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Trío Alcalino Mercy Me

6199 palabras

Trío Alcalino Mercy Me

Imagina que estás en un departamento chido en la Condesa, con las luces bajas y el aire cargado de ese olor a noche de verano, mezclado con perfume dulce y sudor fresco. La música de Alkaline Trio retumba desde los bocinas, esa rola de "Radio" que te pone la piel chinita con su bajo grave vibrando en el pecho. Tú llegas con una chela en la mano, sonriente, y ahí están ellas: Karla y Mercy, dos morras bien puestas, vestidas con shorts cortitos que dejan ver sus nalgas firmes y tops que apenas contienen sus tetas redondas. Karla, con su pelo negro largo y ojos que te clavan como navajas, te saluda con un abrazo que aprieta su cuerpo contra el tuyo, sus chichis rozando tu torso. Mercy, la güerita de curvas locas, con labios carnosos pintados de rojo, te da un beso en la mejilla que dura un segundo de más, su aliento cálido oliendo a menta.

Neta, wey, esto se va a poner bueno, piensas mientras te sientas en el sofá de piel suave, el corazón latiéndote fuerte como el bombo de la canción. Ellas se ríen, coqueteando, contándote cómo Alkaline Trio es su banda favorita desde la prepa, esas letras crudas que hablan de amor jodido y deseo que quema. Karla se acerca, sus muslos rozando los tuyos, y te pasa un trago de mezcal ahumado, el sabor terroso explotando en tu lengua. Mercy se acurruca al otro lado, su mano descansando casualmente en tu rodilla, subiendo despacito, enviando chispas por tu verga que ya se empieza a despertar.

La tensión crece con cada acorde. Bailan frente a ti al ritmo de "Mercy Me", esa rola que no para de sonar en loop, las caderas meneándose como olas, el sudor perlando sus cuellos, goteando entre sus escotes. Tú sientes el calor de sus cuerpos cerca, el aroma de sus pieles mezclándose con el humo ligero del incienso que queman. Karla se gira, te jala del brazo: "¡Ven, cabrón, baila con nosotras!" Sus manos en tu cintura, Mercy pegándose por detrás, su concha rozando tu culo a través de la tela delgada. Tocarte así, sentir sus tetas aplastadas contra ti, el roce eléctrico, hace que tu pito se ponga duro como piedra.

"Puta madre, estas chavas me van a volver loco", te dices en la cabeza, el pulso acelerado, la boca seca de anticipación.

El beso llega natural, como si el destino lo hubiera planeado. Karla te besa primero, sus labios suaves y húmedos saboreando a mezcal y deseo, su lengua danzando con la tuya en un duelo húmedo que te deja jadeando. Mercy no se queda atrás, mordisqueándote el lóbulo de la oreja, susurrando "Te queremos pa' nosotras, guapo" con voz ronca. Las llevas al cuarto, la música siguiéndolos como un latido compartido, el colchón king size hundiéndose bajo los tres cuerpos. Ropa volando: tu playera, sus tops revelando tetas perfectas con pezones duros como caramelos, shorts cayendo para mostrar tanguitas empapadas.

En la cama, la exploración empieza lenta, tortuosa. Tus manos recorren la piel de Karla, suave como seda, bajando por su panza plana hasta su chocha hinchada, húmeda al tacto. Ella gime bajito, "Ay, wey, qué rico tocas", mientras Mercy te mama la verga, su boca caliente envolviéndote, lengua girando alrededor de la cabeza, saboreando el pre-semen salado. El sonido chupón, húmedo, se mezcla con la guitarra rasposa de Alkaline Trio, tus dedos enredados en su pelo rubio, empujando suave. Karla se sube a tu cara, su concha rosada y jugosa frotándose contra tu boca, el sabor ácido-dulce inundándote, clítoris palpitante bajo tu lengua que lame y chupa con hambre.

La intensidad sube como fiebre. Cambian posiciones, tú de rodillas mamando las tetas de Mercy, mordiendo suave sus pezones mientras Karla te cabalga la mano, sus jugos chorreando por tus dedos. Sientes sus pulsos acelerados, el calor de sus pieles sudadas pegándose, el olor almizclado de sus arrepentimientos convirtiéndose en lujuria pura. Mercy gime fuerte, "¡Más, pendejo, no pares!", sus uñas clavándose en tu espalda, dejando surcos rojos que arden delicioso. Karla se une, lamiendo tu cuello, susurrando guarradas: "Vamos a hacerte venir como nunca, carnal".

El clímax se acerca con roces frenéticos. Tú entras en Karla primero, su chocha apretada tragándote entero, paredes calientes contrayéndose alrededor de tu verga, el slap-slap de carne contra carne resonando. Mercy se besa con ella, tetas frotándose, mientras tú embistes profundo, sintiendo cada vena pulsar. Cambias a Mercy, su culo en pompa, penetrándola desde atrás, sus gemidos ahogados contra la almohada, "¡Sí, así, cabrón!" Karla se toca viéndolos, dedos hundidos en su clítoris, ojos vidriosos de placer compartido.

La música llega al coro de "Mercy Me", y Mercy grita el título mismo, "¡Mercy me! ¡No aguanto!", su cuerpo temblando en orgasmo, chocha apretándote como vicio, jugos calientes empapando tus bolas. Tú no resistes, la verga hinchándose, descargando chorros calientes dentro de ella mientras Karla te lame las bolas, prolongando el éxtasis. Karla viene después, frotándose contra tu muslo, gritando su placer, el cuarto lleno de suspiros jadeantes, pieles brillantes de sudor, el aire espeso con olor a sexo crudo y satisfecho.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas, la música bajando a volumen suave como banda sonora de la calma. Tus manos acarician sus espaldas, sintiendo el subir y bajar de sus pechos, el latido compartido calmándose. Karla te besa la frente, "Neta que fue chingón, ¿verdad?" Mercy asiente, acurrucada, "Como las rolas de Alkaline Trio, puro sentimiento". Piensas en lo perfecto del momento, el deseo saciado pero con promesa de más, el recuerdo grabado en cada poro.

La noche se cierra con risas suaves, cuerpos entrelazados, el eco de la música desvaneciéndose como un sueño dulce. Esto es vida, wey, reflexionas, saboreando el afterglow que te deja flotando, listo para repetir cuando la banda suene de nuevo.

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