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Trio Eléctrico con Elon Musk

7742 palabras

Trio Eléctrico con Elon Musk

El aire en el lobby del hotel Four Seasons en Polanco olía a jazmín fresco y a ese perfume caro que usan los ejecutivos que se creen dueños del mundo. Yo, Ana, con mi vestido negro ceñido que me hacía sentir como una diosa mexa, caminaba entre la gente del evento de Tesla. Hacía calor, pero no por el clima de la CDMX, sino por la adrenalina de saber que Elon Musk andaba por ahí, inaugurando su nueva gigafábrica cerca de Monterrey. Como emprendedora en startups de energía renovable, había sacado boleto VIP para acercarme a él, platicar de baterías y quién sabe qué más.

Lo vi de lejos primero: alto, con esa sonrisa pícara que parece salida de un meme viral, pero en carne y hueso. Sus ojos azules escanearon la multitud como si estuviera calculando trayectorias de cohetes. Me acerqué con una cerveza artesanal en la mano, fingiendo casualidad. Qué chido, Ana, no te rajes, me dije mientras mi corazón latía como tamborazo zacatecano.

"Hola, Elon, soy Ana López, de EcoVolt. Tu visión con las solares me vuela la cabeza", le solté en inglés con acento chilango marcado. Él se giró, me miró de arriba abajo, y supe que había conexión. "Ana, qué gusto. México siempre me sorprende con mujeres como tú", respondió con esa voz grave que vibra en el pecho. Hablamos de paneles solares, de colonizar Marte, pero sus ojos se clavaban en mis labios, y yo sentía el calor subiendo por mis muslos.

De repente, se acercó una morra impresionante: Sofia, su asistente ejecutiva, una culona latina con curvas de infarto, cabello negro largo y labios rojos que gritaban pecado. "Elon, la junta en diez", dijo ella, pero su mirada se quedó en mí, juguetona. "Únete, Ana. Vamos a mi suite, hay tequila reposado y vista al skyline", propuso él. Sofia sonrió, y yo pensé: ¿esto va para un trío con Elon Musk? No mames, qué onda.

Mi piel ya picaba de anticipación, el olor de su colonia mezclándose con mi perfume de vainilla, y el roce accidental de su mano en mi cintura me dejó mojadita en segundos.

Subimos al penthouse en el elevador privado. El silencio era espeso, cargado de electricidad. Sofia presionó el botón, y Elon se paró detrás de mí, su aliento caliente en mi nuca. "¿Nerviosa?", murmuró. "Pos un poquito, pero chida", contesté, girándome para rozar mis tetas contra su pecho firme. Sofia rio bajito, "Pendejas, las dos quieren lo mismo". Sus palabras fueron como un detonador.

La suite era un paraíso: luces tenues, jacuzzi burbujeante, botella de Don Julio 1942 abierta. Olía a limón y madera ahumada. Nos sentamos en el sofá de piel, yo en medio. Elon sirvió shots, y con el primero, sus dedos rozaron los míos, enviando chispas por mi espina. Sofia, sin pena, puso su mano en mi rodilla, subiendo despacito. "Cuéntanos de ti, Ana. ¿Qué te prende?", preguntó ella, su voz ronca como noche de antro.

Yo tragué saliva, el tequila quemándome la garganta. Estas dos bellezas me van a volver loca. "Me prenden los hombres que sueñan grande... y las mujeres que no se rajan", respondí coqueta. Elon se inclinó, besó mi cuello suave, su barba raspando delicioso. Sofia capturó mis labios, su lengua dulce invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta. Gemí bajito, mis pezones endureciéndose contra el vestido.

Las manos de Elon bajaron a mis muslos, abriéndolos con gentileza. "Relájate, preciosa", susurró, mientras Sofia desabrochaba mi vestido, exponiendo mis chichis bronceadas por el sol de Acapulco. El aire fresco besó mi piel, y sus bocas siguieron: Elon chupando un pezón, Sofia lamiendo el otro. Qué mamada, pensé, arqueándome. Sus lenguas eran fuego, húmedas y expertas, el sonido de succiones húmedas llenando la habitación.

Me recostaron en la cama king size, sábanas de seda fría contra mi espalda ardiente. Sofia se quitó el top, sus tetas perfectas rebotando libres. "Míralas, Elon, esta chilanga está lista", dijo juguetona. Él se desnudó rápido: su verga gruesa, venosa, parada como cohete listo para lanzamiento. Olía a hombre limpio, sudor fresco y deseo puro. Yo la tomé en mano, piel suave sobre acero, palpitando caliente.

Nunca imaginé un trío con Elon Musk, pero carnal, su pinga era todo lo que los chismes prometían: grande, dura, y con ganas de explorarme.

Sofia se arrodilló entre mis piernas, besando mi panocha depilada, su aliento caliente haciendo que mi clítoris se hinchara. "Estás chorreando, nena", murmuró antes de lamer despacio, su lengua plana y juguetona. Grité suave, agarrando las sábanas. Elon se acercó a mi boca, y abrí wide, saboreando su prepucio salado, el gusto almendrado de su piel. Lo chupé profundo, garganta relajada, mientras Sofia metía dos dedos en mi concha, curvándolos en mi punto G.

El ritmo subió: succiones, gemidos ahogados, el slap de piel contra piel. Cambiamos posiciones como en un ballet erótico. Yo encima de Sofia, comiéndole la panocha rosada y jugosa, su sabor ácido dulce inundando mi lengua, mientras Elon me penetraba desde atrás. Su verga entraba centímetro a centímetro, estirándome delicioso, el roce interno mandando ondas de placer. "¡Sí, cabrón, cógetela duro!", gritó Sofia, sus uñas en mis caderas.

Elon embestía firme, sus bolas golpeando mi clítoris con cada thrust. Sudor corría por su pecho, goteando en mi espalda, salado en mi piel. Sofia se retorcía bajo mi boca, "¡No pares, pinche diosa!". Mi orgasmo crecía como tormenta, vientre contrayéndose, pulsos acelerados. Esto es eléctrico, como sus carros. Gemí alrededor de la lengua de Sofia cuando ella me lamió el ano juguetona, y exploté: jugos salpicando, cuerpo temblando, visión borrosa de luces de la ciudad.

No paramos. Elon sacó su verga chorreante de mí, la puso en la boca de Sofia, quien la mamó ansiosa mientras yo la besaba, probando mi propio sabor mezclado con él. Luego, Sofia montó a Elon, su culo rebotando hipnótico, tetas saltando. Yo me senté en su cara, mi panocha moliendo contra su lengua experta. Él me pellizcaba las nalgas, "Qué rico te mueves, Ana". El olor a sexo impregnaba todo: almizcle, sudor, fluidos íntimos.

La tensión peak: Sofia gritó primero, corriéndose en la verga de Elon, contrayéndose visible. Yo seguí, segunda ola más intensa, chorros calientes en su pecho. Elon rugió, "¡Me vengo!", sacando y eyaculando chorros espesos sobre nosotras, caliente y pegajoso en piel, tetas, caras. Lamimos todo, besándonos en un enredo de lenguas y semen salado.

Caímos exhaustos, respiraciones jadeantes sincronizadas. El jacuzzi nos llamó: agua caliente burbujeando, espuma perfumada a lavanda. Nos metimos los tres, cuerpos entrelazados. Elon me besó la frente, "Eres increíble, Ana". Sofia acarició mi muslo, "Volvemos a repetir, ¿verdad?". Reí, bebiendo agua fría que sabía a victoria.

Desperté al amanecer con el sol filtrándose por las cortinas, su brazo sobre mi cintura, Sofia acurrucada. Un trío con Elon Musk... quién lo diría. Mi cuerpo dolía rico, marcado por sus besos, y el corazón lleno de esa chispa que no se apaga.

Nos despedimos con promesas de más: él volando a Austin, nosotras quedando para brunch en Lalo!. Caminé a mi depa en la Roma, piernas flojas, sonrisa pendeja. La CDMX bullía afuera, pero yo llevaba mi propio rocket fuel interno. Chingón, el trío con Elon Musk. Listo para contárselo a mis morras... o no, puro secreto nuestro.

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