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Tríos XXX Bi Ardientes

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Tríos XXX Bi Ardientes

La noche en Puerto Vallarta olía a sal marina y a jazmín fresco, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la playa privada de la villa que Marco había rentado para nuestro fin de semana. Yo, Ana, de veintiocho años, con mi piel morena brillando bajo la luz de las velas, me sentía como en un sueño caliente. Marco, mi novio desde la uni, alto y musculoso con ese tatuaje de águila en el pecho, me abrazaba por la cintura mientras servía tequilas en vasos helados. Neta, qué chido todo esto, pensé, sintiendo su verga ya medio dura contra mi culo.

Luis llegó puntual, con su sonrisa pícara y el cuerpo atlético de quien surfea todos los días. Era el carnal de Marco, bisexual declarado, y siempre había habido esa química rara entre los tres. "¡Wey, qué pedo tan padre!", gritó Luis al entrar, dándonos abrazos que duraron un poquito de más. El aire se cargó de inmediato con ese olor a loción masculina mezclada con sudor fresco. Nos sentamos en la terraza, las estrellas parpadeando como testigos curiosos, y el tequila empezó a soltar lenguas.

"Órale, Ana, ¿has visto esos trios xxx bi que andan por todos lados en la red?", soltó Marco de repente, con los ojos brillando. Yo me sonrojé, pero la neta es que sí, los había buscado una vez, imaginándome en medio de dos vergas duras y lenguas expertas. "Sí, wey, y me prenden cañón", confesé, mordiéndome el labio. Luis se rio bajito, su mano rozando mi muslo accidentalmente –o no–.

"¿Y si lo hacemos real, carnales? Sin pedos, todo chido y consensuado", dijo él, mirándonos con esa intensidad que hacía que mi panocha se humedeciera al instante.

El corazón me latía como tamborazo en la pecho, el pulso acelerado contra la piel tibia de Marco. Asentimos, el deseo inicial como una chispa que amenazaba con incendiarlo todo. Nos movimos adentro, al cuarto principal con su cama king size y sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda. La tensión crecía poquito a poquito: miradas que se comían, roces que erizaban la piel.

Acto primero de esta locura: nos desvestimos lento, como en una danza. Marco me quitó el vestido rojo, sus dedos callosos trazando mi espalda, haciendo que se me pusieran los vellos de punta. "Estás rica, mi amor", murmuró, besándome el cuello con labios húmedos y calientes. Luis observaba, su verga ya parada bajo el bóxer, gruesa y venosa. Yo me acerqué a él, curiosa, oliendo su aroma a mar y hombre. Le bajé el calzón, y ¡órale!, qué pedazo de pito, más largo que el de Marco, con el prepucio suave al tacto.

Me arrodillé entre ellos, el piso de madera fresca bajo mis rodillas. El sonido de sus respiraciones pesadas llenaba el cuarto, mezclado con el lejano crash de las olas. Tomé la verga de Marco en una mano, saboreando su sabor salado y almizclado al lamer la cabeza, mientras con la otra masajeaba la de Luis, sintiendo cómo palpitaba contra mi palma. Ellos se miraron, y de pronto, Marco se inclinó y besó a Luis. Sí, un beso bi de esos que queman. Verlos así me puso loca, mi clítoris hinchado pidiendo atención.

Me subieron a la cama, el colchón hundiéndose suave bajo nuestro peso. Marco me abrió las piernas, su lengua explorando mi concha empapada, chupando mis labios mayores con un slurp que me hacía gemir. "¡Ay, cabrón, qué rico!", grité, arqueando la espalda. Luis se acercó a mi boca, metiéndome su verga hasta la garganta, el olor a precum fuerte y adictivo. Lo chupaba con ganas, sintiendo las venas pulsar, mientras Marco me comía viva, sus dedos metiéndose y saliendo con un sonido jugoso.

La escalada empezó de verdad cuando cambiamos posiciones. Yo encima de Marco, cabalgándolo lento al principio, su verga llenándome hasta el fondo, rozando ese punto que me hace ver estrellas. El sudor nos pegaba la piel, resbaloso y caliente, el slap-slap de mi culo contra sus huevos resonando. Luis se paró detrás, untando lubricante –el olor dulce y artificial flotando– en mi ano. "¿Quieres, mi reina?", preguntó, voz ronca. "¡Sí, pendejo, métemela!", respondí, empoderada y cachonda.

Entró despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente pero delicioso, como si me partieran en dos de placer. ¡Neta, un tríos xxx bi en vivo!, pensé, mientras los dos me follaban al unísono, uno en la panocha, el otro en el culo. Sus vergas se rozaban separadas solo por la delgada pared interna, y gemían como animales. El tacto era abrumador: plenas, duras, palpitantes. Olía a sexo puro, a jugos mezclados y sudor. Escuchaba sus gruñidos, mis propios alaridos: "¡Más fuerte, weyes! ¡Fóllenme!".

Pero no era solo físico; en mi cabeza bullían pensamientos.

Esto es lo que soñaba buscando trios xxx bi, pero mil veces mejor. Me siento diosa, dueña de estos dos machos
, reflexioné, mientras las contracciones me subían por el cuerpo. Luis sacó su verga de mi culo y se la metió a Marco en la boca, viéndolos chuparse mutuamente me llevó al borde. Marco lamió ansioso, sus bolas contra la barbilla de Luis, un show bi que me mojó más.

La intensidad subía como marea. Cambiamos: yo de perrito, Marco en mi boca, Luis embistiéndome por atrás con fuerza, sus manos apretando mis caderas, dejando marcas rojas que dolían rico. El sabor de Marco en mi lengua, salado y espeso, mientras Luis me azotaba el culo suave, el smack ecoando. "¡Estás apretada, mamacita!", jadeó él. Sentía sus pulsos acelerados sincronizándose con el mío, el calor acumulándose en mi vientre como lava.

Inner struggle? Un segundo de duda: ¿Y si después cambia todo? Pero no, esto era puro, consensuado, liberador. Marco me miró a los ojos: "Te amo, Ana, y esto nos une más". Eso me derritió, el lazo emocional tensándose con el físico.

El clímax llegó como tsunami. Luis se corrió primero, gruñendo "¡Me vengo!", su leche caliente salpicando mi espalda, el olor almizclado intenso. Eso me empujó: orgasmos en cadena, mi concha contrayéndose alrededor de la verga de Marco, quien explotó dentro de mí, chorros calientes llenándome, goteando por mis muslos. Grité, el mundo explotando en colores, el cuerpo temblando, pulsos retumbando en oídos.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El afterglow era puro éxtasis: pieles pegajosas enfriándose, besos suaves y risas cansadas. "Qué chingón estuvo eso, carnales", dijo Luis, limpiándonos con toallas tibias que olían a hotel de lujo. Marco me acurrucó, su mano en mi pecho latiendo fuerte aún. Siento su amor más profundo, y esta experiencia nos marca para siempre, pensé, saboreando el remanente salado en mis labios.

Nos quedamos así, escuchando las olas, el jazmín colándose por la ventana. No hubo arrepentimientos, solo una conexión nueva, bi y ardiente. Mañana buscaríamos más trios xxx bi inspiración, pero nada superaría esta noche mexicana, consensual y épica. El deseo lingüe, prometiendo rondas dos, tres... infinitas.

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