Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Pruébame Beyoncé Pruébame Beyoncé

Pruébame Beyoncé

5661 palabras

Pruébame Beyoncé

La música retumbaba en el antro de Polanco, un lugar chido donde la gente guapa se soltaba sin pudor. Yo, Daniela, me movía al ritmo de esa rola de Beyoncé que ponían una y otra vez, sintiendo el bajo vibrar en mi pecho como si me estuviera follando desde adentro. Mi vestido negro ajustado se pegaba a mi piel sudada, marcando cada curva de mis chichis y mi culo redondo. El aire olía a perfume caro, tequila y ese sudor excitado que se arma cuando todos quieren lo mismo: acción.

Lo vi de reojo. Alto, moreno, con una sonrisa pícara que gritaba confianza. Se acercó bailando, sus ojos clavados en mí como si ya me estuviera desnudando. "¿Bailas como Beyoncé, carnala?", me gritó al oído para que lo oyera por encima del ruido. Su aliento cálido me rozó la oreja, oliendo a mentitas y deseo puro. Me reí, girando para restregarme contra él un segundo, sintiendo su paquete duro presionando mi cadera.

"

Try me Beyoncé
", le solté en inglés, juguetona, imitando la voz de la reina. Era mi frase estrella esa noche, mi desafío. Él arqueó la ceja, emocionado. "Órale, güeyita, ¿así que quieres que te pruebe como a la diva?". Sus manos se posaron en mi cintura, firmes pero suaves, y empezamos a movernos juntos. Su piel era cálida, áspera por la barba incipiente cuando rozó mi cuello. Olía a colonia masculina, de esas que te hacen mojar las panties sin querer.

Nos quedamos así un rato, bailando pegaditos, sus dedos trazando círculos en mi espalda baja, bajando poquito a poco hasta rozar mi nalga. Mi corazón latía fuerte, un tambor en el pecho, y entre mis piernas sentía ese cosquilleo que subía como fuego. Este pendejo sabe lo que hace, pensé, mientras lo veía a los ojos, oscuros y hambrientos.

Acto uno cerrado: pedimos unos tequilas en la barra. "Me llamo Alex", dijo, chocando su vaso contra el mío. "Y tú eres mi Beyoncé mexicana". Reí, lamiendo la sal de mi mano, sintiendo su mirada devorarme la lengua. "Daniela, pero hoy soy tuya para probar". La tensión ya estaba ahí, eléctrica, como antes de una tormenta.

Salimos del antro tomados de la mano, el aire fresco de la noche en Reforma nos golpeó, pero el calor entre nosotros no bajaba. Su coche era un Tsuru tuneado, nada fancy pero chingón para la ciudad. En el camino a su depa en la Roma, su mano subió por mi muslo, apretando suave. "No mames, estás bien rica", murmuró, y yo abrí las piernas un poquito, invitándolo. Sentí sus dedos rozar mi tanga húmeda, y gemí bajito. El olor a mi propia excitación llenaba el auto, mezclado con su colonia.

Llegamos y apenas cerró la puerta, me empujó contra la pared. Sus labios cayeron sobre los míos, duros y urgentes, saboreando a tequila y a mí. Su lengua invadió mi boca, explorando, mientras sus manos subían mi vestido, arrancándome el sostén. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. "Chúpamelas", le ordené, y él obedeció, succionando uno con hambre, mordisqueando suave hasta que arqueé la espalda, gimiendo su nombre.

Caímos en la cama, un colchón king size con sábanas frescas que contrastaban con nuestra piel ardiente. Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de mi cuerpo: el ombligo, las caderas, el interior de mis muslos. Su aliento caliente me volvía loca, y cuando llegó a mi concha, ya estaba chorreando. Lamio mi clítoris con maestría, círculos lentos que me hacían temblar. "¡Ay, cabrón, qué rico!", grité, enredando mis dedos en su pelo negro y revuelto. Olía a sexo puro, a jugos míos en su cara.

Pero yo no era pasiva. Lo volteé, quitándole la playera para lamer su pecho marcado, bajando hasta su verga tiesa, gruesa y venosa, palpitando en mis manos. La chupé despacio al principio, saboreando el precum salado, metiéndomela hasta la garganta mientras él gemía "¡Sí, Beyoncé, así!". Sus caderas se movían, follándome la boca, pero yo controlaba el ritmo, mirándolo con ojos de diosa.

La intensidad subía. Me monté encima, frotando mi concha mojada contra su pija, lubricándola. "

Pruébame ahora, Alex
", le susurré, y bajé de golpe, empalándome hasta el fondo. ¡Dios! Llenándome completa, estirándome delicioso. Empecé a cabalgar, mis chichis rebotando, sudor goteando entre nosotros. Él agarraba mi culo, guiándome, metiendo dedos en mi ano para más placer. Los sonidos eran obscenos: piel contra piel, mis gemidos roncos, su respiración agitada. El cuarto olía a sudor, a corrida retenida, a nosotros.

Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome fuerte, profundo. Cada estocada tocaba mi punto G, mandándome ondas de placer. "¡Más duro, pendejo! ¡Fóllame como se merece Beyoncé!", le exigí, arañando su espalda. Él aceleró, sus bolas golpeando mi culo, hasta que sentí el orgasmo venir, un tsunami. Exploté gritando, mi concha apretándolo como un puño, chorros de jugo empapando las sábanas.

No paró. Siguió dándome verga hasta que él también se vino, gruñendo, llenándome de leche caliente que se desbordaba. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa y corazones galopando.

En el afterglow, yacíamos enredados, su cabeza en mis tetas, caricias suaves. El cuarto se enfriaba, pero nosotros seguíamos calientes. "Eres increíble, Daniela. Mi Beyoncé real", murmuró, besando mi hombro. Sonreí, trazando su pecho con el dedo. Esto fue chingón, pero ¿y mañana?, pensé. No importaba. Esa noche, el desafío "try me Beyoncé" había valido la pena. Me dormí con su olor en mi piel, sabiendo que lo recordaría cada vez que pusieran una rola de la diva.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.