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La Chica Para Trío Mhm

6295 palabras

La Chica Para Trío Mhm

Todo empezó en una noche calurosa de viernes en la Condesa, con el bullicio de la ciudad filtrándose por las ventanas de nuestro depa. Mi novia Sofía y yo, Alex, llevábamos meses fantaseando con la idea de un trío. No era solo por el morbo, neta, era por esa chispa extra que queríamos avivar en nuestra relación. Sofía, con su piel morena y curvas que me volvían loco, me lo había confesado una noche mientras me montaba: "Quiero una chava que nos haga volar a los dos". Y yo, con la verga dura como piedra, solo atiné a decir órale.

Buscando en apps de encuentros casuales, dimos con un perfil que nos dejó con la boca abierta: "Chica para trío mhm". La foto mostraba a una morra de unos veintitantos, cabello negro largo, labios carnosos y una mirada pícara que prometía pecados. Su bio era directa: "Busco pareja caliente para pasarla chido, sin rollos, puro placer mhm". El "mhm" ese sonaba como un gemido suave, invitador. Le mandamos mensaje y, para nuestra sorpresa, contestó al tiro. Se llamaba Mari, 26 años, soltera y con ganas de experimentar. Quedamos en vernos en un bar de la Roma, nada fancy pero con vibe sexy.

Al llegar, el aire olía a mezcal ahumado y jazmines del jardín. Sofía iba con un vestido negro ajustado que marcaba sus chichis perfectas, y yo con camisa entreabierta, sintiendo ya el pulso acelerado. Mari estaba en la barra, real como la foto pero mejor: culazo redondo, blusa escotada que dejaba ver el encaje de su bra, y un perfume dulce que me llegó directo al alma. "¡Hola weyes! ¿Listos para la noche?" dijo con esa voz ronca, mexicana de pura cepa, mientras nos abrazaba. Sus tetas rozaron mi pecho y el de Sofía, y ya sentí el calor subiendo.

Charlamos un rato, coqueteando. Mari era de aquí de la CDMX, trabajaba en marketing, y nos contó que había probado tríos antes pero nada serio. "Quiero que sea especial, con conexión", dijo, mordiéndose el labio. Sofía, siempre la valiente, le tomó la mano: "Nosotros también, preciosa. Vamos a mi depa, ¿va?". El taxi de regreso fue tensión pura. Sentí la mano de Mari en mi muslo, subiendo despacio, mientras Sofía le besaba el cuello. El olor a piel caliente y perfume mezclado con el cuero de los asientos me tenía al borde.

¿Esto está pasando de veras? Mi verga ya palpita, dura como nunca
, pensé, con el corazón latiéndome en las sienes.

En el depa, pusimos música de Natalia Lafourcade bajita, luces tenues y un chorro de tequila reposado para soltar. Nos sentamos en el sofá, Sofía en medio. "Relájense, carnales", murmuró Mari, y empezó a besar a Sofía. Ver sus lenguas juguetearas, el sonido húmedo de los labios chocando, me puso a mil. Sofía gimió bajito, "Mhm, qué rico tu boca", y extendió la mano para tocarme por encima del pantalón. Mari se giró hacia mí, sus ojos brillando: "Chica para trío mhm, ¿recuerdan? Ahora a probar".

La desvestí despacio, sintiendo la suavidad de su piel olivácea bajo mis dedos. Sus chichis eran firmes, pezones oscuros endureciéndose al aire. Sofía se quitó el vestido, quedando en tanga roja, y las tres bocas se unieron en un beso caótico. Lenguas enredadas, saliva dulce, el sabor a tequila en sus labios. Mi mano bajó a la panocha de Mari, ya mojada, resbalosa como miel caliente. "¡Ay, wey, qué dedos tan chidos!", jadeó ella, mientras Sofía me chupaba la verga por primera vez esa noche, su boca cálida envolviéndome hasta la garganta.

La tensión crecía como una tormenta. Las llevé al cuarto, colchón king size listo. Mari se arrodilló, mamándome con hambre, su lengua girando en la cabeza de mi verga mientras Sofía le lamía el culo desde atrás. El sonido de succiones y gemidos llenaba el aire, mezclado con el aroma almizclado de sus coños excitados. Sofía, mi amor, mírate devorando esa panocha, pensé, viendo cómo su nariz se enterraba en los labios hinchados de Mari. Ella gritaba: "¡No mames, qué rico! Sigan, cabrones".

Intercambiamos posiciones, el sudor perlando nuestras pieles. Yo metí la verga en Sofía primero, embistiéndola doggy mientras ella le comía el clítoris a Mari. Sentía las paredes de su chochito apretándome, calientes y húmedas, cada empujón haciendo que sus nalgas rebotaran contra mi pelvis. Mari se retorcía, "¡Métemela ya, Alex! Quiero sentirte". La volteé, piernas abiertas, y la penetré de un golpe. Su interior era un horno de terciopelo, chorreando jugos que olían a sexo puro. Sofía se unió, frotando su panocha contra la de Mari, clits chocando en un roce eléctrico.

El ritmo se aceleró. Gemidos se volvieron gritos: "¡Más duro, pendejo!", me pedía Mari, arañándome la espalda. Sofía, cabalgándome ahora, rebotaba con sus tetas saltando, el slap-slap de carne contra carne resonando. El olor a sudor, semen preeyaculatorio y coños en llamas era embriagador. Sentí el orgasmo construyéndose, bolas tensas. "Vengan juntas, mis reinas", les ordené, y explotaron. Mari primero, convulsionando alrededor de mi verga, chorros calientes salpicando; Sofía segundos después, su chocho ordeñándome mientras chillaba "¡Me vengo, cabrón!". No aguanté más: saqué y eyaculé en sus tetas, chorros blancos gruesos marcando su piel, el alivio como una ola.

Nos derrumbamos, jadeantes, cuerpos enredados en sábanas húmedas. El cuarto olía a clímax compartido, pieles pegajosas rozándose. Mari nos besó a ambos: "Chica para trío mhm, misión cumplida. Uff, qué chingón". Sofía, acurrucada en mi pecho, susurró: "Te amo, mi vida. Esto fue perfecto". Yo, con el corazón lleno, acaricié sus cabellos.

Neta, esto nos unió más. La noche que probamos el paraíso
.

Al amanecer, Mari se fue con un abrazo y promesas de repetir. Sofía y yo desayunamos tacos de barbacoa en la azotea, riendo de los moretones juguetones. El sol calentaba nuestras pieles aún sensibles, y supe que nuestra conexión era más fuerte. Ese "chica para trío mhm" no fue solo sexo; fue liberación, confianza, un capítulo ardiente en nuestra historia.

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