Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Videos Porno Trio Con Mi Esposa Videos Porno Trio Con Mi Esposa

Videos Porno Trio Con Mi Esposa

7815 palabras

Videos Porno Trio Con Mi Esposa

Todo empezó una noche calurosa en nuestro depa en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a tequila reposado flotando en el aire. Mi esposa, Karla, y yo estábamos tirados en el sillón de cuero negro, medio desnudos después de una cena chida con tacos de arrachera que preparamos juntos. Ella, con su piel morena brillando bajo la luz tenue de las velas, traía puesto solo un tanga rojo que apenas cubría su panocha jugosa y una blusa suelta que dejaba ver sus chichis firmes, tetas perfectas de 36D que siempre me ponían duro como piedra.

Órale, carnal, esta noche la armamos, pensé mientras le pasaba el shot de tequila. Karla es una morra de 32 años, curvas de infarto, cabello negro largo que huele a coco y vainilla, y unos ojos cafés que te miran como si te fueran a devorar. Llevábamos casados cinco años, pero nuestra vida sexual era puro fuego: videos porno trio con mi esposa eran nuestra fantasía recurrente. Yo buscaba en la neta esas weas en sitios gringos y mexicanos, imaginándola en medio de dos vergas duras, gimiendo como puta en celo.

—Wey, pon algo caliente —me dijo ella con voz ronca, recargando su cabeza en mi hombro, su mano bajando despacito por mi pecho hasta mi entrepierna—. Quiero ver videos porno trio con mi esposa, algo que me prenda de una vez.

El corazón me latió fuerte, el pulso acelerado como tamborazo en una fiesta. Saqué el laptop, el brillo de la pantalla iluminando su cara angelical pero pendeja. Busqué rápido: videos porno trio con mi esposa, y ahí estaban, escenas de esposas calientes compartiendo con amigos o extraños. Pusimos uno: una chava mexicana como Karla, en una cama king size, chupando una verga mientras otro la cogía por atrás. Los gemidos llenaron la habitación, ¡ay, sí, métemela!, y el sonido húmedo de carne contra carne me hizo sudar.

Karla se mordió el labio, su mano apretando mi verga ya tiesa bajo el bóxer. Olía a su excitación, ese aroma dulce y salado que sale de entre sus piernas cuando está mojada.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Y si invito a Luis, el carnal del gym?
Su pensamiento se me escapó en un susurro, pero neta lo dijo en voz alta, y mi mundo dio un vuelco.

Acto uno cerrado, la tensión ya ardía. Luis era un wey alto, musculoso, de 35 años, amigo nuestro de la uni. Siempre coqueteábamos en las fiestas: ella bailando reggaetón pegadita a él, yo mirando con el celito rico que prende más. Al día siguiente, en el desayuno con chilaquiles y café de olla, se lo propusimos por WhatsApp. Consensual total, mi amor, si no quieres, ni madres, le dije a Karla. Ella sonrió pícara: —Chingón, carnal. Esta noche en el beach house de Cancún. Grabamos nuestros propios videos porno trio con mi esposa.

El viaje en avión fue puro preliminar aéreo: manos discretas bajo la falda, besos con lengua que sabían a mentitas y deseo. Llegamos al beach house al atardecer, el mar Caribe rugiendo afuera, arena blanca entrando por la puerta abierta, olor a sal y coco en el viento. Luis ya estaba ahí, con shorts ajustados que marcaban su paquete grande, sonrisa de pendejo confiado. Karla lo abrazó fuerte, sus chichis aplastándose contra su pecho, y yo sentí el primer pinchazo de celos calientes que me endurecieron al instante.

¿Listos para la neta? —preguntó Luis, su voz grave como ron.

Empezamos con chelas frías y shots de mezcal, sentados en la terraza con vista al horizonte naranja. Karla en medio, vestida con un bikini diminuto que dejaba ver sus nalgas redondas y tatuaje de mariposa en la cadera. La plática fluyó: anécdotas del gym, risas, miradas que se demoraban. Su mano en mi muslo, la de él rozando su brazo. El sol se metió, y el aire se cargó de electricidad.

Esto es lo que quiero, compartirla, verla gozar como reina
, pensé, el corazón retumbando.

Adentro, luces bajas, música de Bad Bunny bajita. Karla se paró, bailando sensual, meneando las caderas como en los videos que veíamos. —Vengan, cabrones —dijo, quitándose el top. Sus tetas saltaron libres, pezones duros como balas cafés. Luis y yo nos miramos, nos quitamos la ropa. Mi verga saltó erecta, venosa, goteando pre-semen; la de él, más gruesa, latiendo. Ella se arrodilló entre nosotros, el piso de madera cálido bajo sus rodillas.

Primero me chupó a mí: labios suaves envolviendo mi glande, lengua girando, saboreando mi sal. ¡Qué chingón! Gemí, el sonido gutural saliendo de mi garganta. Luego a Luis, mamada profunda, garganta abierta, saliva chorreando por su pinga. Olía a sudor masculino mezclado con su perfume floral. Yo grababa con el celular, steady cam en trípode, capturando cada detalle para nuestros videos porno trio con mi esposa privados.

La tensión escalaba. La llevamos a la cama king, sábanas de algodón egipcio crujiendo. Yo la besé, lengua explorando su boca dulce de tequila, mientras Luis lamía sus pezones, succionando fuerte. Ella jadeaba: ¡Ay, wey, no pares! Sus manos en nuestras vergas, masturbándonos sincronizados. Bajé, olfateando su panocha empapada, tanga hecha a un lado. La probé: jugos calientes, sabor almizclado y dulce, clítoris hinchado pulsando bajo mi lengua. Luis la cogía con dos dedos, chap chap húmedo resonando.

Es mía, pero hoy es nuestra diosa
. El conflicto interno ardía: orgullo de macho viendo a mi esposa devorada por placer ajeno. La puse a cuatro patas, yo atrás embistiéndola despacio al principio, mi verga estirando su chocha apretada, paredes calientes contrayéndose. Luis enfrente, ella chupándolo con hambre, bolas golpeando su barbilla. El ritmo creció: ¡Más duro, cabrón! gritaba ella, nalgas rebotando contra mi pubis, sudor perlando su espalda. Cambiamos: Luis la penetró, yo en su boca. Gemidos ahogados, pieles chocando plaf plaf, olor a sexo puro impregnando el cuarto.

La intensidad psicológica explotaba. Karla gozaba empoderada, dirigiendo: —Cógeme los dos, pinches machos. —La acostamos, yo en su panocha, Luis en su culo virgen para esto, lubricante frío deslizándose. Doble penetración lenta, ella temblando, uñas clavándose en mis hombros. Sensación de plenitud, venas rozando a través de la delgada pared. Gritos extasiados: ¡Me vengo, chingada madre! Su orgasmo nos apretó, chorros calientes mojando sábanas.

Yo no aguanté: eyaculé dentro de ella, semen caliente llenándola, pulsos interminables. Luis siguió, gruñendo como bestia, descargando en su boca. Ella tragó, labios brillando, sonriendo satisfecha. Colapsamos, cuerpos entrelazados, respiraciones agitadas calmándose al ritmo de las olas afuera. Besos suaves, caricias tiernas. El afterglow era puro: pieles pegajosas de sudor y fluidos, olor a orgasmo flotando, corazones latiendo en unisono.

Después, en la ducha al aire libre, agua tibia cayendo como lluvia tropical, nos lavamos mutuamente. —Gracias, mi amor, fue épico —le dije a Karla, besando su cuello salado—. Nuestros videos porno trio con mi esposa van a ser legendarios. Ella rio, ojos brillantes: —Repetimos cuando quieras, pendejo. Luis se unió, abrazándonos: —Son la pareja más chida.

De regreso a la cama, vimos el video una vez editado rápido. Cada gemido, cada embestida, nos prendió de nuevo, pero esta vez solo Karla y yo, sellando el lazo más fuerte. El deseo inicial se transformó en conexión profunda, un secreto nuestro que nos unía para siempre. Neta, la vida es para gozarla así, sin pendejadas, puro placer consensual.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.