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El Bad Time Trio Game

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El Bad Time Trio Game

Estás en el depa de Luis en la Condesa, con el aire cargado de ese olor a tacos de la esquina y el humo dulce del incienso que Marco prendió pa' ambientar. La luz tenue de las veladoras parpadea sobre las paredes pintadas de colores chillones, y la música de cumbia rebajada retumba bajito desde el Spotify. Tú, Ana, la wey más aventada del grupo, te sientas en el sillón de piel sintética que cruje bajo tu peso, con las piernas cruzadas y el corazón latiéndote como tambor en quinceañera. Luis y Marco, tus carnales de toda la vida, te miran con ojos que brillan de picardía. Neta, esta noche se siente diferente. Han estado coqueteando toda la semana por WhatsApp, hablando de juegos locos, y ahora lo sueltan: el Bad Time Trio Game.

"Órale, Ana, ¿te late?", dice Luis, ese morro alto y atlético con tatuajes que se asoman por su playera negra ajustada. Su voz grave te eriza la piel, y huele a colonia barata mezclada con sudor fresco. Marco, el chistoso del trío, el de ojos cafés intensos y sonrisa pícara, asiente mientras se acomoda a tu lado, su muslo rozando el tuyo. "Es un juego cabrón, wey. El que la caga con el tiempo, pierde turno. Pero si aguantas el bad time, te llevas el premio gordo". Ríes nerviosa, sintiendo el calor subirte por el cuello. ¿Qué pedo? Siempre han sido cercanos, pero esto... esto es territorio nuevo, consentido al cien, puro deseo mutuo que ha estado bullendo como pozole en olla express.

Las reglas son simples pero jodidas: uno toca, lame o chupa al otro, pero solo hasta que el reloj marque bad time –un temporizador de dos minutos que suena como alarma de pinche carro robado. No puedes acabar antes, o pierdes. El que aguanta más rounds gana, y el premio es que los otros dos le cumplen un capricho. Te late la idea, te empodera esa sensación de control juguetón. "Va, pendejos, pero si me hacen trampa, les parto la madre", bromeas, y ellos carcajean, el sonido ronco llenando la habitación como eco en cantina.

¿Y si esto cambia todo? Neta, mi cuerpo ya está traicionándome, el calzón húmedo solo de imaginar sus manos en mí. Pero qué chido, soy yo la que manda en esto.

Empieza el primer round. Tú eliges a Luis como víctima. Te arrodillas frente a él en la alfombra persa, el olor a su entrepierna te golpea: almizcle masculino, limpio, adictivo. Desabrochas su chamarra y bajas el zipper lento, sintiendo la verga dura saltar como resorte. La tocas con la yema de los dedos, suave al principio, el calor palpitante contra tu palma. Él gime bajito, "¡No mames, Ana!", y el sonido te vibra en el pecho. Chupas la cabeza, saboreando la sal precursora, lengua girando como en paleta de chamoy. El temporizador corre, tic tac invisible, y justo cuando sientes su pulso acelerarse, beep beep beep. Bad time. Luis maldice, frustrado, su pecho subiendo y bajando como marathonista.

Ahora le toca a Marco contigo. Te recuestas en el sillón, piernas abiertas, el aire fresco besando tu piel expuesta cuando te quitas la falda. Él se hunde entre tus muslos, barba raspando suave tus ingles. Qué rico, piensas, mientras su aliento caliente roza tu panocha. Lamidas lentas, lengua plana lamiendo de abajo arriba, el sabor de tu propia excitación mezclado con su saliva. Tus caderas se alzan solas, buscando más, el sonido húmedo de su boca chupando tu clítoris como si fuera tamarindo. Gimes alto, "¡Ay, wey, no pares!", pero el pinche temporizador suena. Bad time otra vez. Te quedas jadeando, el vacío entre las piernas como castigo cruel, pezones duros pinchando la blusa.

La tensión sube como termómetro en primavera mexicana. Sudas, el olor a sexo empieza a impregnar el aire, dulce y pesado. Luis te besa ahora, lengua invadiendo tu boca con sabor a cerveza y deseo. Sus manos amasan tus chichis, pulgares frotando pezones hasta que duelen de placer. Marco desde atrás, mordisqueando tu cuello, dientes dejando marcas rojas que mañana dolerán chido. Te sientes reina, poderosa, guiando sus toques. "Más despacio, cabrones, háganme sufrir", ordenas, y obedecen, risas entrecortadas.

Segundo round. Tú con Marco: lo tumbas bocarriba, montas su cara como vaquera en rodeo. Su lengua se clava profundo, lamiendo paredes internas, el sonido chapoteante te hace sonrojar. Saboreas su verga mientras, 69 perfecto, tragándotela hasta la garganta, arcadas placenteras. Él gime contra tu coño, vibraciones que te llevan al borde. Beep. Bad time. Frustración compartida, risas nerviosas. "¡Esto está cabrón!", grita Marco, verga reluciente de tu saliva.

Luis te penetra con dedos ahora, dos adentro curvados tocando ese punto que te hace ver estrellas. "¡Sí, ahí, pendejo!", gritas, jugos chorreando por su mano. Marco chupa tus tetas, succionando fuerte, dejando moretones que mañana presumirás en el gym. El temporizador es tu enemigo, cortando cada ola de placer justo antes del crash. Tu mente gira: Los quiero adentro ya, joder, pero este juego me tiene loca de ganas. Soy dueña de esto, neta empoderada.

El calor entre nosotros es como taquería en hora pico, sudor, gemidos, piel contra piel. Huele a nosotros, a sexo crudo y consentido.

Tercer round, la intensidad explota. Ya no hay ropa, cuerpos desnudos brillando bajo las velas. Te ponen en el centro, sandwich humano. Luis atrás, verga rozando tu culo, lubricante fresco goteando frío. Marco enfrente, penetrándote lento, centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente delicioso. "¡Qué prieta, Ana!", murmura Marco, y tú respondes con uñas clavadas en su espalda. Mueven caderas en ritmo, uno entra mientras el otro sale, fricción doble que te llena. Gemidos se mezclan: el slap slap de carne, el squelch húmedo, tu voz ronca pidiendo más. El temporizador suena lejano esta vez, ignorado en la fiebre.

Pero no, reglas son reglas. Beep. Bad time. Los tres maldicen, riendo entre jadeos. "¡Ya valió, ya no aguanto!", confiesas, y ellos asienten, ojos en llamas. Acuerdan romper el juego: el premio es ahora. Te tumban suave en la cama king size, sábanas de algodón egipcio absorbiendo sudor. Luis te abre piernas, lengua y dedos trabajando tu clítoris hinchado. Marco te besa profundo, mano en tu garganta ligera, dominante pero tierno. Cambian, rotan, cada uno probándote, saboreándote. El orgasmo construye lento, bolas de fuego en vientre, pulsos acelerados en sienes.

Finalmente, entran de nuevo. Marco en tu panocha, Luis en tu boca primero, luego switch. Te follan en misionero doble, uno en coño, el otro frotando contra tu clítoris. "¡Córrete conmigo, reina!", gruñe Luis, y explotas. Olas de placer te barren, músculos contrayéndose, chorros calientes mojando sábanas. Ellos siguen, gruñendo, semen caliente llenándote, salpicando piel. El pico es eterno, estrellas detrás ojos cerrados, sabor salado en labios.

Después, afterglow puro. Acurrucados, piel pegajosa, respiraciones calmándose como mar después tormenta. Huelen a sexo satisfecho, almohadas oliendo a cabello mojado. Luis acaricia tu espalda, Marco besa frente. "Fue el mejor Bad Time Trio Game ever, wey", susurra Marco. Sonríes, cuerpo lánguido, empoderada al máximo.

Neta, esto no cambia nada y lo cambia todo. Amigos con beneficios chidos, deseo mutuo que late fuerte. Mañana repetimos, ¿no?

La noche termina con risas suaves, promesas de más juegos, el corazón lleno como pozole en domingo. Te sientes viva, sensual, dueña de tu placer.

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