Chick Corea Trio Pasado Presente Futuros Sensuales
Estás sentada en la penumbra del bar de jazz en la Condesa, con el humo del cigarro flotando como un velo sedoso alrededor de las luces ámbar. El aire huele a café negro fuerte, mezclado con el aroma terroso del mezcal que acabas de pedir. Tus dedos tamborilean sobre la mesa de madera pulida, siguiendo el ritmo hipnótico que sale de los altavoces. Chick Corea Trio Past Present Futuros, piensas, mientras las notas del piano de Chick se entretejen con el bajo y la batería como amantes enredados en una danza eterna. Neta, este disco siempre te pone en mood, te hace recordar sabores pasados y antojos presentes que prometen futuros calientes.
¿Por qué carajos vengo sola a estos lugares? Porque aquí pasa la magia, wey. Aquí los cuerpos se sueltan como el jazz, sin reglas.
Levantas la vista y los ves entrar: dos morros guapísimos, con camisas abiertas que dejan ver pechos firmes y tatuajes que serpentean como ríos de tinta. El alto, con pelo revuelto y ojos verdes que brillan como el tequila bajo la luna, se llama Alex. El otro, más compacto, moreno con sonrisa pícara, es Marco. Se sientan cerca, piden whiskies, y no pasa ni media rola antes de que Alex te guiñe el ojo. "¿Te late el Corea?" te pregunta, señalando el altavoz. Asientes, sonriendo con esa chispa que sientes crecer en el estómago, como burbujas de champán subiendo por tu espinazo.
Hablan de música, de cómo Chick Corea Trio Past Present Futuros captura el alma del tiempo: pasado con sus ecos melancólicos, presente vibrante, futuro lleno de promesas salvajes. Marco se acerca, su rodilla roza la tuya bajo la mesa, un toque eléctrico que te hace apretar los muslos. Huele a colonia fresca con un fondo de sudor masculino, ese olor que te acelera el pulso. Chido, piensas, mientras ríes de sus chistes tontos sobre pendejos que no saben improvisar en la cama como en el jazz.
El deseo se enciende lento, como el solo de piano que ahora llena el bar. Alex te toma la mano, te invita a bailar. Su palma es cálida, callosa de cuerdas de guitarra, y cuando te pega a su cuerpo, sientes la dureza de su pecho contra tus tetas, el calor irradiando a través de la tela fina de tu blusa. Marco se une por detrás, sus caderas moviéndose al ritmo, su verga semi-dura presionando contra tu culo. "¿Quieres venir con nosotros?" murmura Alex en tu oído, su aliento caliente oliendo a menta y deseo. Dices que sí, con la voz ronca, el corazón latiendo como la batería del disco.
Acto uno termina aquí, pero el verdadero show apenas comienza.
Salen al fresco de la noche mexicana, el bullicio de la Condesa zumbando alrededor: risas de parejas, cláxones lejanos, olor a taquitos asándose en la esquina. Caminan hasta el hotel boutique a dos cuadras, un lugar chido con luces tenues y sábanas de algodón egipcio. En el elevador, ya no hay barreras. Alex te besa primero, labios suaves pero hambrientos, lengua explorando tu boca con sabor a whisky dulce. Marco muerde tu cuello, suave, dejando un rastro húmedo que te eriza la piel. Tus manos bajan, palpan sus paquetes endureciéndose bajo los jeans. Neta, qué ricura de vergas, piensas, mientras gimes bajito.
En la habitación, el aire acondicionado susurra fresco contra tu piel ardiente. Se quitan la ropa con urgencia controlada, como si improvisaran un standard de jazz. Tú te desabrochas el sostén, dejando que tus chichis salten libres, pezones duros como piedras de obsidiana. Alex se arrodilla, lame uno, succiona con esa succión perfecta que te hace arquear la espalda. Marco te besa el ombligo, baja más, sus dedos abren tus labios húmedos. Hueles tu propia excitación, almizclada y salada, mezclada con el perfume de sus cuerpos.
Esto es el presente puro, cabrones. Pasado olvidado, futuro jodidamente prometedor.
Te tumban en la cama, king size que cruje suave bajo el peso de tres. Alex se posiciona entre tus piernas, su lengua danza en tu clítoris como los dedos de Chick en el teclado: rápida, precisa, haciendo vibrar cada nervio. Marco te ofrece su pinga, gruesa y venosa, con una gota perlada en la punta. La chupas con ganas, saboreando la sal de su piel, el músculo latiendo en tu boca. Gimes alrededor de ella, el sonido ahogado enviando ondas de placer a tu cuca empapada. Alex mete dos dedos, curvados justo ahí, frotando ese punto que te hace ver estrellas.
El tiempo se diluye. Recuerdas amantes pasados —un wey en la playa de Puerto Vallarta, otro en un antro de Guadalajara— pero esto es mejor, más intenso. Cambian posiciones: tú encima de Marco, su verga llenándote hasta el fondo, estirándote deliciosamente. Cada embestida sube y baja con el ritmo del bajo del disco que pusieron en el Bluetooth del cuarto. Alex detrás, lubricado, presiona su punta contra tu ano. "¿Sí o no, preciosa?" pregunta, voz ronca de contención. "¡Sí, pendejos, métanmela ya!" gritas, y lo hace, lento, milímetro a milímetro, hasta que estás llena por ambos lados.
El roce es exquisito, sus vergas separadas por una delgada pared, frotándose mutuamente a través de ti. Sudas, el olor a sexo inunda la habitación: almizcle, semen preeyaculatorio, tu jugo chorreando por los muslos de Marco. Tocan tus tetas, pellizcan pezones, besos en cascada por tu cuello, hombros. Tus caderas giran, cabalgando el placer, el slap-slap de piel contra piel como percusión jazzística. Chick Corea Trio Past Present Futuros suena de fondo, las notas elevándose con tu clímax aproximándose.
La tensión crece, espiral ascendente. Tus paredes se aprietan, ordeñando sus vergas. Marco gime primero, "¡Me vengo, chula!", y sientes su leche caliente inundando tu cuca, pulsos calientes que te empujan al borde. Alex acelera, sus bolas golpeando tu culo, y explota con un rugido, llenándote por atrás. Tú estallas, un orgasmo que te sacude como un solo de batería furioso: luces detrás de los párpados, pulso tronando en oídos, cuerpo convulsionando, gritando neteces incoherentes.
Colapsan sobre ti, pesados y sudorosos, risas ahogadas entre jadeos. El afterglow es puro terciopelo: pieles pegajosas enfriándose, besos suaves, dedos trazando patrones perezosos en tu vientre. Huelen a sexo satisfecho, a promesas cumplidas. Apagan la música, pero el eco de Chick Corea Trio Past Present Futuros queda en el aire, recordándote que el pasado fue bueno, el presente épico, y el futuro... quién sabe, tal vez más tríos en noches mexicanas calientes.
Esto no termina aquí. El jazz siempre llama para más.
Se duchan juntos, agua caliente lavando fluidos, manos jabonosas explorando de nuevo, pero suaves, tiernas. Sales del hotel al amanecer, besos de despedida con números en el teléfono. Caminas por las calles despertando, el sol tiñendo todo de oro, un calor residual entre las piernas. Futuros sensuales, piensas, sonriendo. Neta, vida chida.