horno Mientras Te Deseo Entera

Entré a la cocina de mi departamento en Polanco, el aroma a cebolla y ajo fresco ya flotando en el aire caliente de la tarde. Javier, mi gringo favorito con ese acento texano que me volvía loca, estaba parado frente al horno, con el tri tip crudo en las manos como si fuera un tesoro. Llevábamos meses juntos, él trabajando en una empresa aquí en la CDMX, y yo, Ana, la que siempre tomaba las riendas en la cocina. Pero hoy, él quería impresionar. Órale, pensé, veamos qué sale de esto.

¿Por qué carajos me excita tanto verlo manejar la carne así? Sus manos grandes, fuertes, untándola de aceite... ya me estoy mojando nomás de imaginarlo en mí.

"Wey, ¿qué onda con ese pedazo de carne? ¿Vas a cocinarlo o qué?", le dije riendo mientras me acercaba por detrás, presionando mis tetas contra su espalda. Él se giró, sonriendo con esa barba recortada que me raspaba delicioso. "Ana, baby, how do you cook a tri tip in the oven? Enséñame, que quiero que quede perfecto para ti". Su voz grave, mezclada con español chapurreado, me erizaba la piel. El calor del horno ya empezaba a calentar el ambiente, y el sudor perlaba su frente.

Le quité la carne de las manos, sintiendo su frescura contra mis palmas. "Primero, lo sazonas bien, carnal. Sal, pimienta, ajo en polvo, comino... así". Mis dedos se hundieron en la superficie rosada, masajeándola despacio, y él me miró con ojos hambrientos. "¿Ves? Hay que frotarlo fuerte, que penetre todo". Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo entre las piernas. El sonido del aceite chisporroteando en el sartén al lado era como un susurro prometedor.

Él se acercó más, su aliento cálido en mi cuello. "Déjame ayudarte", murmuró, y sus manos cubrieron las mías sobre la carne. Juntos la frotamos, el roce rítmico haciendo que mi corazón latiera más rápido. Olía a especias picantes, a hombre, a deseo contenido. "Qué chido se siente esto", dijo él, y yo solté una risita nerviosa. Sus dedos rozando los míos, tan cerca... ya quiero que me toque de verdad.

Precalentamos el horno a 200 grados, el zumbido bajo llenando la cocina como un ronroneo. Mientras la carne reposaba, Javier me jaló por la cintura, sus labios encontrando los míos en un beso salado, urgente. Saboreé la cerveza que había tomado antes en su lengua, mis manos subiendo por su pecho firme bajo la camisa. "Estás pendejamente sexy cuando cocinas", gruñó él contra mi boca, y yo reí, mordiéndole el labio inferior. El calor subía, no solo del horno.

Quiero que me coma ya, pero hay que esperar a que se caliente bien... como yo.

Metimos el tri tip al horno, el vidrio empañándose casi de inmediato con el vapor. Cerramos la puerta con un clic que sonó como una invitación. Javier no esperó más; me volteó contra la isla de granito fría, contrastando con mi piel ardiente. Sus manos bajaron mi blusa, exponiendo mis pechos al aire cargado de aromas. Lamí sus dedos cuando me tocó los pezones, endureciéndolos al instante. "Ana, te necesito", jadeó, y yo arqueé la espalda, sintiendo su verga dura presionando contra mi culo a través de los jeans.

Le desabroché el cinturón con dedos temblorosos, el sonido metálico del cierre uniéndose al crepitar del horno. Su polla saltó libre, gruesa y palpitante, y la envolví con mi mano, acariciándola despacio, sintiendo las venas bajo mi palma. Él gimió, un sonido gutural que me mojó más. "Sí, así, mija", susurró, mientras sus dedos se colaban bajo mi falda, encontrando mis bragas empapadas. Rozó mi clítoris con el pulgar, círculos lentos que me hicieron jadear. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con el humo especiado del horno.

Caímos en un ritmo febril. Yo me arrodillé, el piso de azulejos fresco contra mis rodillas, y lo tomé en la boca. Su sabor salado explotó en mi lengua, el grosor estirando mis labios. Chupé con hambre, mirándolo a los ojos mientras él se agarraba del borde de la isla. "¡Qué rico, Ana! No pares", rogó, su mano enredándose en mi pelo. El horno zumbaba de fondo, un contrapunto al sonido húmedo de mi boca devorándolo. Sabe a él, a nosotros, a lo que viene.

Me levantó como si no pesara nada, sentándome en la isla. Arrancó mis bragas con un tirón juguetón, y yo abrí las piernas, invitándolo. Su lengua primero, lamiendo mi panocha con lapsos largos, saboreándome como si fuera el postre. Gemí alto, el placer eléctrico subiendo por mi espina. "¡Javier, cabrón, más profundo!", exigí, y él obedeció, metiendo dos dedos mientras succionaba mi clítoris. El mundo se redujo a su boca caliente, mis jugos corriendo por su barbilla.

No aguanté más. "Cógeme ya", le ordené, y él se paró, alineando su verga con mi entrada húmeda. Entró de un empujón lento, llenándome por completo, el estiramiento delicioso. Nos movimos juntos, piel contra piel sudorosa, el slap-slap de nuestros cuerpos resonando. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo clavaba las uñas en su espalda. El horno pitó señalando media cocción, pero lo ignoramos; nuestro propio fuego ardía más fuerte. Olía a carne asándose, a sexo crudo, a éxtasis inminente.

Es tan grueso, tan perfecto... me va a hacer venir como nunca. Que no pare, que me rompa entera.

La tensión creció, espirales de placer apretando mi vientre. Él aceleró, embistiéndome con fuerza, su aliento entrecortado en mi oído. "Me vengo, Ana... ¡juntos!", gruñó. Mi orgasmo explotó primero, olas cegadoras sacudiéndome, mi panocha contrayéndose alrededor de él en pulsos rítmicos. Él se derramó dentro, caliente y abundante, un rugido escapando de su garganta. Nos quedamos unidos, temblando, el sudor goteando al granito.

Minutos después, el horno pitó de nuevo. Sacamos el tri tip, jugoso y dorado, el aroma carnoso invadiendo todo. Nos vestimos a medias, riendo como pendejos, y lo cortamos en la isla aún tibia de nuestros cuerpos. Probamos el primer bocado: tierno, sabroso, con ese crujiente exterior. "Ves, how do you cook a tri tip in the oven? Así de perfecto", le dije guiñando, y él me besó con la boca llena de carne.

Nos sentamos a comer a la luz tenue, piernas entrelazadas, el afterglow envolviéndonos como una manta suave. Su mano en mi muslo, trazando círculos perezosos. Esto es lo que quiero siempre: cocina, pasión, él. Afuera, la ciudad bullía, pero aquí, en nuestra burbuja oliente a especias y amor, todo era perfecto. Mañana cocinaríamos otra vez... o solo nos comeríamos mutuamente.

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