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Tríos Varios de Placer Ardiente

6553 palabras

Tríos Varios de Placer Ardiente

La noche en Polanco estaba chida, con ese calor pegajoso que se mete hasta los huesos y hace que el cuerpo pida a gritos algo fresco. Yo, Ana, acababa de entrar al club más exclusivo de la colonia, vestida con un vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa. El aire olía a tequila añejo mezclado con perfumes caros y un toque de sudor fresco. La música reggaetón retumbaba, haciendo vibrar el piso bajo mis tacones.

Estaba soltera hace meses, y esa curiosidad por tríos varios que leí en un blog erótico me tenía inquieta. No era algo planeado, pero la neta, la idea de cuerpos entrelazados, piel contra piel, me aceleraba el pulso. Me pedí un margarita helado, el limón fresco explotando en mi lengua, y ahí los vi: Marco y Lupe, una pareja guapísima bailando pegaditos. Él alto, moreno, con brazos fuertes; ella curvilínea, con labios rojos que prometían pecados.

¿Y si me lanzo? ¿Qué pierdo? Solo una noche loca en esta ciudad que nunca duerme.

Me acerqué, moviendo las caderas al ritmo. "¡Órale, qué buena onda bailan!", les grité por encima de la música. Lupe sonrió, sus ojos brillando. "¡Ven con nosotros, mamacita! Tú pones el fuego". Marco me tomó de la mano, su palma cálida y áspera, y en un dos por tres estábamos en un rincón oscuro del VIP.

Acto uno de la noche: sus besos empezaron suaves, exploratorios. Lupe me rozó los labios con los suyos, sabor a cherry y deseo. Marco desde atrás, su aliento caliente en mi cuello, oliendo a colonia masculina. Mis pezones se endurecieron contra la tela del vestido. "Relájate, güey", murmuró él, mientras sus manos subían por mis muslos. Consentí con un gemido, el corazón latiéndome como tambor. Nos fuimos a su suite en el hotel de enfrente, el elevador un preludio de caricias robadas.

En la habitación, luces tenues, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Lupe me quitó el vestido despacio, sus uñas rozando mi piel, erizándome el vello. "Qué rica estás", dijo, lamiendo mi clavícula. Marco se desnudó, su verga ya dura, gruesa, palpitante. Me arrodillé entre ellos, el olor almizclado de su excitación llenando el aire. Chupé a Marco mientras Lupe me besaba el cuello, sus dedos hurgando mi concha húmeda. ¡Qué chingón! El sabor salado de él en mi boca, sus gemidos roncos, el roce de tetas de Lupe contra mi espalda.

Me tumbaron en la cama. Marco entró en mí lento, llenándome hasta el fondo, mientras Lupe se sentó en mi cara, su coño jugoso goteando en mi lengua. Lamí con ganas, saboreando su dulzor salado, sus caderas moviéndose al ritmo de mis succiones. "¡Sí, así, pendeja deliciosa!", jadeó ella. Marco embestía fuerte, su sudor cayendo en mi pecho, el slap-slap de piel chocando como música obscena. El orgasmo me vino como ola, contrayéndome alrededor de él, gritando contra el clítoris de Lupe.

Pero la noche no paraba. Después del afterglow, abrazados oliendo a sexo, Marco propuso: "Wey, hay una fiesta privada aquí cerca con tríos varios. ¿Vienes?". Mi cuerpo aún temblaba, pero el deseo renació. "¡Neta? ¡Vamos!".

Acto dos: la fiesta en una penthouse con vista a Reforma. Luces neón, botellas de Dom Pérignon burbujeando, olor a hierbas frescas y feromonas. Gente guapa, todos adultos juguetones. Ahí conocí a Diego y Carla, otro par ardiente. Él flaco pero atlético, ella tetona con tatuajes florales. Bailamos, shots de tequila quemando la garganta, risas coquetas.

Esto es lo que necesitaba: libertad, placer sin ataduras. Mi concha palpita de nuevo, lista para más.

Nos escabullimos a un balcón. El viento nocturno fresco contra nuestra piel desnuda. Carla me besó con lengua experta, mordisqueando mi labio inferior, mientras Diego nos observaba, masturbándose lento. "Tócala, hazla gemir", le dijo a él. Sus dedos en mi clítoris, círculos precisos, humedad chorreando por mis piernas. Me incliné sobre la barandilla, tetas al aire, ciudad brillando abajo. Diego me penetró por detrás, su verga curva tocando puntos que me volvían loca. Carla debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis labios y sus bolas. El sonido de la ciudad abajo, autos pitando, mezclándose con nuestros jadeos. "¡Más duro, cabrón!", le rogué. El clímax nos sacudió a los tres, mi grito ahogado por la boca de Carla, jugos mezclados goteando.

Regresamos sudados, eufóricos. La fiesta bullía. Vi a un trío más: Sofía, Raúl y su amigo Alex. Sofía, morena chaparrita con culo de infarto, me guiñó. "Órale, preciosa, únete a nuestros tríos varios". El alcohol y el subidón me impulsaron. Nos metimos a un cuarto con espejos en todas partes, reflejando cuerpos retorciéndose.

Aquí el clímax de la medianoche. Sofía me comió el coño como profesional, lengua plana lamiendo largo, chupando mi clítoris hinchado. Olía a vainilla de su perfume y a mi propia excitación. Raúl y Alex se turnaban en mi boca, vergas duras alternando, salivas brillantes. "Trágatela toda, mamacita", gruñó Raúl. Me monté en Alex, cabalgando su polla gruesa, mientras Raúl me embestía el culo lubricado con saliva y crema. Sofía frotaba su concha contra mi muslo, sus pezones duros rozándome. El doble llenado era intenso: presión exquisita, nervios en llamas, sudor perlando pieles. Gemidos en eco, slap de carnes, olor a sexo puro. Mi mente explotaba: ¡Esto es el paraíso, carajo!

El orgasmo múltiple llegó como tsunami. Me corrí gritando, contracciones ordeñando sus vergas, ellos eyaculando dentro y sobre mí, semen caliente salpicando tetas y vientre. Colapsamos en pila temblorosa, risas ahogadas, besos perezosos.

Acto tres: amanecer tiñendo el cielo de rosa. Dejé la fiesta con el cuerpo adolorido pero satisfecho, piel marcada por mordidas suaves, sabor a ellos en mi boca. Caminé por las calles despertando, café humeante en mano, aroma terroso mezclándose con mi olor a sexo residual. Marco y Lupe me mandaron un mensaje: "Gracias por los tríos varios más locos". Sonreí, el corazón pleno.

En el taxi a casa, reflexioné. Esa noche me liberó, me mostró que el placer es para compartir, sin culpas. Mi concha aún palpitaba, recordándome cada roce, cada embestida. Volvería por más tríos varios, porque en esta vida hay que chingársela con todo. La ciudad me recibía como amante fiel, lista para la próxima aventura.

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