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El Susurro Ardiente de la Laringotraqueitis Triada

7206 palabras

El Susurro Ardiente de la Laringotraqueitis Triada

Estás en una villa frente al mar en Puerto Vallarta, el sol del atardecer tiñe el cielo de naranjas y rosas que se reflejan en las olas rompiendo suaves contra la playa privada. El aire huele a sal marina mezclada con el jazmín del jardín, y una brisa cálida acaricia tu piel desnuda bajo la camiseta ligera. Mariana y Ximena, tus amigas de la uni que se han convertido en algo más durante este viaje, están recostadas en las hamacas del porche, con bikinis que apenas contienen sus curvas bronceadas. Mariana, con su cabello negro ondulado cayendo como cascada, te guiña un ojo mientras sorbe un michelada helada. Ximena, la morena de ojos verdes y labios carnosos, se estira perezosa, dejando que el sol juegue con las gotas de sudor en su escote.

Estas dos te traen loco desde que llegaste, wey, piensas, sintiendo cómo tu pulso se acelera solo de verlas reírse con esa complicidad que promete travesuras. Han estado coqueteando todo el día: roces casuales en la piscina, susurros al oído que te erizan la nuca. Ahora, con el ron fluyendo, Mariana se incorpora y te jala de la mano hacia el porche cubierto.

—Órale, carnal, siéntate aquí con nosotras —dice Mariana con esa voz ronca que parece hecha para gemidos—. Tenemos un jueguito que te va a volar la cabeza. Se llama laringotraqueitis triada. Lo inventamos nosotras en una borrachera en la playa de Mazatlán el año pasado. Es como una triada de sensaciones que empiezan en la garganta y bajan hasta... ya sabes.

Ximena se ríe, su aliento cálido rozando tu oreja mientras se acerca por detrás. —Es neta chido. Imagínate: tres cuerpos conectados por vibraciones, como si la laringe y la tráquea se encendieran de puro fuego. Nada de pendejadas serias, puro placer mutuo. ¿Te animas, guapo?

Sientes el calor subir por tu pecho, el corazón latiendo fuerte contra las costillas. Asientes, la garganta seca de anticipación. Ellas te guían al interior de la villa, donde el aire acondicionado besa tu piel sudada con un contraste delicioso. El cuarto principal tiene una cama king size con sábanas de algodón egipcio blancas como espuma, y velas de coco encendidas que llenan el espacio con un aroma dulce y embriagador.

¿Qué chingados es esto? ¿Un ritual o qué? Pero se siente tan bien su piel contra la mía...

Acto uno del jueguito: se sientan en círculo en la cama, de rodillas, las piernas rozándose. Mariana explica con ojos brillantes: —La laringotraqueitis triada tiene tres fases. Primero, los susurros traqueales. Nos besamos el cuello y la garganta, haciendo vibrar la voz baja, como un ronroneo que se siente hasta los huesos.

Tus labios encuentran primero la piel suave de Ximena justo debajo de la oreja. Huele a vainilla y sal, su pulso late rápido bajo tu lengua. Ella gime bajito, un sonido gutural que vibra contra tu boca, enviando ondas de placer directo a tu entrepierna. Qué rico, piensas, mientras tu verga se endurece contra los shorts. Mariana se une, besando tu garganta desde el otro lado, su aliento caliente y húmedo haciendo que tragues saliva con esfuerzo. Haces lo mismo: un zumbido grave desde lo profundo de tu pecho, presionando los labios en su yugular. Ella arquea la espalda, sus tetas rozando tu brazo, pezones ya duros como piedritas.

El sonido es hipnótico: ronroneos mezclados con respiraciones agitadas, la cama crujiendo levemente. Tocas sus cinturas, sientes la seda de sus bikinis cediendo bajo tus dedos. Ximena desliza una mano por tu pecho, arañando suave, mientras Mariana lame un camino salado hasta tu clavícula.

La tensión crece como una ola. Tus cuerpos se pegan más, sudores mezclándose en un brillo compartido. Quitan tu camiseta con risas juguetones, exponiendo tu torso al aire fresco. —Mira qué chulo estás —murmura Ximena, lamiendo tu pezón con la punta de la lengua, un cosquilleo eléctrico que te hace jadear.

Segunda fase: la escalada. Mariana desata su bikini superior, dejando libres sus pechos firmes, oscuros pezones invitándote. —Ahora bajamos, pero manteniendo la vibración —dice, guiando tu cabeza a su pecho. Chupas, tarareas contra su piel, el zumbido reverberando en ella como un masaje interno. Ximena hace lo mismo contigo, su boca en tu abdomen, bajando lento, el calor de su aliento filtrándose por la tela de tus shorts.

No mames, esto es una locura deliciosa, tu mente grita mientras desabrochas el bikini inferior de Mariana. Su concha depilada brilla húmeda, olor almizclado y dulce invadiendo tus sentidos. Ella gime más fuerte, vibrando contra tu mano cuando introduces un dedo, resbaloso de jugos calientes. Ximena se quita todo, su culo redondo perfecto a la vista, y te ayuda a bajarte los shorts. Tu verga salta libre, venosa y tiesa, goteando precum que ella lame con deleite, tarareando bajito. La vibración sube por tu eje como corriente, huevos contrayéndose de placer puro.

Se posicionan en triángulo perfecto: tú de espaldas contra las almohadas, Mariana montándote la cara, su panocha chorreando en tu boca. Sabes a miel salada, lengua hundida en sus pliegues mientras ella ronronea sobre ti. Ximena cabalga tu verga despacio al principio, su interior apretado y aterciopelado tragándote centímetro a centímetro. El slap de pieles, gemidos ahogados, el olor a sexo crudo llenando la habitación. Vibran todas las gargantas: tú en la concha de Mariana, ella en el cuello de Ximena, Ximena lamiendo tu tráquea mientras folla.

La intensidad sube. Cambian posiciones: Ximena debajo, tú penetrándola profundo con embestidas que hacen temblar la cama, Mariana sentada en su cara, sus jugos goteando en la boca de su amiga. Tocan todo: dedos en culos, pellizcos en pezones, besos traqueales que vibran como motores. Sientes el sudor resbalando por tu espalda, el sabor de Ximena en tu lengua —dulce, salado, adictivo—, el apretón de su coño ordeñándote. Ya casi, cabrón, aguanta, luchas contra el clímax, queriendo prolongar esta triada infernal.

Tercera fase: la liberación. Mariana se gira, las tres enredados en un nudo sudoroso. Tú follas a Ximena con fuerza, sus paredes convulsionando, gritando ronca: —¡Sí, wey, así! —Mariana frota su clítoris contra tu muslo, vibrando gemidos en tu oído. El clímax te golpea como tsunami: chorros calientes llenando a Ximena, ella eyaculando squirt que moja las sábanas, Mariana temblando en orgasmo múltiple, uñas clavadas en tu piel.

Colapsan juntos, respiraciones jadeantes sincronizadas, cuerpos pegajosos relucientes. El aroma a semen, sudor y conchas satisfechas impregna el aire. Besos suaves ahora, traqueales perezosos que provocan risitas. Mariana acaricia tu mejilla: —La laringotraqueitis triada siempre cumple, ¿verdad?

Ximena asiente, besando tu pecho: —Y repetimos mañana, mi amor.

En este paraíso, con estas dos diosas, la vida sabe a éxtasis eterno.

Duermen así, entrelazados bajo la luna que filtra por las cortinas, el mar susurrando promesas de más noches de fuego.

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