El Tri en YouTube Desata Nuestra Pasión
Tú estás recostado en el sofá de tu depa en la Condesa, con el calor de la noche de verano colándose por la ventana abierta. El ventilador gira perezoso, pero no alcanza a refrescar el bochorno que se siente en la piel. Aburrido, agarras tu laptop y buscas el tri en youtube. Encuentras un concierto en vivo de los noventa, esa energía cruda de rock mexicano que te eriza la piel. Le das play y subes el volumen. La guitarra rasguea como un latido salvaje, la voz de Alex Lora retumba: "¡Triste canción de amor!" El bajo vibra en tu pecho, y cierras los ojos, dejando que el ritmo te invada.
De repente, unos golpes en la puerta. ¿Quién chingados será a estas horas? Piensas, pero pausas el video y vas a abrir. Ahí está Ana, tu vecina del pasillo, con un shortcito ajustado que marca sus curvas prietas y una blusa holgada que deja ver el escote bronceado. Su pelo negro cae en ondas salvajes, y huele a vainilla y sudor fresco, como si acabara de salir de la regadera.
—Órale, wey, ¿ese es El Tri? —dice con una sonrisa pícara, los ojos brillando bajo la luz del pasillo—. Neta, me encanta esa rola. ¿Me dejas entrar a verla?
Asientes, el corazón latiéndote más rápido que el bombo de la canción. Ana entra como si fuera su casa, se deja caer en el sofá y cruza las piernas, rozando sin querer tu muslo. Vuelves a poner play en el tri en youtube, y ahora el depa se llena de ese sonido potente: guitarras distorsionadas, coros gritados, el público enloquecido. Ana se mueve al ritmo, tarareando bajito, y tú sientes cómo el aire se carga de algo eléctrico.
No mames, esta morra está cañona. Su piel brilla con el sudor, y cada vez que se ríe, sus tetas se mueven justo como quiero tocarlas.
—¡Ponte de pie, cabrón! —te dice Ana, jalándote del brazo—. Hay que bailar esta.
Te levantas, y empiezan a menearse juntos. Sus caderas rozan las tuyas al compás de "Abuso de Autoridad", ese riff que te pone la piel de gallina. Sientes el calor de su cuerpo, el roce de su nalga contra tu verga que ya se despierta. Ella se gira, pega la espalda a tu pecho, y mueve el culo despacio, provocador. El olor de su cuello te marea: mezcla de perfume dulce y esa esencia femenina que huele a deseo puro.
La canción cambia a algo más lento, "Niño Sin Amor", y Ana se voltea, sus manos suben por tus brazos. —¿Sabes? —susurra, su aliento cálido en tu oreja— Siempre te he visto pasar, tan serio. Pero con El Tri suenas... diferente. Más caliente.
Tú la miras a los ojos, oscuros y hambrientos. —Neta, Ana, tú eres la que prende todo —le contestas, la voz ronca. Tus manos bajan a su cintura, apretando esa carne suave y firme. Ella gime bajito, un sonido que se mezcla con la música, y te besa. Sus labios son carnosos, saben a chicle de fresa y a tequila de hace rato. La lengua se enreda con la tuya, explorando, chupando, mientras el ritmo de la rola acelera de nuevo.
Se separan un segundo, jadeando. Ana te quita la playera de un jalón, sus uñas rozando tu pecho, dejando rastros rojos que arden rico. Tú le subes la blusa, exponiendo sus tetas perfectas, pezones duros como piedras. Las chupas, saboreando el salado de su piel sudada, mientras ella arquea la espalda y gime: —¡Ay, wey, no pares!
La llevas al sofá, la acuestas con cuidado, pero con urgencia. Le bajas el short, revelando un tanguita negra empapada. El olor a su excitación te golpea, almizclado y dulce, haciendo que tu verga palpite dura contra el pantalón. Se lo quitas rápido, y ella te agarra, masturbándote con mano experta, el calor de sus dedos envolviéndote.
Chingado, qué bien la hace. Su coño brilla, depilado suave, invitándome. Quiero meterme ya, pero no, hay que saborearla primero.
Te arrodillas entre sus piernas, besas sus muslos internos, lamiendo el sudor salado. Llegas al centro, separas los labios con la lengua, y ella grita con la siguiente rola de El Tri tronando de fondo. Sabes a miel caliente, su clítoris hinchado pulsando bajo tu lengua. La chupas suave, luego fuerte, metiendo dos dedos que se deslizan fáciles en su humedad. Ana se retuerce, agarra tu pelo, —¡Más, pendejo, más rápido! —Sus caderas suben, follándote la boca, hasta que tiembla entera, corriéndose con un aullido que ahoga la música.
No le das chance de respirar. Te subes encima, ella te guía adentro. Su coño aprieta como terciopelo mojado, caliente, envolviéndote hasta las bolas. Empiezan a moverse, lento al principio, sintiendo cada centímetro. El sofá cruje bajo los embates, sudor goteando de tu frente a sus tetas. La música sube: "Piedras Rodantes", puro power, y tú la coges más duro, sus uñas clavándose en tu espalda, dejando marcas que duelen delicioso.
—¡Dame todo, cabrón! —grita Ana, mordiéndote el hombro. Cambian de posición, ella arriba ahora, cabalgándote como amazona. Sus tetas rebotan al ritmo, pelo volando, ojos cerrados en éxtasis. Tú agarras sus nalgas, azotándolas suave, sintiendo cómo se contrae alrededor de tu verga. El olor del sexo llena el aire: sudor, fluidos, pasión cruda mexicana.
El clímax se acerca como un solo de guitarra interminable. Ana se tensa, —¡Me vengo otra vez! —y aprieta tanto que tú explotas dentro, chorros calientes llenándola, pulsos que duran eternos. Gimen juntos, el cuerpo temblando, mientras la última nota de El Tri en YouTube se apaga.
Se derrumban, jadeando, piel pegada a piel. Ana se acurruca en tu pecho, trazando círculos con el dedo en tu sudor. —Neta, wey —murmura—, nunca pensé que un video de el tri en youtube nos pondría así de locos. Pero chido, ¿verdad?
Tú sonríes, besándole la frente que sabe a sal. —Simón, morra. Y esto apenas empieza.
La noche sigue, con más rolas, más besos, y esa conexión que nació del rock y el deseo. El ventilador sigue girando, pero ahora el calor es el bueno, el que deja huella en el alma.