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Mi Trio Ardiente con Travesti

6715 palabras

Mi Trio Ardiente con Travesti

La noche en Polanco estaba que ardía, con ese calor húmedo que te pega a la piel como una promesa de pecado. Yo, Alex, acababa de salir de un pinche día de oficina que me tenía hasta la madre, pero mi carnala Sofia me convenció de ir a un bar chido en Masaryk. Neta, ella siempre sabe cómo levantarme el ánimo. Sofia es de esas morras que te miran con ojos de fuego, curvas que no mienten y una risa que te hace querer comértela entera. Llevábamos un rato de coqueteo en la barra cuando apareció Luna.

Luna era una travesti de otro nivel, alta, con piernas interminables envueltas en un vestido negro ajustado que dejaba poco a la imaginación. Su pelo negro largo caía como cascada, y esos labios rojos gritaban ven y pruébame. Nos miró con una sonrisa pícara, pidio un tequila reposado y se acercó. "Qué onda, guapos, ¿se les ofrece compañía?" dijo con voz ronca, seductora, que me erizó la piel. Sofia y yo nos miramos, y supe que la idea de un trio con travesti acababa de plantarse en nuestras cabezas como un chiste caliente que se hace realidad.

Platicamos un rato, riéndonos de pendejadas, pero el aire se cargaba de electricidad. Luna nos contó que era de Guadalajara, que bailaba en shows de drag y que le encantaba explorar placeres nuevos. Sofia, juguetona como siempre, le rozó la mano. "Órale, mija, ¿y si nos vamos a mi depa? Tengo una botella de mezcal que nos va a poner bien locos." Yo sentía mi verga palpitando ya, imaginando esas tres cuerpos enredados.

¿Por qué no? Neta, un trio con travesti suena a la fantasía que siempre quise sin admitirlo.
Aceptamos, y salimos al valet, el corazón latiéndome como tambor en fiesta.

En el departamento de Sofia, con vistas al skyline de la CDMX brillando como diamantes, pusimos música de cumbia rebajada, esa que te mueve las caderas sin querer. El mezcal bajó suave, quemando la garganta con sabor a humo y agave, mientras nos sentábamos en el sofá de piel suave. Luna se quitó los tacones, dejando ver uñas pintadas de rojo fuego, y se recargó en mí. Su perfume, mezcla de vainilla y algo más salvaje, me invadió las fosas nasales. Sofia se acercó por el otro lado, besándome el cuello con labios húmedos, su aliento cálido oliendo a menta y deseo.

Empecé a besar a Sofia, lento, saboreando su lengua jugosa que danzaba con la mía, mientras Luna nos observaba con ojos entrecerrados. Sus manos, con uñas largas, bajaron por mi pecho, desabotonando mi camisa. Sentí sus tetas firmes presionando mi brazo, suaves como seda bajo el vestido. "Qué rico se ven juntos, wey", murmuró Luna, y Sofia rio bajito, un sonido gutural que me puso la piel de gallina. Le quité el top a Sofia, exponiendo sus chichis perfectas, pezones duros como piedras preciosas. Los lamí, sintiendo su sabor salado, mientras Luna se inclinaba para morderle el lóbulo de la oreja.

La tensión crecía como tormenta en el desierto. Sofia jadeaba, su mano bajando a mi pantalón, apretando mi verga dura como fierro a través de la tela. "Ya quiero verte de rodillas, Luna", le dijo Sofia con voz ronca. Luna sonrió, se arrodilló entre mis piernas, desabrochándome el cinturón con dientes. El sonido del zipper fue como un trueno. Sacó mi verga, palpitante, venosa, y la miró como si fuera un tesoro. Su lengua rosada la lamió desde la base hasta la punta, un roce húmedo y caliente que me hizo gemir. Sofia se masturbaba viéndonos, sus dedos hundiéndose en su concha mojada, el sonido chapoteante llenando el aire.

Pinche paraíso, un trio con travesti y mi Sofia... esto es mejor que cualquier sueño.

Luna chupaba como diosa, succionando con fuerza, saliva goteando por mis huevos, mientras sus ojos me clavaban. Sofia se unió, besando mi pecho, luego bajando a lamer mis bolas. Dos bocas calientes, lenguas entrelazadas alrededor de mi verga, gemidos sincronizados como sinfonía erótica. Olía a sexo puro, ese aroma almizclado de sudor y fluidos que te embriaga. Me corrí en su boca primero, chorros calientes que Luna tragó con deleite, compartiendo un beso con Sofia lleno de mi leche cremosa.

Pero no paró ahí. La llevamos a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel ardiente. Quitamos la ropa de Luna: su vestido cayó revelando un cuerpo escultural, tetas grandes y naturales, una verga semi-dura preciosa, depilada y lista. Sofia la besó con hambre, manos explorando cada curva. Yo me coloqué atrás de Luna, besando su espalda suave, oliendo su sudor dulce. Mi verga se endureció de nuevo contra su culo redondo, firme. "Cógeme despacio, papi", suplicó Luna, y lubriqué con saliva y gel que Sofia sacó del cajón.

Entré en ella lento, centímetro a centímetro, su calor apretado envolviéndome como guante de terciopelo. Luna gimió alto, un sonido animal que vibró en mi pecho. Sofia se acostó debajo, lamiendo la verga de Luna mientras yo la penetraba, su lengua rozando mis huevos al ritmo de mis embestidas. El colchón crujía, piel contra piel en palmadas rítmicas, sudor goteando como lluvia tropical. Luna follaba la boca de Sofia, sus caderas moviéndose con gracia de bailarina, mientras yo aceleraba, sintiendo su ano contrayéndose alrededor de mi verga.

Qué chingón, el ritmo era perfecto: yo empujando profundo, Luna gimiendo en la garganta de Sofia, quien se retorcía de placer. Cambiamos posiciones; Sofia cabalgó mi cara, su concha chorreante empapándome la boca con jugos dulces y salados. Lamí su clítoris hinchado, succionando mientras Luna me montaba, su verga rebotando contra mi abdomen. El aire estaba cargado de jadeos, "¡Sí, cabrón!", "¡Más duro!", olores de sexo intensos, pieles resbalosas de sudor.

La intensidad subió como volcán. Luna se corrió primero, chorros blancos salpicando el vientre de Sofia, quien gritó al orgasmar en mi boca, piernas temblando. Yo no aguanté más; saqué mi verga y exploté sobre sus tetas, semen caliente marcando territorio. Nos derrumbamos en un enredo de miembros, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

En el afterglow, con el skyline aún brillando afuera, nos acurrucamos. Luna fumaba un cigarro mentolado, el humo danzando perezoso. Sofia trazaba círculos en mi pecho. "Neta, ese trio con travesti fue épico", dijo Sofia riendo. Luna nos besó a ambos. "Repetimos cuando quieran, corazónes". Sentí una paz profunda, como si hubiéramos cruzado un umbral. El deseo satisfecho, pero ya soñando con la próxima noche. Porque en México, el placer no tiene fronteras.

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