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Bad Time Trio Descarga Explosiva

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Bad Time Trio Descarga Explosiva

La música retumbaba en la fiesta de la Condesa, con ese thump thump que te hacía vibrar hasta los huesos. El aire olía a tequila reposado mezclado con perfume caro y sudor fresco de cuerpos bailando pegaditos. Tú, con tu vestido negro ajustado que marcaba cada curva, sentías las miradas de Alejandro y Marco desde el otro lado de la sala. Wey, neta que eran guapos los dos: Alejandro con su cabello revuelto y esa sonrisa pícara que prometía problemas, y Marco, alto, musculoso, con tatuajes asomando por la camisa desabotonada. Amigos de toda la vida, pero esta noche el ambiente estaba cargado, como si el aire mismo quisiera que pasara algo chido.

¿Y si les sigo la corriente? —pensaste, mientras dabas un trago a tu michelada, el limón picante en la lengua despertando algo profundo en tu vientre—. Han estado coqueteando toda la noche, tocándome la cintura al pasar, susurrándome chistes sucios al oído. No mames, se siente riquísimo.

Alejandro se acercó primero, su aliento cálido contra tu cuello oliendo a mentas y ron. "Órale, mami, ¿ya te cansaste de bailar sola? Ven, que Marco y yo tenemos un plan pa' ti". Su mano rozó tu cadera, un toque ligero pero eléctrico, como corriente que te eriza la piel. Marco llegó por detrás, su pecho firme presionando tu espalda, y sentiste su verga semi-dura contra tus nalgas. "Sí, wey, un bad time trio pa' descargar toda esa tensión que traes", murmuró Marco, su voz grave vibrando en tu espinazo. Reíste, pero el calor entre tus piernas ya te traicionaba, la humedad empapando tus calzones.

Los seguiste a una recámara upstairs, el pasillo oscuro iluminado solo por luces neón filtrándose de la fiesta. La puerta se cerró con un clic suave, y de pronto el mundo se achicó a los tres. El cuarto olía a sábanas limpias y velas de vainilla encendidas por alguien antes. Alejandro te besó primero, sus labios suaves pero urgentes, lengua explorando tu boca con sabor a tequila dulce. Marco observaba, mordiéndose el labio, hasta que se unió, besando tu cuello, chupando el lóbulo de tu oreja mientras sus manos subían por tus muslos.


Te quitaron el vestido despacio, como si saborearan cada centímetro de piel expuesta. El aire fresco besó tus tetas, pezones endureciéndose al instante. "Qué chingonas estás, carnala", gruñó Alejandro, tomando una en su boca, succionando con fuerza que te arrancó un gemido. Marco se arrodilló, besando tu ombligo, bajando hasta los calzones empapados. Sentiste su nariz rozando tu monte de Venus, inhalando tu aroma almizclado de excitación. "Neta, hueles a pecado, wey", dijo antes de arrancártelos con los dientes, la tela rasgándose levemente.

Te recostaron en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo tu peso. Alejandro se desvistió, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen que brillaba bajo la luz tenue. Marco igual, la suya más larga, curvada perfecto pa' tocar ese punto que te volvía loca. Te miraron, esperando tu señal. "¡Chínguenme ya, pendejos!", exigiste, abriendo las piernas, tu concha hinchada y reluciente invitándolos.

El medio empezó con toques suaves, exploración. Alejandro lamió tu clítoris, lengua plana y lenta, mientras Marco chupaba tus tetas, pellizcando pezones hasta doler rico. Gemías bajito, el sonido ahogado por la música lejana, pulsos acelerados latiendo en tus sienes.

Esto es una locura, pero qué padre locura —pensaste, arqueando la espalda—. Sus bocas en mí, calientes, húmedas, sincronizadas como si hubieran practicado.
Cambiaron: Marco entre tus piernas ahora, dos dedos metiéndose en ti, curvándose contra tu pared frontal, saliendo con jugos que chorreaban por tu culo. Alejandro te besaba, su verga frotándose en tu muslo, dejando rastros calientes y pegajosos.

La tensión subía como olla exprés. Querías más, lo necesitabas. "Métanmela, weyes, no me dejen con las ganas". Alejandro se posicionó primero, la cabeza de su verga abriendo tu entrada, estirándote deliciosamente. Entró despacio, centímetro a centímetro, el olor a sexo llenando el cuarto, piel contra piel chapoteando. Marco se arrodilló en la cama, ofreciéndote su verga a la boca. La tomaste, saboreando la sal de su piel, mamándola profunda mientras Alejandro te embestía, sus bolas golpeando tu perineo.


El ritmo se aceleró. Alejandro salía y entraba con fuerza, tu concha apretándolo como guante, jugos salpicando las sábanas. Marco follaba tu boca, manos en tu cabello, gimiendo "¡Qué chingón tu boquita!". Cambiaron posiciones fluidamente, como en un baile sucio. Ahora Marco te cogía por atrás, a cuatro patas, su verga tocando fondo, mientras Alejandro debajo de ti, chupando tu clítoris expuesto. Sentías todo: el estirón en tu coño, la lengua juguetona, dedos en tu ano rozando sin entrar, promesas de más.

¡No mames, voy a explotar! —gritaste en tu mente, sudor perlando tu frente, mezclándose con el de ellos—. Sus cuerpos contra el mío, músculos tensos, respiraciones entrecortadas. Huele a puro vicio, a bad time trio en su máxima expresión.

La intensidad creció. Te pusieron en el centro otra vez, tú encima de Alejandro, cabalgándolo reversa, su verga hundiéndose mientras rebotabas, tetas saltando. Marco se paró frente a ti, metiéndotela en la boca de nuevo, pero luego... "Órale, wey, hagámosle doble", propuso Alejandro. Asentiste frenética, el deseo nublando todo. Lubricante de la mesita —¡qué preparados!—, y Marco presionó contra tu ano, despacio, respetando cada "sí, más" tuyo. Entró, el ardor inicial convirtiéndose en placer pleno, las dos vergas separadas solo por una delgada pared, moviéndose en tándem.

El mundo se redujo a sensaciones: el slap slap de carne, gemidos guturales, tu clítoris frotándose contra el pubis de Alejandro. Olías su sudor masculino, sentías pulsos en venas hinchadas dentro de ti. "¡Me vengo, cabrones!", gritaste, el orgasmo rompiéndote en olas, coño y culo contrayéndose, ordeñándolos. Ellos no aguantaron: Alejandro descargó primero, chorros calientes inundando tu interior, gimiendo tu nombre. Marco siguió, llenándote el culo, semen goteando cuando salió.


Colapsaron los tres, enredados en sábanas revueltas, respiraciones jadeantes calmándose. El cuarto apestaba a sexo crudo, placer descargado. Alejandro te besó la frente, Marco acarició tu espalda. "Qué bad time trio descargar tan épico, ¿no?", bromeó Marco, riendo suave. Tú sonreíste, cuerpo lánguido, satisfecho hasta los tuétanos.

Esto no fue un error, fue liberación pura —reflexionaste, mientras sus brazos te envolvían—. Amigos antes, algo más ahora. Y qué chido se siente.

La fiesta seguía abajo, pero ustedes se quedaron ahí, charlando pendejadas, planeando la próxima. El afterglow te envolvía como manta tibia, sabiendo que esta noche había cambiado todo pa' bien.

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