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Noche de Pasion con el Vocalista de El Tri

7253 palabras

Noche de Pasion con el Vocalista de El Tri

Estás en el Auditorio Nacional, el aire cargado de sudor y euforia, miles de almas gritando al ritmo de El Tri. La guitarra rasga el escenario como un trueno, y ahí está él, el vocalista de El Tri, con esa voz ronca que te eriza la piel. Sudor perlando su frente, camisa negra pegada al torso musculoso, ojos que barren la multitud como si buscaran algo... o a alguien. Tú, parada en primera fila con tu boleto VIP que conseguiste por pura suerte en un sorteo, sientes su mirada clavarse en ti. Neta, no puede ser, piensas, mientras tu corazón late como el bombo de la banda.

Termina el show con "Triste Canción de Amor", y la gente enloquece. Tú aplaudes hasta que te duelen las manos, el olor a cerveza y tabaco flotando en el aire caliente. De pronto, un roadie te jala del brazo. "

Órale, güerita, el vocalista quiere verte atrás
", te dice con una sonrisa pícara. ¿Qué pedo? Tu pulso se acelera, las piernas te tiemblan mientras sigues al tipo por pasillos oscuros, el eco de la música aún retumbando en tus oídos.

Backstage es un desmadre chido: botellas de tequila por todos lados, risas y abrazos. Y ahí lo ves, recargado en una pared, toalla al cuello, bebiendo agua fría. El vocalista de El Tri te mira directo, esa sonrisa lobuna que has visto en pósters ahora es real, oliendo a hombre, a rock y a noche loca. "

¿Qué onda, preciosa? Te vi desde el escenario. ¿Cómo te llamas?
" Su voz, esa misma que canta himnos rebeldes, te envuelve como humo.

"Soy Laura", respondes, tratando de sonar casual, pero tu voz sale ronca, traicionera. Él se acerca, el calor de su cuerpo te roza, huele a colonia cara mezclada con sudor fresco. "Laura... qué nombre tan chido. ¿Quieres un trago? Ven, platiquemos." Te lleva a un sofá viejo pero cómodo, sirven tequilas en vasos de plástico. Hablan de la música, de cómo El Tri te ha marcado desde chava, de la vida nómada de gira. Sus ojos no te sueltan, y tú sientes mariposas en el estómago, un cosquilleo bajito que sube despacio.

Es el vocalista de El Tri, cabrón. No mames, ¿esto está pasando?

La plática fluye, risas fáciles, roces casuales: su mano en tu rodilla al gesticular, tu hombro rozando su brazo. El tequila calienta tu vientre, y el deseo se enciende como cerillo. "

Sabes, Laura, tienes unos ojos que matan. Me traes loco desde que te vi brincando allá adelante
", confiesa, su aliento cálido en tu oreja. Tú lo miras, mordiéndote el labio, el pulso latiendo en tus sienes. "Tú tampoco estás tan chingón, ¿eh?", respondes juguetona, y él ríe, esa carcajada grave que vibra en tu pecho.

El beso llega natural, como el siguiente acorde de una rola. Sus labios carnosos presionan los tuyos, lengua explorando con hambre contenida. Sabe a tequila y a victoria, manos grandes subiendo por tu espalda, atrayéndote contra su pecho duro. Tú gimes bajito, el mundo se reduce a su tacto áspero, al roce de su barba incipiente en tu piel suave. "

Vámonos de aquí
", murmura contra tu boca, y tú asientes, perdida en el vértigo.

Salen por la puerta trasera, su chofer los espera en una camioneta negra. El trayecto al hotel en Polanco es un tormento dulce: besos robados en el asiento trasero, sus dedos trazando círculos en tu muslo bajo la falda corta, tu mano apretando el bulto creciente en sus jeans. El tráfico de la noche mexicana zumba afuera, luces neón parpadeando, pero adentro solo existe el jadeo compartido, el olor a excitación empapando el aire.

Llegan al suite presidencial, luces tenues, cama king size con sábanas de hilo egipcio. Él te carga como si no pesaras, te arroja suave sobre el colchón, quitándose la camisa de un tirón. Su torso tatuado brilla bajo la lámpara, músculos definidos por años de escenarios. Tú te incorporas de rodillas, besas su abdomen, lengua lamiendo el salitre de su piel. "

Qué rica eres, Laura. Me vas a volver loco
", gruñe, manos enredándose en tu pelo.

Su piel sabe a rock, a rebeldía, a todo lo que siempre quise tocar.

Te desnuda despacio, reverente: falda deslizándose, blusa volando, brassiere cayendo. Sus ojos devoran tus curvas, pechos firmes, caderas anchas listas para él. Tú lo jalas de la cintura, desabrochas sus jeans, liberas su verga dura, palpitante, gruesa como prometía el bulto. La acaricias, siente su calor en tu palma, venas marcadas, gota perlada en la punta que lames con deleite. Él gime fuerte, "¡Chin... qué chido!", caderas empujando instintivo.

Se tumba, te sube encima, boca capturando un pezón, succionando con maestría que te arquea la espalda. Mordisquea suave, lengua girando, mientras dedos hurgan tu entrepierna húmeda, resbaladiza. "

Estás chorreando, preciosa. Todo para mí
", dice triunfante, metiendo dos dedos, curvándolos justo ahí, el punto que te hace gritar. Tú cabalgas su mano, caderas ondulando, pechos rebotando, el slap de piel mojada resonando en la habitación. El olor a sexo inunda todo, almizcle dulce de tu excitación mezclada con su sudor masculino.

No aguantas más. Lo empujas boca arriba, te posicionas sobre él, rozas su punta contra tu entrada caliente. Bajas despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso alrededor de su grosor. "¡Ay, wey, qué grande!", jadeas, y él ríe, manos en tus nalgas guiándote. Empiezas a moverte, lento al inicio, sintiendo cada vena, cada pulso. Él empuja arriba, sincronizando, el ritmo como una rola de El Tri: cruda, potente, imparable.

El sudor nos une, piel resbalosa chocando, gemidos mezclándose con el tráfico lejano. Sus manos aprietan tus tetas, pellizcando pezones, boca lamiendo tu cuello, mordiendo suave. Tú aceleras, clavículas marcadas bajo tus uñas, el placer subiendo como ola. "

¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo!
", exiges, y él obedece, volteándote de golpe a cuatro patas. Entra de nuevo, profundo, bolas golpeando tu clítoris, mano en tu pelo jalando ligero para arquearte.

Es puro fuego, este hombre. El vocalista de El Tri follándome como diosa.

El clímax te azota primero: contracciones apretándolo, grito ahogado en la almohada, jugos chorreando por tus muslos. Él sigue, gruñendo animal, embestidas erráticas hasta que se tensa, chorro caliente llenándote, colapsando encima con peso delicioso. Respiran agitados, corazones galopando al unísono, piel pegajosa enfriándose en afterglow.

Se acurrucan, su brazo alrededor de tu cintura, besos perezosos en tu hombro. "

Fue chingón, Laura. Neta, la mejor noche en mucho tiempo
", susurra, voz somnolienta. Tú sonríes en la oscuridad, dedos trazando sus tatuajes, el aroma a sexo lingering como promesa. Piensas en el amanecer, en volver a la vida normal, pero con este recuerdo grabado en la piel: la pasión del vocalista de El Tri, un secreto ardiente que te cambia para siempre.

Duermes pegada a él, soñando rolas y caricias, el pulso de la ciudad arrullándote bajito.

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