Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Cornudo en Trío Pasional El Cornudo en Trío Pasional

El Cornudo en Trío Pasional

7051 palabras

El Cornudo en Trío Pasional

Todo empezó en esa noche calurosa de verano en nuestra casa en Polanco, con el aire cargado de jazmín del jardín y el lejano rumor del tráfico de la Ciudad de México. Yo, Alejandro, un tipo común de treinta y cinco años, casado con Laura desde hace ocho, siempre había sido el cornudo en trío de mis fantasías más sucias. No era algo que le confesara a cualquiera, pero con ella, mi reina, todo fluía natural. Laura, con su piel morena brillante, curvas que volvían loco a cualquiera y unos ojos negros que prometían pecados, me miró esa noche mientras cenábamos tacos de suadero en la terraza.

¿Y si lo hacemos de verdad, Ale? ¿Un trío con otro vato? Imagínate viéndome gozar...
Sus palabras me cayeron como un balde de agua fría y caliente al mismo tiempo. Mi verga se endureció bajo la mesa, pero un nudo de celos me apretó el pecho. Neta, ¿por qué me excita tanto ser el cornudo? Le contesté con una sonrisa pícara: "Si es lo que quieres, mi amor, yo te miro y me muero de ganas."

Habíamos hablado de esto antes, en esas madrugadas de besos y caricias, cuando su mano me apretaba la polla mientras me susurraba guarradas. Pero ahora era real. Encontramos a Marco por una app de parejas liberales, un morro atlético de veintiocho, con tatuajes en los brazos y una sonrisa de pendejo confiado. Quedamos en vernos en un bar de la Condesa, con luces tenues y olor a mezcal ahumado flotando en el aire.

La tensión creció desde el primer trago. Laura iba con un vestido rojo ceñido que marcaba sus chichis perfectas y su culo redondo. Marco llegó oliendo a colonia cara y sudor fresco, y la miró como si ya la estuviera follando con los ojos. Yo sentía el pulso acelerado, el corazón latiéndome en las sienes, mientras ellos charlaban y reían. Es el cornudo en trío que siempre soñé, pero duele un chingo, pensé, bebiendo mi tequila para calmar los nervios.

Volvimos a casa en el coche, con Marco en el asiento de atrás junto a Laura. Escuché sus risas, el roce de sus manos, y por el retrovisor vi cómo ella le ponía la mano en el muslo. Mi verga estaba dura como piedra, presionando contra el pantalón. Aparqué y entramos, el aire de la sala cargado de expectativa. Laura me jaló de la camisa y me besó con lengua, saboreando a sal y deseo, mientras Marco nos veía desde el sofá.

Acto uno completo: la chispa encendida. Nos fuimos al cuarto, con la cama king size esperándonos bajo la luz suave de las velas. Laura se quitó el vestido despacio, revelando su lencería negra que apenas cubría sus pezones duros y su panocha depilada. El olor a su excitación ya flotaba, dulce y almizclado, haciendo que mi boca se hiciera agua. Marco se desvistió, mostrando un cuerpo esculpido y una verga gruesa, venosa, más grande que la mía. Mierda, soy el cornudo total, me dije, pero en lugar de enojarme, me senté en la silla del rincón, con la polla latiendo.

Laura se acercó a él gateando sobre la cama, sus tetas balanceándose, y lo besó profundo. Escuché el chasquido de sus lenguas, el jadeo suave de ella. Marco le amasó el culo, dejando marcas rojas en su piel suave. Yo me toqué por encima del pantalón, el calor subiendo por mi cuerpo, sudor perlando mi frente.

Te encanta verme así, ¿verdad, cornudo?
me dijo ella, girando la cabeza con una sonrisa traviesa. Asentí, hipnotizado por cómo Marco le chupaba los pezones, succionando con fuerza hasta que ella gimió alto, un sonido gutural que me erizó la piel.

La tensión escaló cuando Marco la puso de rodillas. Laura me miró fijo mientras abría la boca y se tragaba esa verga enorme, saliva goteando por su barbilla. El sonido era obsceno: glug glug, succiones húmedas, sus labios estirados. Yo me bajé el zipper y saqué mi polla, masturbándome lento, oliendo el aroma mixto de sus sexos. Esto es lo que querías, pendejo, ser el cornudo en trío y gozar cada segundo. Marco la follaba la boca con ritmo, tirando de su pelo, y ella se ahogaba de placer, lágrimas de esfuerzo en los ojos.

Pero no era solo ver; Laura quería más. Me llamó: "Ven, Ale, tócame mientras él me coge." Me acerqué temblando, mis manos en su espalda sudorosa, sintiendo el calor irradiar. Marco la levantó y la penetró de una embestida, su verga desapareciendo en esa panocha chorreante. El slap slap de carne contra carne llenó la habitación, mezclado con los gemidos de Laura: "¡Ay, cabrón, qué rico! ¡Más duro!" Yo le besaba el cuello, probando sal y perfume, mientras mis dedos rozaban su clítoris hinchado, resbaloso de jugos.

El medio acto ardía: emociones revueltas. Celos punzantes se mezclaban con un placer enfermizo.

¿Soy un idiota por disfrutar esto? Neta, su panocha se ve tan llena...
Marco la volteó a cuatro patas, follándola como animal, sus huevos golpeando su culo. Laura gritaba, arqueando la espalda, y yo me puse debajo, lamiéndole las tetas, mordisqueando pezones que sabían a sudor dulce. El olor era intenso: sexo puro, testosterona, su corrida preeyaculatoria mezclada con ella.

Marco gruñó: "Me vengo, güey." Pero Laura lo detuvo: "No aún, quiero que Ale me coja primero." Me montó ella, mi verga hundiéndose en su coño usado, resbaladizo por los jugos de Marco. Cabalgué duro, sintiendo su interior palpitante, mientras él le metía los dedos en la boca. El ritmo se sincronizó: yo embistiéndola, Marco besándola, tres cuerpos en éxtasis. Sus paredes vaginales me apretaban, ordeñándome, y olía a todo mezclado, embriagador.

La intensidad subió cuando cambiamos. Laura se recostó, piernas abiertas, y Marco volvió a penetrarla mientras yo le metía la verga en la boca. Era el pico: verla chuparme con la boca llena de su sabor y el de él, su garganta convulsionando. Gemidos ahogados, pieles chocando, sudor chorreando. Soy el rey cornudo en trío, pensé, el orgasmo construyéndose como ola.

El clímax explotó. Marco se corrió primero, rugiendo, llenándola de leche caliente que goteaba por sus muslos. Laura chilló, su cuerpo temblando en orgasmo, uñas clavadas en mi piel. Yo no aguanté: eyaculé en su boca, chorros espesos que ella tragó con deleite, lamiéndose los labios. Colapsamos los tres, jadeantes, el aire pesado de semen y placer, corazones tronando al unísono.

En el afterglow, con el sol saliendo tiñendo las sábanas de oro, Laura se acurrucó en mis brazos, Marco dormido a un lado. Le besé la frente, probando restos de nosotros.

Gracias por dejarme ser tu cornudo en trío, mi vida. Nos unió más.
Ella sonrió: "Fue chido, Ale. Lo repetimos cuando quieras." Nos abrazamos, pieles pegajosas, saboreando la paz post-sexo, sabiendo que esta noche había transformado nuestro amor en algo salvaje y eterno. El aroma a jazmín volvía, mezclado con nosotros, prometiendo más noches así.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.