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El Despertar Erótico del Andrea Balency Trio

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El Despertar Erótico del Andrea Balency Trio

El sol de Puerto Vallarta lamía la piel de mi cuerpo como una lengua caliente y juguetona mientras salía del mar. El agua salada chorreaba por mis curvas, pegando el bikini rojo a mis tetas y mi culo redondo. Olía a sal, a coco del bronceador y a esa brisa tropical que te pone la piel chinita. Balen y Cyntia ya estaban tendidas en las sillas de playa, con sus cuerpos bronceados brillando bajo el sol. Somos el Andrea Balency Trio, así nos decimos desde la prepa, un chiste interno por Balen y Cy, mis morras inseparables. Neta, qué chido tenerlas aquí en esta casa rentada frente al mar, solo nosotras tres, sin pendejos que nos jodan el rollo.

Me acerqué meneando las caderas, sintiendo la arena caliente quemándome las plantas de los pies. Órale, qué ricas se ven, pensé, mientras mis ojos recorrían las piernas largas de Balen, cruzadas con descuido, y las tetas firmes de Cyntia asomando por su top diminuto. Balen, con su pelo negro azabache suelto y esa sonrisa pícara, levantó la vista de su libro. "¡Ya valió, Andrea! ¿Dónde te metiste? Nosotras aquí achicharrándonos."

"Perdón, nenas, el agua estaba del carajo de rica", respondí riendo, tirándome entre ellas con un chorro de agua marina. Cyntia soltó un gritito y me abrazó, sus pezones duros rozando mi brazo mojado. Su piel olía a vainilla y sudor fresco, un aroma que me revolvió el estómago de pura calentura.

¡Puta madre, por qué me late tanto esto!
Nos reímos como pendejas, pero sentí la tensión en el aire, esa electricidad que ha estado creciendo desde que llegamos ayer. Hemos coqueteado antes, besos de borrachas en fiestas, pero hoy, con el sol poniéndonos cachondas y sin nadie alrededor, algo iba a pasar.

La tarde se estiró con margaritas heladas, el hielo crujiendo en los vasos y el tequila quemándonos la garganta. Jugamos a las cartas en la terraza, con la brisa del Pacífico susurrando promesas. Cada vez que perdía una mano, tenía que quitarme algo. Primero el top, mis tetas saltando libres, los pezones tiesos por el viento. Balen se lamió los labios, sus ojos cafés clavados en mí. "Neta, Andrea, estás para comerte cruda." Cyntia, la más tímida pero con un culo que no le pide permiso a nadie, se sonrojó pero no apartó la mirada. Su mano rozó mi muslo "por accidente", enviando chispas directo a mi clítoris.

El sol se hundió en el horizonte, pintando el cielo de naranjas y rosas, mientras nos metíamos a la alberca privada. El agua fresca nos envolvió como un amante ansioso, burbujeando alrededor de nuestros cuerpos desnudos ya. Nos quitamos todo sin pena, piel contra piel en el jacuzzi. Esto es el paraíso, wey, pensé, mientras Balen se pegaba a mi espalda, sus tetas suaves presionando mis omóplatos. Sus manos subieron por mis costados, rozando el borde de mis tetas. "Relájate, mi amor", murmuró en mi oído, su aliento caliente oliendo a tequila y deseo.

Cyntia nadó hacia nosotras, sus ojos verdes brillando con picardía. "Somos el Andrea Balency Trio, ¿no? Hora de que vivamos el nombre como se debe." Su voz era ronca, temblorosa de anticipación. Me giré y la besé, suave al principio, saboreando sus labios carnosos y salados. Su lengua se coló en mi boca, danzando con la mía, mientras Balen lamía mi cuello, mordisqueando la piel sensible. El agua chapoteaba alrededor, testigo de nuestro fuego creciente. Sentí mis chichis hincharse, mi coño palpitando con cada roce.

Salimos del jacuzzi chorreando, cuerpos resbalosos y pegajosos. Balen nos guió adentro, a la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Nos tumbamos enredadas, piernas entrelazadas, respiraciones agitadas.

¡No mames, esto es real! Mi corazón late como tambor en desfile.
Mis manos exploraron primero a Cyntia, bajando por su panza plana hasta su monte de Venus depilado. Estaba empapada, sus labios hinchados invitándome. "Sí, Andrea, tócalo", jadeó ella, arqueando la cadera.

Balen no se quedó atrás; sus dedos expertos encontraron mi clítoris, frotándolo en círculos lentos que me hicieron gemir alto. "Qué mojada estás, pendeja", susurró con esa voz grave que me deshace. El cuarto se llenó de nuestros jadeos, del slap slap de piel húmeda, del olor almizclado a sexo que nos envolvía como niebla. Lamí los pezones de Cyntia, duros como piedritas, chupándolos con hambre mientras ella se retorcía. Balen se posicionó entre mis piernas, su lengua caliente trazando mi raja desde el ano hasta el clítoris. ¡Ay, cabrón, qué rico! El sabor salado de mi propia excitación se mezcló con el de ella cuando la besé después, compartiendo mi esencia.

La intensidad subió como marea. Cyntia se montó en mi cara, su coño rosado y goteante cubriéndome la boca. La devoré, lamiendo su clítoris hinchado, metiendo la lengua dentro mientras ella cabalgaba mis labios, gritando "¡Más, órale, más!". Balen se frotaba contra mi muslo, su humedad untándome la piel, hasta que nos alineamos en un triángulo perfecto: yo lamiendo a Cyntia, ella a Balen, Balen a mí. Lenguas ávidas, dedos penetrando, el colchón crujiendo bajo nuestros embates. Sudor perlando frentes, tetas rebotando, uñas clavándose en carne suave.

El clímax nos golpeó como ola gigante. Sentí el primer espasmo en mi vientre, un nudo que explotó en oleadas de placer puro, mi coño contrayéndose alrededor de los dedos de Balen. "¡Me vengo, putas, me vengo!" grité, ahogada en el jugo dulce de Cyntia que brotaba en mi boca. Ella se vino segundos después, temblando violentamente, sus muslos apretándome la cabeza. Balen fue la última, su grito ronco rompiendo el aire mientras su cuerpo se convulsionaba contra nosotras.

Colapsamos en un montón de miembros entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. El aire olía a sexo intenso, a nosotras tres mezcladas en éxtasis. Balen me besó la frente, Cyntia acurrucada en mi pecho.

Esto cambia todo, pero qué chingón cambio
, pensé, mientras el mar rugía afuera como aplaudiendo. El Andrea Balency Trio acababa de nacer de verdad, más unido que nunca en esta noche de fuego eterno. Nos dormimos así, piel con piel, soñando con más amaneceres como este.

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