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Gifs XXX Trios que Encienden la Pasion

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Gifs XXX Trios que Encienden la Pasion

Estaba en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche de verano pegándome en la cara como una cachetada caliente. Mi morra, Karla, andaba recargada en mi hombro, su pelo negro oliendo a coco y vainilla de ese shampoo que tanto me gustaba. Estábamos tirados en el sillón, con la laptop abierta en el regazo, navegando por la red como dos weyes curiosos. Neta, no sé cómo llegamos ahí, pero de repente Karla dijo:

—Órale, carnal, mira estos gif xxx trios. Están cañones, ¿no?

Su voz era ronca, juguetona, y sentí cómo su mano se deslizaba por mi pecho, arañándome suave con las uñas pintadas de rojo. Los gifs parpadeaban en la pantalla: cuerpos entrelazados, piel morena sudada brillando bajo luces tenues, gemidos mudos pero intensos que podías imaginar. Tres personas, dos chavas y un vato, o viceversa, moviéndose en ritmos que te ponían la verga dura al instante. El olor a su perfume se mezclaba con el mío, ese aroma a hombre que Karla siempre decía que la volvía loca.

Yo, Javier, de veintiocho pirulos, siempre había sido el tipo aventurero. Karla, con sus curvas de infarto y esa sonrisa pícara, era mi pareja perfecta desde hace dos años. Pero esa noche, algo en esos gif xxx trios nos prendió la mecha. ¿Y si lo hacemos de verdad? pensé, mientras mi pulso se aceleraba y sentía el calor subiendo por mi entrepierna.

¿Quieres que llame a Lupe? —le solté, medio en serio, medio en broma. Lupe era su mejor amiga, una culona de campeonato con ojos verdes que siempre nos coqueteaba en las fiestas. Karla se mordió el labio, su aliento cálido en mi cuello.

Simón, wey. Llámalas ya. Neta que estos gifs me pusieron caliente.

El corazón me latía como tamborazo en una fiesta de pueblo. Marqué el número, y en menos de media hora, Lupe llegó con una botella de tequila y una falda tan corta que dejaba ver el borde de sus tangas. El aire del depa se cargó de electricidad, olor a tequila dulce y a las feromonas que ya flotaban.

Nos sentamos los tres en el sillón grande, la laptop aún abierta con esos gif xxx trios en loop. Lupe se rió, nerviosa al principio, pero sus ojos brillaban de curiosidad. Esto va a estar chido, pensé, mientras Karla le servía un trago y le rozaba la mano intencional.

La tensión crecía lenta, como el calor que sube antes de una tormenta. Hablamos pendejadas al principio: del pinche tráfico, de la última peda en Polanco. Pero las miradas se cruzaban, cargadas de promesas. Sentí el muslo de Karla presionando el mío, y el de Lupe rozándome del otro lado. Su piel era suave, tibia, como terciopelo caliente. El sonido de nuestras risas se volvía bajo, entrecortado, y el clic-clic de los gifs llenaba el silencio.

Karla fue la primera en moverse. Se inclinó hacia Lupe y le dio un beso suave en la boca, probando, midiendo. Lupe jadeó bajito, un sonido que me erizó la piel, y respondió con hambre. Yo las vi, hipnotizado, mi verga palpitando contra el pantalón. Qué ricas, pensé, oliendo el aroma mezclado de sus jabones y el leve sudor que empezaba a perlar sus cuellos.

Me uní despacio, besando el hombro de Karla mientras mi mano subía por la pierna de Lupe. Ella gimió contra la boca de mi morra, y el sabor salado de su piel llegó a mi lengua cuando lamí su clavícula. Nos fuimos desvistiendo entre besos, ropa cayendo al piso con susurros de telas suaves. El cuarto olía a sexo inminente, a piel caliente y a tequila derramado un poco en la mesa.

En la cama king size, el colchón se hundía bajo nuestro peso. Karla estaba en el centro, reina de la noche, sus tetas firmes subiendo y bajando con cada respiro agitado. Lupe y yo la devorábamos con los ojos, con las manos. Le chupé un pezón rosado, duro como piedra, mientras Lupe le besaba el vientre, bajando lento hacia su panocha ya mojada. El sonido de lenguas húmedas, de succiones suaves, llenaba el aire. Karla arqueó la espalda, gimiendo:

¡Ay, cabrones! No paren...

Mi mente era un torbellino: Esto es mejor que cualquier gif. Sentí la mano de Lupe en mi verga, apretándola firme, masturbándome con ritmo experto. Su palma era cálida, resbalosa de sudor y pre-semen. Yo metí dos dedos en Karla, sintiendo su calor apretado, sus jugos chorreando por mi mano. Olía a mujer en celo, dulce y almizclado.

Cambiamos posiciones como en esos gif xxx trios que nos inspiraron. Karla se puso a cuatro patas, su culazo perfecto invitándome. Lupe se acostó debajo de ella, lamiéndole la concha mientras yo embestía desde atrás. Cada empujón era un estruendo de carne contra carne, slap-slap que resonaba en las paredes. El sudor nos unía, pegajoso, salado en la boca cuando besaba a Lupe. Sus gemidos se mezclaban: altos, guturales, como animales en placer puro.

¡Más duro, Javier! ¡Chíngame como en los gifs! —gritó Karla, su voz quebrada.

Yo obedecí, sintiendo mis huevos apretados, el orgasmo construyéndose como una ola. Lupe se retorcía debajo, sus uñas clavándose en mis muslos, pidiendo más lengua en su clítoris hinchado. El cuarto era un horno: olor a sexo denso, a semen y corridas femeninas, sonidos de jadeos y pieles chocando. Mi pulso tronaba en los oídos, el tacto de sus cuerpos resbalosos era adictivo.

El clímax llegó en cadena. Karla se vino primero, temblando violentamente, su concha contrayéndose alrededor de mi verga como un puño caliente. Grité su nombre, bombeando profundo, y Lupe la siguió, su grito ahogado contra la panocha de Karla. Yo no aguanté más: saqué la verga y chorree sobre sus espaldas, semen caliente salpicando piel morena, el placer explotando en mi cerebro como fuegos artificiales.

Nos derrumbamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones pesadas sincronizadas. El aire olía a nuestro clímax compartido, pegajoso y satisfecho. Karla me besó perezosa, Lupe acurrucada al otro lado, su mano aún en mi pecho.

Mejor que cualquier gif xxx trios, ¿verdad? —murmuró Karla, riendo bajito.

Yo asentí, exhausto, feliz. Neta que sí, pensé, mientras el sueño nos envolvía en esa burbuja de intimidad. Mañana, tal vez veríamos más gifs, pero nada superaría esta noche real, carnal, nuestra.

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