Sudor y Pasión en El Tri Torreón
La noche en Torreón se sentía como un horno encendido, con ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma. Yo, Ana, había decidido salir con mis carnales al bar El Tri Torreón, ese antro legendario donde los aficionados del Tri se reúnen para gritarle a la tele cada gol de la selección. El aire olía a chelas frías, tacos de asador humeantes y ese sudor macho que me ponía la piel de gallina. Llevaba una blusa escotada del Tri, ajustadita, que dejaba ver justo lo suficiente para volver loco a cualquiera. Mis chavos ya estaban pedos, armando desmadre con las cervezas, pero yo solo quería vibrar con el partido.
Ahí estaba él, Javier, recargado en la barra como si fuera el rey del pedo. Alto, moreno, con brazos tatuados que gritaban fuerza y una camiseta del Tri que se le pegaba al pecho por el sudor. Nuestras miradas se cruzaron cuando México metió el primer gol. Órale, qué wey tan chido, pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo entre las piernas. Él sonrió, esa sonrisa pícara de norteño que dice "ven pa'cá, mija". El bar explotó en gritos: "¡México! ¡México!", vasos chocando, cuerpos rozándose en la euforia. Yo me acerqué bailando al ritmo de la rola que pusieron, "Cielito Lindo" remixada con cumbia rebajada.
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¿Qué onda, güey? ¿No se te hace que hoy la armamos?le dije, pegándome un poco para que oliera mi perfume mezclado con el calor de mi piel.
Él se rio, voz grave como trueno lejano.
Neta, preciosa. Si ganamos, te invito una chela. Si no, te llevo a casa en mi troca.Sus ojos bajaron a mis tetas un segundo, y sentí el calor subirle a la cara. El partido seguía, tensión en cada jugada, y entre nosotros ya había un fuego que no tenía nada que ver con el Tri.
El medio tiempo llegó como bendición. Mis amigos ya estaban bien entrados, contando pendejadas sobre Chicharito, pero yo me quedé con Javier en una mesita al fondo. Hablamos de todo: de cómo Torreón es chido pero caluroso como la chingada, de partidos pasados en El Tri Torreón donde la neta se arma el desmadre. Su mano rozó la mía al pasar la lima, y fue como electricidad. Piel contra piel, áspera la suya por el trabajo en el taller, suave la mía de oficinista. Quiero que me toque más, me dije, mordiéndome el labio. Olía a colonia barata y hombre sudado, un olor que me hacía mojarme sin remedio.
Volvimos al partido, pero ya no veía la pantalla. Solo sentía su cuerpo cerca, el roce de su muslo contra el mío en el bar atestado. México metió el segundo gol, y el lugar se volvió manicomio. Javier me jaló para bailar, sus manos en mi cintura, fuertes, posesivas pero suaves. Bailábamos pegaditos, cumbia sonando, mis nalgas contra su verga que ya se ponía dura. Pinche wey, me traes loca, pensé, girándome para besarlo. Nuestros labios se juntaron, salados por la cerveza, lenguas jugando como en un contragolpe perfecto. El bar gritaba, pero nosotros en nuestro mundo, besándonos como si no hubiera mañana.
El pitazo final: victoria del Tri. Explosión de euforia. Javier me susurró al oído, aliento caliente:
Vámonos de aquí, Ana. Quiero comerte entera.Salimos tomados de la mano, el aire nocturno de Torreón fresco comparado con el infierno del bar. Su troca estaba cerca, una Cheyenne pick-up toda ranchera. Subí sin pensarlo, piernas temblando de anticipación. Manejó rápido por las calles iluminadas, radio con banda norteña a todo volumen, su mano en mi muslo subiendo despacio, dedos rozando el borde de mi short.
Llegamos a su casa, un departamentito chido en las afueras, con vista al desierto. Nada lujoso, pero limpio, con posters del Tri en las paredes. Apenas cerramos la puerta, me empujó contra la pared, besándome con hambre. Su boca sabe a victoria y deseo, pensé mientras le quitaba la camiseta. Su pecho era puro músculo, sudor brillando bajo la luz tenue, olor a macho que me volvía loca. Le bajé el pantalón, su verga saltó libre, gruesa, venosa, lista para mí.
Qué rica estás, pinche diosa, gruñó, manoseándome las tetas, pellizcando pezones duros como piedras.
Lo llevé a la cama, alfombra áspera bajo mis pies descalzos. Me desnudé despacio, dejándolo ver cada curva: mis caderas anchas, culo redondo, coño ya empapado brillando. Él se tendió, yo me subí encima, frotándome contra su pija, sintiendo el calor de su piel contra la mía. Esto es lo que necesitaba, un wey que me haga mujer. Bajé despacio, su verga entrando en mí centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Gemí fuerte, ¡Ay, cabrón!, paredes de mi coño apretándolo como guante. Empecé a moverme, vaivén lento al principio, sus manos en mis nalgas guiándome.
El ritmo subió, sudor goteando de su frente a mis tetas, mezclándose con el mío. Sonidos de carne chocando, plaf plaf, mis jadeos y sus gruñidos llenando la habitación. Olía a sexo puro, a jugos míos en su pija, a piel caliente. Me volteó, ahora él encima, embistiéndome duro, bolas golpeando mi culo.
Dame todo, Javier, hazme tuya, le rogué, uñas clavadas en su espalda. Sentía cada vena de su verga rozando mis paredes, el placer subiendo como ola, tensión en mi vientre.
Cambié de posición, a cuatro patas, él detrás, jalándome el pelo suave. Entró profundo, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Neta, este pendejo me va a matar de gusto. Sus dedos bajaron a mi clítoris, frotando en círculos, mientras me taladraba. Gritos míos ahogados en la almohada, olor a sábanas frescas y nuestro sudor. El clímax llegó como gol en tiempo agregado: mi coño se contrajo, chorros de placer saliendo, piernas temblando. Él gruñó,
¡Me vengo, Ana!, llenándome de leche caliente, pulsos dentro de mí.
Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa. Su corazón latiendo contra mi pecho, respiraciones agitadas calmándose. Me besó la frente, dulce ahora.
Eres lo máximo, mija. Como el Tri hoy, invencible.Reí bajito, acariciando su cara barbuda. Afuera, Torreón dormía bajo las estrellas, pero en El Tri Torreón había nacido algo chido. No era solo un polvo; era conexión, como esos goles que te hacen saltar del asiento. Me quedé ahí, en sus brazos, saboreando el afterglow, el sabor salado de su piel en mis labios. Mañana sería otro día, pero esta noche, éramos campeones.