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Zach Try Guys Prueba con los Chavos

6843 palabras

Zach Try Guys Prueba con los Chavos

Era una noche calurosa en la playa de Cancún, el aire cargado con el olor a sal marina y humo de fogata. Yo, Zach, estaba ahí con los Try Guys: Ned, Keith y Eugene. Habíamos venido a México para grabar un video loco, algo de retos locochones como siempre. Pero esta vez, el tequila y las cervezas frías nos tenían bien prendidos. El sol se había metido hace rato, y la luna iluminaba las olas rompiendo suaves en la arena. Todos traíamos shorts flojos y playeras sin mangas, sudando bajo las estrellas.

¿Qué chingados estoy pensando? —me dije a mí mismo mientras veía a Keith reírse fuerte, su pecho moreno brillando con sudor—. Nunca he probado con un wey, pero neta que se ven chidos. ¿Será que esta noche pasa algo?

Estábamos sentados en círculo alrededor de la fogata, pasando una botella de mezcal. Ned, el más serio, propuso un reto nuevo: Zach Try Guys, pero versión adulta. "Zach, prueba con los chavos", dijo Keith con una sonrisa pícara, guiñándome el ojo. Todos se rieron, pero yo sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas cabronas. El calor del fuego lamía mi piel, y el sonido de las olas me ponía nervioso, expectante.

Al principio fue juego. Eugene me dio un masaje en los hombros, sus manos firmes hundiéndose en mis músculos tensos. Olía a protector solar y a hombre, un aroma terroso que me mareaba. "Relájate, carnal", murmuró cerca de mi oreja, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Mi verga dio un salto en los shorts. Órale, esto se está poniendo interesante, pensé, mientras el tacto de sus dedos bajaba por mi espalda, rozando la curva de mi cintura.

La tensión crecía como la marea. Ned se acercó, ofreciéndome un trago directo de la botella. Sus labios rozaron los míos al pasarla, un contacto eléctrico que me dejó la boca seca. "Prueba esto primero", dijo, y su voz grave vibró en mi pecho. Keith no se quedó atrás; se paró detrás de mí, presionando su cuerpo contra el mío. Sentí su dureza contra mi espalda, dura como piedra. El olor a sudor masculino y mar me invadió las fosas nasales, y mi pulso se aceleró, latiendo en mis sienes.

¿Esto es real? ¿O nomás el mezcal hablando? —me cuestioné, pero mi cuerpo ya respondía, la piel erizándose bajo sus toques.

Nos movimos a la cabaña cercana, una choza de palapa con hamacas y colchonetas en el piso. La brisa nocturna entraba por las ventanas abiertas, trayendo el aroma de jazmín silvestre. Nos quitamos las playeras, revelando cuerpos tonificados por años de retos y gimnasio. Keith me empujó suave contra una hamaca, sus ojos oscuros clavados en los míos. "Dime si quieres parar, Zach", susurró, pero yo negué con la cabeza, el deseo ardiendo en mi vientre.

Sus labios capturaron los míos en un beso hambriento, áspero al principio, luego suave como miel. Sabía a tequila y sal, su lengua explorando mi boca con urgencia. Mis manos subieron por su pecho, sintiendo los músculos duros bajo la piel suave, el vello ralo raspando mis palmas. Eugene y Ned miraban, sus respiraciones pesadas llenando el aire. Ned se unió, besando mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Un gemido se me escapó, vibrando contra la boca de Keith.

La ropa voló. Mis shorts cayeron, y mi verga saltó libre, palpitante y lista. Keith la tomó en su mano grande, acariciándola lento, el roce de sus callos enviando chispas por mi espina. "Mira qué chula, wey", dijo con voz ronca, y yo me arqueé, el placer como fuego líquido. Eugene se arrodilló, su aliento caliente sobre mis bolas antes de lamerlas, un toque húmedo y eléctrico que me hizo jadear. El sabor salado de mi piel en su lengua, lo sentía en su mirada hambrienta.

Neta que esto es lo mejor que he probado. Sus bocas, sus manos... no quiero que pare nunca.

Ned me volteó, presionándome contra él. Su verga gruesa rozaba mi culo, lubricada con saliva y deseo. "Relájate, carnal", me dijo al oído, mientras Keith chupaba mis pezones, endureciéndolos con dientes y lengua. El sonido de succiones húmedas y gemidos bajos llenaba la cabaña, mezclado con el crujir de las hamacas y el lejano romper de olas. Olía a sexo puro: almizcle, sudor, precum goteando.

La intensidad subía. Eugene metió un dedo en mí, lubricado con aceite de coco que olía dulce y tropical. El estiramiento ardía delicioso, un dolor que se convertía en placer cuando rozaba ese punto dentro. "¡Ah, cabrón!", grité, y ellos rieron suaves, animándome. Keith se posicionó frente a mí, su verga en mi boca. La tomé, saboreando la piel sedosa sobre acero, salada y venosa. La chupé con ganas, garganta profunda, mientras Ned empujaba lento dentro de mí.

El llenado fue abrumador: grueso, caliente, pulsando. Cada embestida mandaba ondas de éxtasis por mi cuerpo, mis nervios cantando. Sudor goteaba por nuestras pieles resbalosas, el slap-slap de carne contra carne resonando. Eugene se masturbaba viéndonos, su mano volando, hasta que se acercó y yo lo tomé en la otra mano, sincronizando ritmos. Toques everywhere: uñas arañando espaldas, lenguas lamiendo axilas, besos desordenados.

Mi mente era un torbellino. Esto es Zach Try Guys de verdad, probando todo con estos chavos calientes. El clímax se acercaba, tensión coiling como resorte. Ned aceleró, gruñendo en mi oído: "Me vengo, wey". Su calor explotó dentro, semen caliente bañándome. Eso me llevó al borde. Keith en mi boca se tensó, salpicando mi lengua con chorros espesos, amargos y adictivos. Tragué, gimiendo alrededor de él.

Eugene y yo nos corrimos juntos, mi verga erupcionando en su mano, pintando su pecho. El orgasmo me sacudió como tsunami, visión borrosa, músculos convulsionando, un grito gutural escapando. El mundo se redujo a sensaciones: semen pegajoso, respiraciones jadeantes, cuerpos temblando en aftershocks.

Nos derrumbamos en las colchonetas, enredados. El aire fresco secaba nuestro sudor, trayendo olores calmados: piel satisfecha, mar, humo lejano. Keith me besó la frente, suave ahora. "Fue chido, ¿verdad?", murmuró. Asentí, exhausto y pleno.

Nunca pensé que probar con los chavos sería así de intenso. Me siento vivo, conectado. ¿Repetimos mañana?

La luna entraba por la ventana, bañándonos en plata. Ned pasó un brazo por mi cintura, Eugene apoyó la cabeza en mi pecho. El latido de sus corazones se sincronizaba con el mío, un ritmo pacífico. Afuera, las olas susurraban promesas de más noches así. México nos había cambiado, Zach Try Guys había pasado de reto a revelación. Cerré los ojos, saboreando el regusto salado en mi boca, el calor residual en mi cuerpo. Esto era solo el principio.

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