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Try Catch Java en Piel Ardiente

7694 palabras

Try Catch Java en Piel Ardiente

Todo empezó en ese hackatón en el corazón de la Condesa, con el bullicio de laptops zumbando y el aroma a café recién molido flotando en el aire. Yo, un pinche desarrollador freelance de treinta tacos, andaba ahí tratando de impresionar con mi app de delivery chida. Ella apareció como un bug inesperado en mi código: morena, con curvas que parecían curvas de una gráfica perfecta, ojos cafés intensos y una sonrisa que decía "órale, güey, ¿listo pa'l desmadre?". Se llamaba Ana, pero todos la conocían como Java por su maestría en ese lenguaje. Neta, el destino es un cabrón.

Estábamos en el mismo equipo, resolviendo un reto de backend. Sus dedos volaban sobre el teclado, tecleando líneas de código con una gracia que me ponía la piel chinita. "Try esto, carnal", me dijo mientras compartía pantalla, su perfume a vainilla y jazmín invadiendo mi espacio. "Si falla, catch la excepción y sigue". Su voz ronca, con ese acento chilango puro, me erizaba los vellos de la nuca. Yo asentí, sintiendo un calor subiendo desde el estómago, como si mi CPU se estuviera overheating.

Al final del día, ganamos. Celebramos con chelas en un bar cercano, luces neón parpadeando y música de cumbia rebajada sonando bajito. Nos sentamos pegaditos en una banca de cuero gastado, nuestras rodillas rozándose accidentalmente –o no tanto–. El roce era eléctrico, como un static en mi piel. "

¿Sabes qué es lo mejor del try catch en Java?
", me soltó de repente, su aliento cálido con sabor a limón de la chela rozando mi oreja. "
Te deja probar sin miedo a que todo se vaya al carajo.
" Sus ojos se clavaron en los míos, y juro que vi chispas. El deseo creció lento, como un loop infinito en mi mente: ¿la invito? ¿Y si la cago?

–Órale, Java, ¿vamos por un café de verdad? –le propuse, mi voz saliendo más ronca de lo planeado.
Ella rio, una carcajada que vibró en mi pecho. –Hecho, pendejo. Pero en mi depa, que tengo un molinillo que te va a volar la cabeza.

Llegamos a su penthouse en Polanco, minimalista con ventanales que daban a las luces de la ciudad brillando como estrellas caídas. El aire olía a madera pulida y a ella, ese jazmín que ya me tenía loco. Preparó el café –java puro, negro y humeante–, y nos sentamos en el sofá de terciopelo gris, tan cerca que sentía el calor de su muslo contra el mío. Hablamos de código, de bugs que nos han jodido la vida, pero el aire se cargaba de tensión. Sus dedos rozaron mi mano al pasarme la taza, y el toque fue como un event handler: disparó todo.

La miré fijo. –Ana, esto es como un try catch java: voy a intentar besarte, y si no sale, lo catch y sigo.
Ella se mordió el labio inferior, hinchado y jugoso. –Prueba, güey. No hay excepciones esta noche.

Acto dos: el beso fue una explosión. Sus labios suaves, calientes, sabían a café amargo y miel de sus chicles. La tomé por la cintura, sintiendo la curva de sus caderas bajo la blusa de algodón fina, el tejido resbalando como seda contra mis palmas sudadas. Gemí bajito cuando su lengua se coló en mi boca, danzando con la mía en un ritmo salvaje. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba el cuarto, mezclado con el zumbido lejano del tráfico de Reforma.

La cargué hasta la recámara, sus piernas envolviéndome la cintura como enredaderas. La cama king size nos recibió con sábanas de satén fresco, contrastando con el fuego de nuestros cuerpos. La desvestí despacio, besando cada centímetro de piel expuesta: el cuello salado, los hombros redondos oliendo a loción de coco. Sus pechos, firmes y grandes, con pezones oscuros endureciéndose al aire. "

¡Ay, cabrón, qué chido!
", jadeó cuando lamí uno, el sabor salado explotando en mi lengua mientras succionaba suave.

Pero no era solo físico; en mi cabeza giraban pensamientos locos.

¿Y si la cago? ¿Si no soy suficiente para esta diosa del código?
Ella lo notó, me jaló el pelo suave. –Relájate, amor. Es try catch: pruebas, fallas, aprendes. Ahora, catch esto. –Se bajó los jeans ajustados, revelando bragas de encaje negro empapadas. El olor a su excitación, almizclado y dulce como miel caliente, me golpeó como un runtime error placentero.

La tumbé boca arriba, besando su vientre plano, bajando hasta el monte de Venus. Introduje la lengua despacio, saboreando su humedad salada, los pliegues hinchados palpitando contra mi boca. Sus gemidos subían de volumen, "¡Sí, así, pendejo!", gritaba, sus uñas clavándose en mis hombros, dejando surcos ardientes que dolían chido. Metí dos dedos, curvándolos en ese punto que la hizo arquearse como un gato. El sonido húmedo de mi movimiento era obsceno, sincronizado con sus jadeos entrecortados. Sudábamos, el aire cargado de nuestro olor mezclado: sudor, sexo, café residual.

Me volteó como si nada, experta. –Mi turno de catch tu java, carnal. –Bajó mi bóxer, mi verga saltando dura como acero, venosa y palpitante. Su mano tibia la envolvió, masturbándome lento mientras lamía la punta, saboreando el precum salado. El calor de su boca era infernal, succionando con vacuum perfecto, su lengua girando como un algoritmo eficiente. Gemí fuerte, el placer subiendo en oleadas, mis bolas apretándose.

Neta, esta morra es un framework completo
, pensé, mientras la veía tragar más profundo, saliva chorreando por su barbilla.

La tensión crecía, física y mental. Quería durar, pero su boca era letal. La subí, posicionándola a horcajadas. –Try montándome, Java. –Ella se empaló despacio, su panocha apretada envolviéndome centímetro a centímetro, caliente y resbalosa. El estiramiento era exquisito, sus paredes contrayéndose como código vivo. Cabalgó fuerte, pechos rebotando, sudor perlando su piel cobriza. El slap slap de carne contra carne resonaba, mezclado con sus "¡Chíngame más!" y mis gruñidos animales.

Cambiábamos posiciones como métodos en una clase: de lado, con mi mano en su clítoris frotando círculos; perrito, embistiéndola profundo, sintiendo su culo redondo contra mi pubis, oliendo su cabello revuelto. Cada thrust construía la presión, mis pensamientos un torbellino:

Esto es el clímax perfecto, sin exceptions
.

Acto tres: el release llegó como un finally block inevitable. La puse misionero, mirándola a los ojos, nuestros cuerpos sincronizados en un ritmo frenético. –¡Me vengo, amor! –gritó ella primero, su panocha convulsionando alrededor de mi verga, ordeñándome con espasmos potentes. El apretón me lanzó al abismo; eyaculé dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador explotando en mi espina dorsal. Gemimos juntos, el mundo reduciéndose a ese pulso compartido, sudor enfriándose en nuestra piel pegada.

Colapsamos, respiraciones calmándose lento. La abracé, besando su frente húmeda, el olor a sexo impregnando las sábanas. –Eso fue el mejor try catch java de mi vida –murmuré, riendo bajito.
Ella se acurrucó, trazando patrones en mi pecho. –Y ni una sola excepción, pendejo. Mañana debuggeamos el afterglow.

Nos quedamos así, envueltos en el afterglow tibio, la ciudad zumbando afuera como un código infinito. Sabía que esto no era un one-shot; era el inicio de un proyecto eterno, consensual y chingón. El deseo se había resuelto, pero la chispa seguía ardiendo, lista para el próximo compile.

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