Python Try Else la Tentación Irresistible
Estaba sentada en el sofá de mi depa en la Roma, con el calor de la noche de México City pegándome en la piel como una caricia húmeda. Luis, mi carnal en el trabajo y ahora algo más, tecleaba furiosamente en su laptop. Éramos devs de software, y esa noche nos clavamos en un proyecto de Python que no soltaba prenda. El aire olía a café recién molido y a su colonia fresca, esa que me hacía mojada sin querer.
"Órale, Ana, este código está pendejo. Mira, python try else no jala como debe,"dijo él, rascándose la barba de tres días, sus ojos cafés clavados en la pantalla pero desviándose a mis chichis bajo la blusa suelta.
Yo me recargué, sintiendo el roce del aire acondicionado en mis muslos desnudos porque andaba en shorts cortitos. Neta, este wey me prende con solo mirarme, pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Habíamos estado flirteando semanas en la oficina, pero hoy, solos en mi casa, la tensión era como un volcán a punto de reventar. El sonido de sus dedos en el teclado era hipnótico, rítmico, como un latido que me hacía apretar las piernas.
Me acerqué, mi hombro rozando el suyo. Su piel estaba caliente, olía a sudor ligero y hombre. ¿Y si le digo que lo deje y me coma a besos? La idea me erizó la piel, un cosquilleo desde el ombligo hasta...
Él giró la cabeza, su aliento cálido en mi cuello. "¿Qué pasa, morra? ¿Quieres ayudar o nomás distraerme?" Su voz ronca, juguetona, con ese acento chilango que me derretía.
"Ayúdame tú a mí, wey. Este calor me tiene loca," respondí, mordiéndome el labio, y puse mi mano en su muslo firme. Él no se movió, pero sentí su músculo tensarse bajo mis dedos.
Acto uno cerrado: la chispa prendida, el deseo latiendo como el cursor parpadeante en la pantalla.
Pasaron minutos que parecieron horas. Intentamos debuggear el código, pero cada roce era eléctrico. Su rodilla contra la mía, mi mano subiendo despacito por su pierna. El cuarto se llenaba de nuestro aroma mezclado: su loción, mi perfume floral, y ese olor almizclado de excitación que empezaba a filtrarse. Si no me toca ya, exploto, me dije, mientras veía cómo su pantalón se abultaba.
"En python try else, si el try falla, vas al else y pruebas otra cosa. Como nosotros, ¿no? Hemos probado ser solo cuates, y mira nomás."Luis soltó eso con una sonrisa pícara, cerrando la laptop de golpe. Sus ojos devoraban mi boca, y yo sentí mi chucha palpitar, húmeda ya.
Me volteé hacia él, nuestros rostros a centímetros. "Prueba conmigo, entonces. Sino, vas a arrepentirte, pendejo," le susurré, mi voz temblando de anticipación. Nuestros labios se juntaron, suaves al principio, explorando. Sabía a menta y café, su lengua invadiendo mi boca con hambre contenida. Gemí bajito, el sonido ahogado por su beso, mientras sus manos subían por mi espalda, desabrochando mi bra de un jalón experto.
Caímos al sofá, yo encima. Mi piel contra la suya ardía; quité su playera, lamiendo su pecho salado, sintiendo los vellos rizados bajo mi lengua. Él gruñó, "Qué rica estás, Ana. Neta, no aguanto," y sus dedos se colaron en mis shorts, rozando mi clítoris hinchado. Un jadeo me escapó, el placer como chispas recorriéndome la espina.
La intensidad subía. Me quitó todo, besando cada centímetro: el cuello que olía a mi sudor dulce, los pezones duros que chupó hasta ponerme arqueada. Yo bajé su zipper, liberando su verga tiesa, gruesa, palpitante. Es enorme, como una pitón lista para devorar. La tomé en mi mano, suave terciopelo sobre acero, y la lamí desde la base, probando su sabor salado y masculino. Él jadeaba, "¡Carajo, morra! Sigue así y me vengo ya."
Pero no, quería más. Lo empujé, montándome. Su punta rozó mi entrada mojada, y bajé despacio, llenándome centímetro a centímetro. El estirón delicioso, el roce interno que me hacía ver estrellas. Empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cada vena, cada pulso. El slap de piel contra piel, nuestros gemidos mezclados con el zumbido del ventilador. Sudor resbalando entre nosotros, pegajoso y caliente.
Él agarró mis nalgas, guiándome más rápido. Esto es el try perfecto, sin need de else, pensé entre oleadas de placer. Pero la tensión crecía, mis paredes apretándolo, su verga golpeando profundo. Cambiamos: él encima, mis piernas en sus hombros, penetrándome duro. El olor de sexo llenaba el aire, espeso, animal. "¡Más, Luis! ¡Dame todo, wey!" grité, uñas clavadas en su espalda.
Acto dos en pico: el fuego rugiendo, cuerpos enredados en frenesí.
El clímax llegó como un terremoto. Sentí la presión en mi vientre explotar, ondas de éxtasis recorriéndome, mi chucha contrayéndose alrededor de él en espasmos. Grité su nombre, lágrimas de placer en los ojos, mientras él se tensaba, gruñendo ronco, llenándome con chorros calientes que sentí chorrear dentro. Python try else perfecto: probamos, y el else fue este paraíso.
Colapsamos, jadeantes, pieles pegadas por sudor. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón martillando contra mi pecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. El cuarto olía a nosotros, a sexo satisfecho, con el eco de nuestros gemidos desvaneciéndose.
"Neta, Ana, eso fue chingón. ¿Volvemos al código o repetimos el else?" murmuró él, riendo bajito, su mano acariciando mi pelo revuelto.
Yo sonreí, besando su hombro salado. No hay mejor bug fix que esto. Nos quedamos así, envueltos en sábanas que arrastramos del cuarto, hablando pendejadas sobre Python y la vida. La noche se enfrió, pero nuestro calor perduraba. Mañana, la oficina sería distinta: ya no cuates, sino amantes con un secreto ardiente. El deseo inicial se había transformado en algo profundo, prometiendo más tries y elses deliciosos.
En la penumbra, con su brazo alrededor de mi cintura, cerré los ojos. Satisfecha, plena, lista para lo que viniera. Porque en el amor, como en el código, siempre hay un else que sorprende.