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Intenta Adivinar Mi Fantasia

5889 palabras

Intenta Adivinar Mi Fantasia

Estabas sentado en la barra de ese bar chido en Polanco, con el ruido de copas chocando y la cumbia suave sonando de fondo. El aire olía a tequila reposado y a perfume caro, ese que te hace voltear la cabeza. Ahí la vi, Mariana, con su vestido negro ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo moreno y prieto. Sus ojos cafés te clavaron como dardos, y se acercó con una sonrisa pícara, moviendo las caderas al ritmo de la música.

¿Qué carajos hace esta diosa aquí sola? pensaste, mientras ella se paraba a tu lado y pedía un margarita. "Hola, guapo", dijo con voz ronca, ese acento chilango que te eriza la piel. "Try to guess qué quiero ahorita". Sus labios rojos se curvaron, y el calor de su aliento te rozó la oreja. Sentiste un cosquilleo en el estómago, como si el mundo se hubiera detenido solo para ustedes dos.

Te reíste nervioso, el pulso acelerándose. "¿Qué? ¿Try to guess? ¿En serio?" Ella asintió, pasando un dedo por el borde de su copa, lamiendo la sal con la lengua despacio. "Simón, wey. Adivina qué deseo me quema por dentro. Si aciertas, te sigo a donde sea". El juego empezó ahí, con miradas que se comían mutuamente, el olor de su piel mezclándose con el limón fresco de la bebida.

Primero intentaste con algo inocente: "Quieres bailar". Ella negó con la cabeza, riendo bajito, y su mano rozó tu muslo por accidente —o no—. El tacto fue eléctrico, suave como terciopelo caliente. "Inténtalo de nuevo, pendejo juguetón". La tensión crecía, el bar parecía más oscuro, más íntimo. Cada guess tuyo fallido la acercaba más, su rodilla presionando contra la tuya, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela.

Salieron del bar tomados de la mano, el viento nocturno de la Ciudad de México trayendo olor a jacarandas y asfalto mojado. Caminaron unas cuadras hasta su depa en una torre reluciente, el ascensor zumbando mientras ella te empujaba contra la pared. "Try to guess otra vez", murmuró, sus labios a milímetros de los tuyos. El beso llegó como una explosión: sabor a tequila y miel en su boca, lenguas danzando con urgencia, manos explorando espaldas arqueadas.

Esta chava me va a volver loco, neta. Su piel sabe a pecado, y no pienso parar hasta saber todo.

Adentro, la luz tenue de las velas iluminaba su sala minimalista, con posters de Frida y un olor a vainilla quemándose. Ella te jaló al sofá, sentándose a horcajadas sobre ti. "Adivina qué parte de mí está mojada ya", susurró, guiando tu mano bajo su vestido. El calor húmedo te golpeó los dedos, suave y resbaloso, haciendo que tu verga se pusiera dura como piedra contra tus jeans. "¡Carajo, Mariana!", gemiste, mientras ella reía triunfante, moliéndose contra tu palma.

El juego escaló. Se quitó el vestido lento, revelando lencería roja que contrastaba con su piel canela. Sus tetas firmes subían y bajaban con cada respiro agitado, pezones duros pidiendo atención. "Try to guess cómo me gusta que me chupen", dijo, arqueando la espalda. Tus labios obedecieron, saboreando la sal de su piel, el dulce de su areola endureciéndose en tu lengua. Ella jadeó, clavando uñas en tu nuca, el sonido gutural saliendo de su garganta como música prohibida.

Te desvistió con impaciencia, manos expertas bajando tus pantalones. "Mira qué chula verga traes, wey. A ver si adivinas cuánto la quiero en mi boca". Sus labios la envolvieron, cálidos y húmedos, succionando con maestría. El olor almizclado de su arousal llenaba el aire, mezclado con tu sudor fresco. Sentiste cada vena latiendo bajo su lengua juguetona, el gluglú de su garganta vibrando, llevándote al borde.

Órale, esta morra sabe lo que hace. Me tiene temblando, pero yo controlo... ¿o no?

La cargaste al cuarto, su risa resonando mientras caían en la cama king size. Sábanas de algodón egipcio suaves contra vuestras pieles ardientes. Ella abrió las piernas, invitándote: "Intenta adivinar si estoy lista pa' ti". Tus dedos confirmaron lo obvio: resbaladiza, palpitante, chorreando deseo. La penetraste despacio al principio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretándote como un guante vivo. "¡Sí, cabrón, así!", gritó, caderas subiendo a tu ritmo.

El vaivén se volvió feroz, piel contra piel chocando con palmadas húmedas. Sudor perlaba sus curvas, goteando en tu pecho, sabor salado cuando lamiste su cuello. Sus gemidos subían de tono, mezclados con el crujir de la cama y tu respiración entrecortada. "Más fuerte, try to guess hasta dónde aguanto", suplicó, uñas arañando tu espalda. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgando como amazona, tetas rebotando hipnóticas, su clítoris rozando tu pubis con cada bajada.

La volteaste a cuatro patas, admirando su culo redondo y perfecto. El olor de sexo puro invadía la habitación, espeso y embriagador. Entraste de nuevo, profundo, manos en sus caderas tirando de ella. "¡Me vengo, wey, no pares!", aulló, su coño contrayéndose en espasmos que te ordeñaban. Tú la seguiste segundos después, explotando dentro con un rugido, chorros calientes llenándola hasta rebosar.

Colapsaron juntos, cuerpos entrelazados, pulsos martilleando al unísono. El afterglow era puro éxtasis: su cabeza en tu pecho, escuchando tu corazón galopante, dedos trazando lazy circles en tu piel húmeda. El aire olía a semen y pasión satisfecha, con un toque de su perfume persistente. "Adivinaste perfecto al final", murmuró ella, besando tu hombro. "Pero la próxima, try to guess desde el principio".

Neta, esta noche cambió todo. Su cuerpo, su juego, su fuego... quiero más, mucho más.

Se quedaron así hasta el amanecer, con la ciudad despertando afuera, prometiendo más rondas del juego más íntimo. El deseo no se apagó; solo se transformó en algo más profundo, adictivo.

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