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El Trio Ardiente de Gia e Itzel

6791 palabras

El Trio Ardiente de Gia e Itzel

La noche en Puerto Vallarta olía a sal marina mezclada con el humo dulce de las fogatas en la playa. El ritmo de la cumbia retumbaba desde los altavoces, haciendo que las olas parecieran bailar al compás. Yo, pendejo solitario en busca de aventura, tomé mi chela fría y me recargué en la barra improvisada de bambú. Ahí las vi por primera vez: Gia y Itzel, dos morenas despampanantes que parecían salidas de un sueño húmedo.

Gia era la más alta, con curvas que se marcaban bajo un vestido rojo ceñido que dejaba ver el brillo de su piel aceitada por el sol. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos cafés me clavaron como dagas cuando me sonrió. Itzel, más petite pero igual de rica, llevaba un bikini diminuto cubierto por una pareo translúcida que jugaba a esconder sus pechos firmes y su culo redondo. Reían entre ellas, moviéndose al ritmo de la música, y neta, su energía era magnética. Sentí un cosquilleo en el estómago, como si mi verga ya supiera lo que venía.

¿Qué chingados pasa con estas dos? Parecen listas para comerse el mundo... o a mí.

Me acerqué con mi mejor pose de galán, ofreciéndoles unas chelas. "Salud, reinas de la playa. ¿Qué hacen dos bellezas como ustedes solas en esta fiesta?" Gia se giró, su perfume a coco y vainilla invadiendo mis sentidos. "No estamos solas, guapo. Pero tal vez nos falte alguien para armar el verdadero desmadre." Itzel guiñó un ojo, rozando mi brazo con sus dedos suaves. "Gia, dile del Gia Itzel trio. Este wey parece que aguanta el ritmo."

El corazón me latió fuerte. ¿Gia Itzel trio? Sonaba a promesa de pecado. Charlamos un rato, coqueteando con miradas que quemaban y roces casuales que encendían chispas. Gia me contó que eran amigas de toda la vida, de Guadalajara, aquí de vacaciones. Itzel confesó que adoraban las noches locas, donde todo valía si fluía natural. La tensión crecía con cada sorbo de chela, cada risa compartida. Sus cuerpos se pegaban al mío en la pista de baile, el sudor mezclándose, el calor de sus pieles contra la mía. Olía a deseo, a piel caliente y arena húmeda.

Al cabo de una hora, Itzel susurró en mi oído: "Ven con nosotras a la suite. Vamos a hacer historia con el Gia Itzel trio." No lo pensé dos veces. Subimos al elevador del hotel, sus manos explorando ya: Gia apretando mi culo, Itzel besando mi cuello. El ding del elevador fue como un disparo de salida.

La suite era un paraíso con vista al mar, luces tenues y una cama king size que gritaba acción. Gia puso música suave, reggaetón lento con beats que palpitaban como mi pulso acelerado. Se quitaron las prendas con lentitud tortuosa, revelando cuerpos perfectos: tetas erguidas con pezones oscuros duros como piedras, coños depilados brillando de anticipación. Yo me desvestí rápido, mi verga saltando libre, dura y lista. "Mira lo que trajiste, Itzel", dijo Gia lamiéndose los labios. "Este pito va a volar con nuestro Gia Itzel trio."

Neta, esto es un sueño. Dos diosas mexicanas queriendo devorarme. No la cagues, carnal.

Empezaron besándome las dos a la vez, lenguas calientes enredándose con la mía. Saboreaban a tequila y frutas tropicales, sus gemidos suaves vibrando en mi boca. Gia se arrodilló primero, tomando mi verga en su mano suave, lamiendo la punta con la lengua plana, chupando lento mientras Itzel me besaba el pecho, mordisqueando mis pezones. El sonido de su saliva resbalando por mi tronco era obsceno, húmedo, delicioso. Sentí el calor de su boca envolviéndome, succionando con maestría, mientras Itzel masajeaba mis huevos, sus uñas rozando la piel sensible.

La llevé a la cama, donde el Gia Itzel trio cobró vida. Gia se recostó, abriendo las piernas para mostrar su coño rosado y jugoso. "Ven, chulo, prueba esto." Me zambullí, lamiendo sus labios hinchados, saboreando su miel salada y dulce. Olía a excitación pura, a mujer en celo. Itzel se sentó en la cara de Gia, frotando su clítoris contra la boca de su amiga mientras yo la penetraba con la lengua. Gia gemía ahogado, vibraciones que me volvían loco. "¡Sí, así, cabrón! Come ese chochito."

Cambiaron posiciones con gracia felina. Itzel montó mi verga, bajando despacio, su coño apretado tragándome centímetro a centímetro. El calor era infernal, sus paredes pulsando alrededor de mí. "¡Qué rico tu pito, wey! Lléname." Subía y bajaba, tetas rebotando, sudor perlando su piel morena. Gia se pegó a mí, besándome feroz mientras jugaba con el clítoris de Itzel, dedos rápidos y expertos. El slap de carne contra carne llenaba la habitación, mezclado con jadeos y "¡más duro!" y "¡no pares!". Sentía sus pulsos acelerados, el olor almizclado del sexo impregnando el aire.

La intensidad subía como marea. Itzel se corrió primero, gritando "¡Me vengo, pinche Gia Itzel trio!" Su coño se contrajo, ordeñándome, jugos calientes chorreando por mis bolas. La volteé, poniéndola a cuatro, embistiéndola profundo mientras Gia lamía donde nos uníamos, lengua en mi verga y en el ano de Itzel. "¡Qué puta delicia!", rugió Gia. Luego fue su turno: la puse boca arriba, piernas en hombros, clavándola hasta el fondo. Itzel chupaba sus tetas, mordiendo pezones, mientras yo la taladraba. Gia arañaba mi espalda, uñas dejando marcas ardientes. "¡Dame todo, amor! Hazme tuya en este trio."

Esto es el cielo, carnal. Sus cuerpos sudados, sus gemidos en mi oreja, el sabor de sus coños en mi boca. No duraré mucho más.

El clímax nos alcanzó como tormenta. Gia se vino temblando, coño convulsionando, gritando mi nombre mezclado con obscenidades mexicanas: "¡Chíngame, pendejo delicioso!" Itzel se unió, frotándose contra nosotros hasta explotar de nuevo. No aguanté: saqué mi verga palpitante y eyaculé chorros calientes sobre sus tetas y vientres, ellas lamiendo y frotando mi semen como crema fina. El placer era cegador, pulsos retumbando en mis oídos, cuerpos colapsando en un enredo sudoroso.

Nos quedamos ahí, respirando agitados, el mar rugiendo afuera como aplauso lejano. Gia me besó suave, Itzel acurrucada en mi pecho. "El mejor Gia Itzel trio de la vida", murmuró Itzel, riendo bajito. Gia asintió, trazando círculos en mi piel. "Vuelve mañana, rey. Esto apenas empieza."

Me vestí con piernas flojas, el cuerpo zumbando de satisfacción. Salí a la balcony, fumando un cigarro mientras el amanecer teñía el cielo de rosa. Olía a sexo residual en mi piel, sentía el eco de sus toques. Neta, Puerto Vallarta acababa de convertirse en mi paraíso personal. El Gia Itzel trio no era solo una noche; era una adicción que me tenía enganchado.

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