Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trio HMH con Doble Penetracion Ardiente Trio HMH con Doble Penetracion Ardiente

Trio HMH con Doble Penetracion Ardiente

7151 palabras

Trio HMH con Doble Penetracion Ardiente

La noche en la playa de Playa del Carmen olía a sal marina y a coco tostado bajo el sol poniente. Ana caminaba descalza por la arena tibia, su bikini rojo ceñido a sus curvas generosas, el viento juguetón levantando mechones de su cabello negro azabache. Hacía calor, pero no tanto como el que sentía bullir en su vientre desde que Marco y Luis la invitaron a su cabaña privada. Eran weyes guapísimos, altos y morenos, con esos ojos cafés intensos que prometían travesuras. Marco, el más coqueto, con tatuajes que serpenteaban por sus brazos musculosos; Luis, el callado pero intenso, con una sonrisa que derretía hasta el hielo de las chelas.

¿Qué pedo, Ana? ¿Vienes a relajarte o a armar desmadre? le había dicho Marco esa tarde por WhatsApp, con un emoji de diablito. Ella respondió con un guiño virtual, pero en su mente ya fantaseaba. Neta, hacía meses que no se soltaba así, desde que rompió con su ex pendejo. Esta noche, en esa cabaña con vista al mar Caribe, todo parecía perfecto para un trio HMH doble penetracion que le habían platicado sus amigas en confidencias de cantina.

Entraron riendo, con cervezas frías en la mano. La cabaña era chida: madera oscura, hamacas colgando, luces tenues que bailaban con la brisa. Pusieron reggaetón suave, Bad Bunny susurrando promesas de placer. Ana se sentó entre ellos en el sofá de mimbre, sintiendo el calor de sus cuerpos flanqueándola. Marco le rozó el muslo con los dedos, casual pero cargado de intención.

Pinche calorcito este wey, me va a prender como yesca
, pensó ella, mordiéndose el labio.

Luis le ofreció un trago de tequila reposado, el aroma ahumado invadiendo sus fosas nasales. Bebieron de la misma botella, labios húmedos encontrándose en el borde. Salud por las noches que no se olvidan, murmuró él, su voz grave como el rumor de las olas. Ana sintió un cosquilleo en la piel, los pezones endureciéndose bajo la tela fina. Marco se inclinó, su aliento cálido en su cuello: Eres una ricura, Ana. ¿Qué tal si jugamos un poco?

El beso empezó inocente, labios rozándose, pero pronto Marco la devoraba con hambre, su lengua explorando la dulzura de su boca, sabor a tequila y menta. Luis observaba, su mano subiendo por su espalda, desatando el nudo del bikini. Sus tetas saltaron libres, pesadas y firmes, y Luis las acunó con palmas ásperas de tanto surfear. Qué chingón se siente esto, jadeó Ana internamente, mientras Marco chupaba un pezón, succionando con fuerza que enviaba descargas eléctricas directo a su entrepierna.

La tensión crecía como marea alta. Ana se recargó en el sofá, piernas abiertas invitando. Luis bajó su boca por su vientre, lamiendo el sudor salado, hasta llegar al borde del bikini inferior. Lo jaló despacio, revelando su panocha depilada, ya húmeda y reluciente. Mira qué mojada estás, preciosa, gruñó él, inhalando su aroma almizclado de excitación. Su lengua se hundió en ella, lamiendo el clítoris hinchado, chupando con maestría mientras Marco le besaba el cuello, mordisqueando la oreja.

Ana gemía bajito, ay wey, las caderas moviéndose solas contra la boca de Luis. El sonido era obsceno: lengüetazos húmedos, succiones, sus jadeos roncos mezclándose con la música. Tocó la verga de Marco por encima del short, dura como piedra, palpitante. Quítatelo todo, ordenó ella, empoderada, voz ronca de deseo. Los shorts cayeron, revelando dos vergas gruesas, venosas, listas. La de Marco más larga, la de Luis más gorda, ambas apuntando a ella como imanes.

Se levantaron, piel contra piel en el calor pegajoso. Ana los besó a ambos, alternando lenguas, probando sus sabores distintos: Marco salado y masculino, Luis dulce con toque de tequila. Caminaron tambaleantes al cuarto, colchón king size esperándolos bajo un techo de palmeras. Se tumbaron, ella en medio, manos explorando cada centímetro.

Esto es el paraíso, dos machos para mí sola, neta voy a explotar
.

El medio acto ardía. Marco se posicionó detrás, untando lubricante fresco en su ano virgen para esto, dedos girando despacio, abriéndola con ternura. Relájate, mi reina, te vamos a hacer volar, susurró. Luis enfrente, verga rozando su entrada delantera, resbaladiza de jugos. Ana temblaba, nervios y placer mezclados. Sí, chinguenme los dos, haganme suya, suplicó, voz quebrada.

Luis entró primero, centímetro a centímetro, llenándola hasta el fondo. ¡Qué estirada tan rica! pensó ella, paredes vaginales apretándolo. Marco presionó atrás, la punta rompiendo resistencia, deslizándose en su culo apretado. Dolor fugaz se fundió en éxtasis puro: trio HMH doble penetracion en acción, ambos dentro, moviéndose alternos. El roce interno era brutal, vergas frotándose separadas por una delgada membrana, pulsos sincronizados con su corazón desbocado.

Los sonidos llenaban la habitación: carne chocando contra carne, plaf plaf, gemidos guturales, sudor goteando. Ana olía su propio arousal, mezclado con el almizcle de ellos, pieles resbalosas. Tocaba su clítoris, acelerando el fuego. Más duro, pinches cabrones, no paren, gritaba, uñas clavándose en hombros. Marco aceleró, embistiendo profundo, sacudiendo su próstata implícita de placer. Luis la besaba, tragando sus alaridos, tetas rebotando con cada thrust.

La intensidad escalaba, como tormenta tropical. Internamente, Ana luchaba con el abrumador placer:

Me van a partir en dos, pero qué chido, soy su diosa follada
. Pequeños orgasmos la sacudían, contracciones ordeñando sus vergas. Ellos gruñían, conteniéndose, sudor perlando torsos definidos. Cambiaron posiciones: Ana encima de Luis, cabalgándolo vaginalmente, Marco penetrando anal desde atrás, brazos rodeándola como tenazas amorosas.

El clímax se acercaba inexorable. Me vengo, weyes, anunció ella, voz ahogada. Explosó primero, un tsunami de placer, panocha convulsionando, chorros calientes empapando a Luis. Ellos la siguieron: Marco eyaculando en su culo, chorros calientes inundándola; Luis llenando su coño, semen mezclándose con sus jugos. Gemidos se fundieron en un coro primal, cuerpos temblando unidos.

El afterglow fue dulce. Se derrumbaron enredados, respiraciones agitadas calmándose al ritmo de las olas lejanas. Ana entre ellos, pieles pegajosas de sudor y fluidos, besos suaves post-orgasmo. Marco le acariciaba el cabello: Eres increíble, Ana. El mejor trio HMH doble penetracion de mi vida. Luis asintió, besando su hombro: Repetimos cuando quieras, reina.

Se ducharon juntos después, agua tibia lavando pecados, risas compartidas. Salieron a la terraza, chelas en mano, estrellas brillando sobre el mar. Ana se sentía plena, empoderada, deseada.

Neta, esto cambia todo. Soy libre, soy fuego
. La noche terminaba, pero el recuerdo ardía eterno, promesa de más noches salvajes en la Riviera Maya.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.