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Tríos con Flacas que Encienden

7054 palabras

Tríos con Flacas que Encienden

La noche en la playa de Cancún estaba caliente como el tequila reposado que corríamos en los vasos. El aire olía a sal marina mezclada con el humo de las fogatas y el perfume dulce de las morras que bailaban al ritmo de la cumbia rebajada. Tú, con tu piel bronceada por el sol del día, sentías el arena tibia entre los dedos de los pies mientras observabas el movimiento de las caderas. Habías venido de la CDMX buscando aventura, neta, algo que te sacara de la rutina de oficina y tráfico eterno.

Ahí las viste: dos flacas que parecían salidas de un sueño húmedo. La primera, Karla, con su cabello negro largo hasta la cintura, delgada como un junco pero con curvas justas en las tetas y el culo que se marcaban bajo el bikini rojo diminuto. La otra, Sofía, rubia teñida, ojos verdes felinos y un cuerpo esbelto que se movía como serpiente, flaca pero con esa carne firme que promete mordidas. Estaban riendo, bebiendo chelas, y cuando sus miradas se cruzaron con la tuya, sentiste un cosquilleo en la verga que te puso tieso al instante.

—Órale, guapo, ¿vienes a bailar o nomás a mirar? —te soltó Karla con esa voz ronca, chueca, típica de las chilangas que se la pasan de fiesta.

Tú sonreíste, el corazón latiéndote como tambor en desfile.

Estas flacas son puro fuego, carnal. ¿Y si armamos un trío con flacas esta noche? Neta, sería la neta del planeta.
Te acercaste, el olor de su loción de coco invadiendo tus fosas nasales, y empezaste a platicar. Sofía te rozó el brazo con sus dedos fríos de la chela, y Karla te guiñó el ojo mientras te pasaba un trago. La tensión crecía con cada risa, cada roce accidental que no lo era tanto.

La música retumbaba, el bajo vibrando en tu pecho, y pronto estabas entre ellas, bailando. Sus cuerpos flacos pero calientes se pegaban al tuyo: el sudor de Karla goteando por su cuello delgado, el aliento de Sofía con sabor a limón y cerveza rozando tu oreja. Pinche paraíso, pensaste, mientras tus manos bajaban por sus espaldas lisas como seda. Ellas no se apartaban; al contrario, Karla te mordió el lóbulo de la oreja y Sofía te apretó el paquete con disimulo.

—¿Y si nos vamos a mi hotel, carnal? —propuso Sofía, sus labios pintados de rojo rozando tu mejilla—. Queremos probar un trío con flacas como nosotras. ¿Te animas?

El pulso se te aceleró, la sangre hirviendo. Sí, joder, sí. Caminaron por la playa, la luna iluminando sus siluetas esbeltas, el sonido de las olas rompiendo como promesa de lo que vendría. En el lobby del hotel, el aire acondicionado te erizó la piel, pero el calor entre los tres era insoportable.

Subieron al elevador, y apenas se cerraron las puertas, Karla te besó con hambre, su lengua delgada explorando tu boca, saboreando a tequila y deseo. Sofía se pegó por detrás, sus tetas pequeñas pero duras contra tu espalda, manos bajando a desabrocharte el short.

Esto es real, no un sueño. Tríos con flacas de ensueño, y yo en medio.
El ding del elevador los sacó del trance, riendo como pendejos excitados.

En la habitación, luces tenues, cama king size con sábanas blancas crujientes. Se quitaron la ropa con lentitud tortuosa. Karla se paró frente a ti, flaca y perfecta, pezones oscuros erectos, panocha rasurada brillando de jugos. Sofía se desnudó a un lado, su cuerpo lampiño, piernas largas abiertas invitándote. Tú te quedaste en calzones, la verga palpitando, el olor almizclado de sus arousals llenando el cuarto.

—Ven, cabrón, nos tienes mojaditas —dijo Karla, tirándote a la cama.

Empezó el juego. Tú en medio, ellas a los lados. Besos alternados: labios suaves, lenguas danzando, manos por todos lados. Tocaste sus pieles lisas, frágiles pero calientes, dedos hundidos en caderas huesudas. Karla te mamó la verga primero, boca experta chupando despacio, saliva caliente resbalando, mientras Sofía te besaba el pecho, mordiendo pezones. El sonido de succión húmeda, gemidos ahogados, te volvía loco. Su piel sabe a sal y sol, pensaste, oliendo su sudor fresco.

Cambiaron posiciones. Sofía se sentó en tu cara, su panocha flaca abierta, jugos dulces goteando en tu lengua. La lamiste con ganas, clítoris hinchado pulsando, ella gimiendo "¡Ay, sí, así, pinche rico!" mientras Karla montaba tu verga, deslizándose lenta, su coñito apretado como guante. Sentías cada vena tensa, el calor envolviéndote, sus nalgas chocando contra tus muslos con palmadas suaves.

La tensión subía como olla exprés.

Estas flacas me van a matar de placer. Cada embestida, cada lamida, es puro éxtasis.
Karla rebotaba más rápido, tetas saltando, sudor perlando su piel delgada. Sofía se corría primero, temblando sobre tu boca, chorro caliente en tu barbilla, gritando "¡Me vengo, cabrón!". Tú la sujetaste por las caderas flacas, dedos hundiéndose en carne suave.

Intercambiaron. Ahora Karla en tu cara, sabor más intenso, salado, mientras Sofía cabalgaba, sus muslos delgados apretándote. El cuarto olía a sexo puro: panocha mojada, verga sudada, perfume mezclado. Gemidos en coro, pieles chocando, el colchón crujiendo. Tú sentías el orgasmo acercándose, bolas tensas, pero aguantabas, queriendo más.

—Juntas, mis flacas —gruñiste, volteándolas boca abajo.

Las pusiste de rodillas, culos en pompa, flacos pero firmes. Metiste la verga en Karla por atrás, embistiendo fuerte, mientras lamías a Sofía. Ellas se besaban entre sí, lenguas enredadas, manos en tetas. El slap-slap de carne contra carne, sus ayes agudos, te empujaron al borde. El olor de sus culos sudados, el sabor de Sofía en tu lengua...

Sofía se metió debajo, mamándote las bolas mientras follabas a Karla. La flaca gritaba, coño contrayéndose, viniéndose de nuevo. Tú no aguantaste: sacaste la verga, eyaculaste chorros calientes sobre sus espaldas delgadas, semen blanco goteando por vértebras marcadas. Ellas se voltearon, lamiendo lo que quedaba, besos compartiendo tu leche.

El clímax los dejó jadeando, cuerpos enredados en la cama revuelta. Sudor enfriándose, pulsos calmándose al unísono. Karla te acarició el pecho, Sofía la nuca.

Neta, los tríos con flacas son otro nivel. Esto no se olvida.

Se ducharon juntos después, agua caliente lavando fluidos, risas y besos suaves bajo el chorro. En la cama, desnudos, platicaron de la vida: ellas de Guadalajara, tú de la capital, prometiendo repetir. El amanecer tiñó el cielo de rosa, olas lejanas susurrando. Te dormiste entre sus cuerpos flacos, pieles cálidas pegadas, el corazón lleno de esa paz post-sexo que solo dan las noches perfectas.

Despertaste con sus manos en ti de nuevo, pero esa es otra historia. Por ahora, saboreabas el afterglow, el recuerdo de esos tríos con flacas que cambiaron tu verano para siempre.

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