Las Asics Noosa Tri 9 que Encienden el Fuego
El sol de la mañana caía a plomo sobre el Parque de Chapultepec, ese calor pegajoso de la Ciudad de México que te hace sudar antes de que des el primer paso. Me había puesto mis nuevas Asics Noosa Tri 9, esas tenis que compré en la tienda del centro porque prometían velocidad y comodidad para mis entrenamientos de triatlón. Las calzaba y sentía cómo se ajustaban a mis pies como un guante, el mesh transpirable rozando mi piel, el drop perfecto que me impulsaba hacia adelante. Olían a nuevo, a goma fresca y tela sintética, un aroma que me ponía en modo bestia.
Yo, Ana, de veintiocho años, con el cuerpo tonificado de tanto correr y nadar, salí del metro y me lancé al sendero de tierra roja. Mi short de compresión negro abrazaba mis muslos, la playera sin mangas dejaba ver el sudor brillando en mi clavícula. Cada zancada era un placer: el cushioning suave de las Asics amortiguando el impacto, el viento fresco lamiendo mis piernas expuestas. Chin, qué chido se siente esto, pensé mientras aceleraba el ritmo, el corazón latiéndome fuerte en el pecho.
A lo lejos vi a un vato corriendo en sentido contrario. Alto, moreno, con una barba recortada que le daba ese aire de galán de telenovela. Llevaba unas tenis parecidas, pero las suyas estaban más usadas, marcadas por el polvo del parque. Nuestras miradas se cruzaron por un segundo, y sentí un cosquilleo en la panza. Él sonrió, esa sonrisa pícara que dice te vi, nena. Seguí corriendo, pero no pude evitar voltear. Se llamaba Marco, lo supe después, porque cuando nos topamos de nuevo en la curva del lago, jadeando los dos, me dijo:
Órale, carnala, esas Asics Noosa Tri 9 te quedan perfectas. ¿Vas para el tri de Coyoacán?
Me detuve, apoyando las manos en las rodillas, el sudor goteando por mi frente y metiéndose en mis ojos. Él se paró frente a mí, su pecho subiendo y bajando, el olor a hombre sudado invadiendo el aire: salado, masculino, con un toque de desodorante que se había rendido ante el esfuerzo. Sí, wey, respondí riendo, justo por eso las compré. ¿Tú también?
Ahí empezó todo. Corrimos juntos unos kilómetros, platicando de carreras, de cómo las Asics Noosa Tri 9 nos daban alas en la transición de la bici al pie. Sus pasos sincronizados con los míos, el roce accidental de su brazo contra el mío enviando chispas. Sentía el calor de su cuerpo cerca, el sonido de nuestras respiraciones agitadas mezclándose con el canto de los pájaros y el bullicio lejano de los chilangos paseando. Cada vez que pisaba fuerte, las tenis respondían con esa rebote elástico, haciendo que mis glúteos se contrajeran deliciosamente.
Al final del entrenamiento, exhaustos, nos sentamos en una banca bajo un ahuehuete enorme. El sol filtrándose entre las hojas, el aire cargado de tierra húmeda y nuestro sudor. Marco sacó una botella de agua y me la pasó. Nuestros dedos se tocaron, y ahí fue: esa corriente eléctrica que te recorre la espina. Estás cañona, Ana, murmuró, sus ojos bajando a mis piernas, a las Asics Noosa Tri 9 cubiertas de polvo rojo. Yo sentí un calor subiendo por mi entrepierna, mi piel erizándose pese al bochorno.
¿Quieres ir a mi depa? Vivo cerca, en Polanco. Un baño y un masaje para relajar los músculos, propuso con voz ronca. No lo pensé dos veces. Va, pendejo, le dije juguetona, pero no creas que te vas a salir con la tuya tan fácil.
El elevador del edificio era un horno, pero no tanto como la tensión entre nosotros. Apenas cerramos la puerta de su depa minimalista, con vistas al skyline y olor a café recién hecho, nos devoramos con la mirada. Él me quitó la playera despacio, sus manos callosas de tanto gym rozando mi espalda húmeda. Sentí su aliento caliente en mi cuello, oliendo a menta y deseo. Te ves tan rica sudada, susurró, mientras yo le bajaba el short, revelando su erección dura presionando el bóxer.
Nos besamos como locos, lenguas enredándose, sabor salado de sudor mezclándose con el dulzor de su boca. Lo empujé al sofá, me subí encima, mis Asics Noosa Tri 9 aún puestas, pisando el piso alfombrado. Él gemía bajito, ay, wey, tus tenis me prenden, y yo reí, sintiendo su verga palpitando contra mi panocha a través de la tela delgada. Deslicé mi mano dentro de su bóxer, tocándola: gruesa, venosa, caliente como hierro al rojo. La apreté, masturbándolo lento mientras él me chupaba los pezones, duros y sensibles, enviando ondas de placer directo a mi clítoris.
El aire se llenó de nuestros jadeos, del sonido húmedo de piel contra piel, del crujido del sofá. Olía a sexo inminente: almizcle, sudor fresco, un toque de mi excitación empapando el short. Me quité el short con urgencia, quedándome en tanga y tenis. Marco me volteó, poniéndome de rodillas en el piso. Quiero verte correr con esas Asics Noosa Tri 9 mientras te cojo, dijo con voz grave, pero por ahora, lamió mi culo, su lengua trazando círculos en mi ano antes de bajar a mi coño chorreante.
Chin, este vato sabe lo que hace. Su lengua es puro fuego, lamiéndome el clítoris como si fuera un pinche experto.
Me abrió las nalgas, metiendo dos dedos dentro de mí, curvándolos justo en el punto G. Grité, ¡Sí, cabrón, así!, mis caderas moviéndose solas, el roce de las Asics contra el piso amplificando cada sensación. El orgasmo me pegó como un rayo, olas de placer sacudiéndome, jugos corriendo por mis muslos. Él no paró, chupando hasta que temblé toda.
Lo puse de espaldas, montándolo despacio. Su verga entrando en mí centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Eres tan apretada, nena, gruñó, sus manos en mis caderas guiándome. Cabalgaba fuerte, mis tetas rebotando, el sudor goteando de mi frente a su pecho. Las Asics Noosa Tri 9 plantadas firmes, dándome leverage para follarlo como diosa. Sonidos obscenos: chapoteo de mi coño tragándosela, sus bolas golpeando mi culo, nuestros gemidos roncos.
Cambié de posición, él encima ahora, misionero intenso. Me abrió las piernas, embistiéndome profundo, el colchón –habíamos rodado ahí– hundiéndose bajo nosotros. Sentía cada vena de su verga rozando mis paredes, su pubis frotando mi clítoris. Olía su axila cerca, ese aroma crudo que me volvía loca. Vente conmigo, Marco, le rogué, clavando uñas en su espalda. Él aceleró, ¡Ya, pinche rica!, y explotamos juntos: yo contrayéndome alrededor de él, chorros calientes llenándome mientras gritaba su nombre.
Nos quedamos tirados, jadeando, piel pegajosa de sudor y semen. Él me besó la frente, suave ahora. Eso fue chingón, Ana. Tus Asics Noosa Tri 9 son testigos, bromeó. Reí, sintiendo su calor dentro de mí aún, el afterglow envolviéndonos como niebla tibia. Afuera, la ciudad bullía indiferente, pero en ese depa, habíamos creado nuestro propio mundo de pasión desatada.
Me duché con él después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo sin prisa. Salí con las tenis limpias, lista para la vida, pero sabiendo que esto no era el fin. Nos vemos en la próxima carrera, carnal, le dije en la puerta, guiñando. Caminé a la calle con el cuerpo liviano, el recuerdo de su toque latiendo en mi piel, las Asics Noosa Tri 9 impulsándome hacia más aventuras ardientes.