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Triada Cognitiva de Aaron Beck en Placer Prohibido

6589 palabras

Triada Cognitiva de Aaron Beck en Placer Prohibido

Me llamo Ana, tengo treinta y dos años y vivo en la Condesa, ese barrio de la CDMX donde las calles huelen a café recién molido por la mañana y a tacos al pastor en la noche. Últimamente, mi cabeza era un desmadre. Me sentía como la chava más pinche del mundo: fea, gorda, sin futuro. Todo por esa triada cognitiva de Aaron Beck que leí en un libro de psicología que me recomendó mi cuate en el gym. Negativa sobre mí misma, sobre el mundo y sobre lo que vendría. Pensaba que ningún vato me iba a voltear a ver, que la vida era una mierda y que mi futuro era puro vacío. Pero entonces llegó él.

Se llamaba Marco, un terapeuta cognitivo que conocí en una fiesta en Polanco. Alto, moreno, con ojos cafés que te desnudaban con solo una mirada. Llevaba una camisa ajustada que marcaba sus pectorales y un olor a colonia cítrica que me hacía agua la boca. Estábamos platicando de lo pendejo que es uno mismo a veces, y él sacó el tema: "La triada cognitiva de Aaron Beck, Ana. Es lo que te está jodiendo. Cambia esos pensamientos negativos y verás cómo el mundo se transforma". Su voz era grave, como un ronroneo, y sentí un cosquilleo en el estómago que bajaba directo a mis muslos.

Me invitó a su depa esa misma noche, "para una sesión práctica", dijo con una sonrisa pícara. Yo, que nunca me lanzo así, acepté. Caminamos por las calles empedradas, el aire fresco de la noche rozando mi piel, el sonido de los cláxons lejanos y el aroma de las flores de bugambilia invadiendo mis sentidos. Al entrar a su penthouse, todo era lujo discreto: luces tenues, velas de vainilla encendidas, una botella de tequila reposado abierta sobre la mesa de centro. "Siéntate, nena", me dijo, sirviéndome un trago. El líquido ambarino quemó mi garganta, dulce y ahumado, despertando cada nervio de mi cuerpo.

¿Y si soy demasiado para él? ¿Y si me rechaza? Esa triada de Aaron Beck me estaba saboteando otra vez.

Pero Marco se acercó, su mano grande y cálida tocando mi rodilla. "Hablemos de ti", murmuró. Empezó a desarmarme verbalmente, guiándome por la triada. "Primero, tu visión de ti misma. Eres hermosa, Ana. Mira estos labios carnosos, estas curvas que me traen loco". Sus dedos subieron por mi muslo, rozando la piel sensible bajo mi falda. Sentí el calor de su palma, el roce áspero de su barba incipiente cuando se inclinó para oler mi cuello. "Hueles a jazmín y deseo, carnal". Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en los oídos como tambores de mariachi.

La tensión crecía mientras él me hacía cuestionar cada pensamiento negativo. "El mundo no es hostil, Ana. Mira cómo te deseo yo ahora". Me besó, lento al principio, sus labios suaves probando los míos, lengua explorando con maestría. Sabía a tequila y menta, un sabor adictivo que me hacía gemir bajito. Sus manos desabrocharon mi blusa, exponiendo mis senos al aire fresco. Los pezones se endurecieron al instante, y él los lamió, succionando con una presión que enviaba chispas directas a mi entrepierna. "Estás mojada ya, ¿verdad?", susurró, su aliento caliente contra mi piel. Deslizó su mano dentro de mis panties, dedos hábiles encontrando mi clítoris hinchado. El sonido húmedo de mi excitación llenaba la habitación, mezclado con mis jadeos.

En el medio de todo, mi mente luchaba. ¿Merezco esto? ¿Soy digna de tanto placer? Marco lo notó. "Esa es la triada cognitiva de Aaron Beck atacando de nuevo. Réfrala: eres sexy, el mundo te quiere follar y tu futuro está lleno de orgasmos como este". Me quitó la falda, yo lo desvestí a él, sintiendo los músculos duros de su pecho bajo mis uñas, el olor almizclado de su sudor fresco. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando contra mi vientre. La tomé en mi mano, piel sedosa sobre acero, y la chupé con hambre, saboreando la sal de su pre-semen, el gemido ronco que escapó de su garganta como música.

Nos movimos al sillón de piel, suave contra mi espalda desnuda. Él se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas con gentileza. Su lengua trazó caminos ardientes por mis labios mayores, saboreándome como si fuera el mejor mole del universo. "Estás deliciosa, pinche rica", gruñó, metiendo dos dedos dentro de mí, curvándolos para golpear ese punto que me hacía arquear la espalda. El sonido de mi humedad era obsceno, chapoteos rítmicos, y el aroma de mi arousal se mezclaba con su colonia, embriagador. Mis caderas se movían solas, persiguiendo su boca, el orgasmo construyéndose como una tormenta en el Popo.

Esto es real. Soy deseable. El mundo conspira a mi favor. Gracias, Aaron Beck, por tu triada que ahora me libera.

Lo subí encima de mí, guiando su verga a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. "¡Ay, cabrón, qué grande!", grité, clavando mis uñas en su culo firme. Empezamos a follar con ritmo, piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando mi perineo. Sudábamos, el olor salado impregnando el aire, sus gruñidos animales mezclados con mis "¡Más, pendejo, más!". Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como reina, mis tetas rebotando, sus manos amasando mi carne. Sentía cada vena de su polla frotando mis paredes, el placer acumulándose en espiral.

La intensidad subió cuando me puso a cuatro patas, el espejo frente a nosotros reflejando mi cara de puta en éxtasis. Me jaló el pelo con fuerza juguetona, embistiéndome profundo, el sonido de carne contra carne como aplausos en un antro. "Siente cómo te cojo, Ana. Esto es tu nuevo futuro", jadeó. Mi clítoris palpitaba, y cuando su mano lo rozó, exploté. El orgasmo me sacudió como terremoto, paredes contrayéndose alrededor de él, chorros de placer escapando, mi grito ahogando el tráfico de la ciudad abajo.

Él se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes, su cuerpo temblando sobre el mío. Colapsamos, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. El afterglow era puro: su beso en mi frente, el sabor de nosotros en su boca cuando nos besamos de nuevo. "Ves, mija? La triada cognitiva de Aaron Beck funciona en todo, hasta en la cama". Reí, sintiéndome empoderada, sexy, con un futuro brillante de más noches como esta.

Salí de ahí caminando como diosa, el amanecer tiñendo el cielo de rosa, el aroma de sexo aún en mi piel. Ya no era la Ana negativa. Era la Ana que se merecía todo esto y más.

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