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Las Canciones del Tri de Alex Lora que Encienden la Piel

6906 palabras

Las Canciones del Tri de Alex Lora que Encienden la Piel

La noche en la Condesa estaba viva con ese calor pegajoso de verano que se mete hasta los huesos. Tú entraste al bar El Garabato buscando un trago fresco y algo de música que te sacara el estrés del pinche trabajo. El lugar olía a tequila reposado mezclado con el humo dulce de cigarros y el sudor de cuerpos bailando pegados. Las luces tenues pintaban sombras juguetonas en las paredes llenas de posters de rockeros legendarios, y de pronto, el sonido rasposo de la guitarra de Alex Lora retumbó desde los bocinas. Canciones del Tri de Alex Lora, neta, las mejores para armar desmadre.

Te sentaste en la barra, pediste un caballito de José Cuervo y dejaste que la voz grave de Lora te envolviera. "Abuso", esa rola que habla de romper cadenas, te erizó la piel. Ahí fue cuando la viste. Ella, con su falda negra ajustada que marcaba curvas de infarto, cabello suelto negro como la noche y ojos que brillaban con picardía. Se llamaba Lupe, te dijo al sentarse a tu lado, pidiendo lo mismo que tú. "¿Te late El Tri?" preguntó con una sonrisa que prometía problemas chidos. Tú asentiste, sintiendo ya ese cosquilleo en el estómago, como si las canciones del Tri de Alex Lora estuvieran conspirando para juntarlos.

Conversaron entre sorbos, riendo de las letras rebeldes que tanto les pegaban. Lupe era de aquí del DF, igual que tú, con ese acento chilango que hace que todo suene más carnal. "Neta, Alex Lora es un cabrón, sus canciones del Tri de Alex Lora me ponen en órale modo", dijo ella, rozando tu brazo con los dedos. El toque fue eléctrico, piel contra piel, cálida y suave como terciopelo. Olía a vainilla y a algo más profundo, femenino, que te hizo tragar saliva. La música cambió a "Triste canción de amor", y Lupe te jaló a la pista. Bailaron pegados, caderas chocando al ritmo rasposo, su aliento caliente en tu cuello mientras cantaban bajito las letras que hablaban de desamor que ahora se sentía como preludio a algo muy cabrón.

¿Qué chingados estoy haciendo? Piensas, pero tu cuerpo ya decidió. Sus tetas rozan tu pecho, firmes y suaves bajo la blusa delgada, y sientes su calor subiendo por tus piernas.

La tensión crecía con cada rola. Salieron del bar tambaleándose un poco por el mezcal, riendo como pendejos, caminando hacia tu depa a unas cuadras. El aire nocturno olía a jacarandas y tacos de la esquina, pero lo único que importaba era su mano en la tuya, apretando con promesa. En el elevador, no aguantaron: se besaron con hambre, lenguas enredadas, sabor a tequila y sal en la boca. Sus labios carnosos te chupaban el inferior, mordisqueando suave, mientras tus manos bajaban por su espalda hasta esa nalga redonda que pedía ser amasada.

Entraron al depa, la luz baja del foco iluminando el desorden chido de discos y posters. Pusiste el tocadiscos con un vinilo de El Tri, y las canciones del Tri de Alex Lora llenaron el aire como un afrodisíaco rockero. "Piedra de afilar" sonaba mientras Lupe se quitaba la blusa despacio, revelando pechos perfectos, pezones oscuros ya duros como piedritas. Tú te desabrochaste la camisa, corazón latiendo como batería de rock, viendo cómo ella se lamía los labios. "Ven, cabrón", murmuró con voz ronca, jalándote al sillón.

Se sentaron a horcajadas, ella encima, frotando su entrepierna contra tu verga que ya estaba tiesa como poste. El roce era delicioso, tela contra tela, humedad filtrándose. Besos profundos, manos explorando: tus dedos en su clítoris por encima de las panties, sintiendo el calor húmedo que palpitaba. Ella gemía bajito al ritmo de la guitarra, "¡Ay, pinche Tri, qué rico!", riendo entre jadeos. Olía a sexo incipiente, ese aroma almizclado que embriaga, mezclado con su perfume.

Esto es lo que necesitaba, neta. Su piel sabe a sal y deseo, y cada roce me prende más.

La desvestiste completo, besando cada centímetro: cuello salado, pechos que chupaste hasta que gimió fuerte, dejando marcas rojas. Bajaste a su ombligo, lamiendo el sudor fresco, hasta llegar a ese coño depilado, labios hinchados brillando de jugos. La probaste, lengua en círculos lentos, saboreando su dulzor ácido, mientras ella arqueaba la espalda y agarraba tu pelo. "¡No pares, pendejo, qué chido!" gritó, piernas temblando. La canción cambió a "Las mujeres mandan", perfecta, porque Lupe tomaba el control, empujándote al piso y montándote la cara, cabalgando tu lengua hasta casi correrse.

Pero querían más. Te quitó los pantalones, liberando tu pija dura, venosa, goteando pre-semen. La miró con ojos hambrientos, masturbándote lento, uña rozando el glande sensible. "Métemela ya", suplicó, posicionándose. Entró despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndote como guante caliente, húmedo, palpitante. Grité de placer, sintiendo las paredes internas masajeando. Empezaron a moverse, ella arriba primero, tetas rebotando al ritmo de las canciones del Tri de Alex Lora que tronaban. Sudor perlando sus cuerpos, pieles chocando con palmadas húmedas, olor a sexo denso en el aire.

Cambiaron posiciones, tú atrás, doggy style en el sillón, agarrando sus caderas anchas, embistiendo profundo. Cada empujón hacía que sus nalgas temblaran, coño chorreando jugos por tus bolas. Ella volteaba, besos salvajes, mordidas en el hombro. "¡Más fuerte, cabrón, rómpeme!" pedía, y tú obedecías, sintiendo el orgasmo subir como ola. La volteaste de nuevo, misionero, piernas en hombros, penetrando hasta el fondo, clítoris frotando tu pubis. Gemidos mezclados con la voz de Alex Lora cantando de rebeldía y pasión.

La tensión era insoportable, músculos tensos, pulsos acelerados. Ella se corrió primero, coño contrayéndose en espasmos, uñas clavándose en tu espalda, grito ahogado que sabía a victoria. "¡Me vengo, chingado!" Tú la seguiste segundos después, verga hinchándose, chorros calientes llenándola, placer cegador que te dejó temblando. Se quedaron pegados, jadeando, semen goteando mezclado con sus jugos, pieles pegajosas de sudor.

La música bajó, última rola del disco: "Niño sin amor", pero ahora todo era amor carnal, conexión profunda. Lupe se acurrucó en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel, riendo suave. "Gracias por las canciones del Tri de Alex Lora, me prendieron cañón". Tú la besaste la frente, oliendo su cabello, sintiendo paz en el afterglow. Afuera, la ciudad seguía su desmadre, pero adentro, solo quedaban ecos de rock y cuerpos satisfechos.

Se quedaron así hasta el amanecer, prometiendo más noches así, con El Tri de fondo y deseo infinito. Neta, esas canciones no solo rockean, te cambian la vida.

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