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Cinco Palabras con Tra Tre Tri Tro Tru

6047 palabras

Cinco Palabras con Tra Tre Tri Tro Tru

Estaba en la terraza de mi depa en Polanco con Mariana, mi morra desde hace un año. El sol de la tarde caía suave sobre la ciudad, tiñendo todo de ese naranja chido que hace que todo se vea más vivo. Ella traía un vestidito blanco pegadito que marcaba sus curvas de una manera que me ponía a mil. Olía a coco y vainilla, ese perfume que siempre me revuelve las tripas. Tomábamos chelas frías, riéndonos de tonterías, cuando de repente se le ocurrió el juego.

Órale, wey, dijo con esa sonrisa pícara que me deshace. Quiero que me digas cinco palabras con tra tre tri tro tru. Si las aciertas, te doy un premio por cada una. Si no, tú me debes favores.

Me quedé mirándola, el corazón latiéndome fuerte en el pecho. Su voz era ronca, juguetona, como si ya supiera que esto iba a escalar.

¿Qué pedo con este juego? Neta, Mariana siempre sabe cómo encender la mecha
, pensé mientras sentía el calor subiéndome por el cuello. Acepté, claro. ¿Cómo no?

Primera palabra: tra. Trapito. Le dije que era como el trapito que quería quitarle de encima. Se rió, se acercó y me plantó un beso suave en los labios. Su boca sabía a chela y a menta, tibia y húmeda. Sentí su lengua rozando la mía un segundo, lo suficiente para que mi verga diera un brinco en los shorts.

Segunda: tre. Tremendo. Tremendo lo que me provocaba su piel morena brillando bajo el sol. Por premio, me bajó la tira del vestido del hombro izquierdo, dejando ver la curva de su teta. Su piel era suave como seda, olía a sudor ligero mezclado con su esencia. La besé ahí, lamiendo despacito, sintiendo su pezón endurecerse bajo mi lengua. Ella gimió bajito, un sonido que me erizó la piel.

El aire se sentía pesado ahora, cargado de esa electricidad que pasa antes de la tormenta. La ciudad zumbaba allá abajo, cláxones lejanos y risas de la calle, pero aquí arriba solo existíamos nosotros. Mariana me miró con ojos brillantes, las pupilas dilatadas. Sigue, amor, susurró, su mano rozándome el muslo por dentro.

Tercera: tri. Trino. Como el trino de su voz cuando gime de placer. Me jaló hacia adentro, a la recámara. La cama king size con sábanas blancas crujía bajo nuestro peso. Se quitó el vestido de un tirón, quedando en tanguita negra. Su cuerpo era un sueño: caderas anchas, cintura chiquita, tetas firmes con pezones oscuros. Me quitó la playera, sus uñas arañándome el pecho suave. Premio: besos en el cuello, mordiditas que me hacían jadear. Olía su arousal, ese olor almizclado que me volvía loco.

Neta, esto del 5 palabras con tra tre tri tro tru es lo mejor que se le ha ocurrido. Me tiene al borde
, cavilé mientras ella se frotaba contra mí, su calor filtrándose por la tela delgada.

Cuarta: tro. Trofeo. Tú eres mi trofeo, le dije, porque eres lo más chingón que me ha pasado. Se tendió en la cama, abriendo las piernas. Premio grande: bajé su tanga despacio, besando su vientre, el ombligo, hasta llegar a su panocha depiladita, húmeda y reluciente. La probé con la lengua, salada y dulce, sus labios hinchados palpitando. Ella arqueó la espalda, ¡Ay, cabrón!, gritó, agarrándome el pelo. Lamí su clítoris en círculos lentos, sintiendo sus jugos correr por mi barbilla. Su sabor era adictivo, como miel caliente.

La tensión crecía como olla exprés. Sus gemidos llenaban la habitación, ritmados, mezclados con mi respiración agitada. Sudábamos, piel contra piel resbalosa. El sol entraba por la ventana, iluminando gotas de sudor en su clavícula. Yo ya no aguantaba, mi verga dura como piedra presionando los bóxers.

Quinta y última: tru. Trucha. Eres una trucha, siempre tramando algo rico. Ya valió, amor, ganaste todo, dijo ella jadeando. Me volteó bocarriba, quitándome todo. Su mano envolvió mi verga, dura y venosa, masturbándome despacio. Qué tremenda verga tienes, wey. Se montó encima, frotándose primero, lubricándonos mutuamente. Sentí su calor envolviéndome, centímetro a centímetro, hasta el fondo. Estrecha, caliente, palpitante.

Empezamos a movernos, lento al principio. Sus tetas rebotando, yo agarrándolas, pellizcando pezones. Más rápido, pendejo, ordenó juguetona. Aceleramos, la cama golpeando la pared, ¡thump thump!. Sudor chorreando, mezclándose. Olía a sexo puro, a nosotros. Sus paredes contraíéndose alrededor mío, mi verga hundiéndose profundo. La volteé, ahora yo arriba, embistiéndola fuerte. Sus uñas en mi espalda, dejando marcas rojas.

Esto es el paraíso, neta. Cinco palabras y mira el desmadre que armamos
.

La intensidad subía, sus gritos más agudos, ¡Sí, así, no pares!. Yo gruñía, sintiendo el orgasmo construyéndose en las bolas, subiendo por la columna. Ella llegó primero, temblando entera, su panocha apretándome como puño, chorros calientes mojándonos. ¡Me vengo, cabrón!. Eso me llevó al límite. Me corrí dentro, chorros potentes, gritando su nombre. El mundo se volvió blanco, pulsos retumbando en oídos, cuerpos pegados temblando.

Nos quedamos así, jadeando, enredados. El sol ya bajaba, pintando la habitación de rosado. Ella me besó suave, riendo bajito. ¿Ves? Las cinco palabras con tra tre tri tro tru valieron la pena. Limpiamos el desmadre con risas, duchándonos juntos bajo agua caliente que lavaba el sudor pero no el recuerdo.

Después, en la cama con pizzas de la esquina, charlamos de todo. Sentí una paz chida, esa conexión profunda que va más allá del sexo. Mariana se acurrucó en mi pecho, su respiración calmándose.

Este juego hay que repetirlo, pero con más palabras
, pensé sonriendo. La noche caía sobre la ciudad, prometiendo más aventuras, pero por ahora, el afterglow era perfecto, piel tibia contra piel, corazones latiendo al unísono.

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