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Pulpo69 Trios Ardientes

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Pulpo69 Trios Ardientes

Era una noche calurosa en la playa de Cancún, de esas que te hacen sudar hasta el alma. Yo, Ana, acababa de llegar con mi carnal Marco y nuestra amiga de la infancia, Luisa. Habíamos rentado una cabaña chida frente al mar, con palmeras susurrando al viento y el olor a salitre pegado en la piel. Neta, todo pintaba para una velada relax, pero el tequila y las risas pronto prendieron la mecha.

Estábamos tirados en las hamacas, con chelas frías en la mano. Luisa, con su cuerpo curvilíneo y ese tatuaje de flor en la cadera que asomaba por su bikini diminuto, soltó la bomba. "Órale, weyes, ¿han oído de los pulpo69 trios? Es como un trio pero con manos por todos lados, como pulpo, y posando en 69 de mil formas. ¡Pura adrenalina!" Marco y yo nos miramos, con esa chispa en los ojos. Él, mi hombre alto y moreno, con músculos que se marcaban bajo la camisa abierta, sonrió pillo. Yo sentí un cosquilleo en el estómago, un calor que subía desde mis muslos.

¿Y si lo intentamos? Pensé. Hace rato que fantaseo con ver a Marco con otra, pero compartiéndolo todo. Luisa siempre ha sido coqueta, pero ¿neta se animaría?

El deseo inicial era como una ola tibia lamiendo la arena. Marco se acercó, su mano grande rozando mi muslo. "Si Ana quiere, yo estoy puesto", dijo con voz ronca. Luisa se mordió el labio, sus pechos subiendo y bajando rápido. "Yo también, mamacita. Imagínense: yo chupándote mientras Marco te come por atrás". El aire se cargó de electricidad, el sonido de las olas rompiendo como un pulso acelerado.

Nos metimos a la cabaña, la luz tenue de las velas parpadeando en las paredes de madera. El olor a coco de las cremas se mezclaba con el sudor fresco. Me quité el vestido de un jalón, quedando en tanga y nada más. Marco gruñó de gusto, sus ojos devorándome. Luisa se pegó a mí, sus tetas suaves presionando mi espalda mientras me besaba el cuello. Su aliento caliente olía a tequila dulce. Su piel es como terciopelo, pensé, mientras sus dedos trazaban mi espina dorsal.

Empezamos despacio, construyendo la tensión. Marco nos miró, sacándose la camisa. Sus abdominales brillaban con sudor. "Vamos por el pulpo69 trio", murmuró. Me tendí en la cama king size, suave como nubes. Luisa se montó sobre mi cara, su panocha depilada rozando mis labios. Olía a excitación pura, salada y dulce. La lamí despacio, saboreando su humedad que goteaba en mi lengua. Ella gimió, un sonido gutural que vibró en mi clítoris.

Marco se arrodilló atrás de Luisa, su verga dura como piedra frotándose en sus nalgas. Yo lo vi todo desde abajo, sus bolas pesadas balanceándose. Extendí la mano, como pulpo, agarrando sus muslos firmes. Él empujó adentro de ella con un "¡A huevo!", y Luisa se arqueó, sus jugos cayendo en mi boca. El sabor era adictivo, mezcla de ella y el precum de Marco. Mis dedos exploraban, tocando su ano, sus bolas, mientras lamía sin parar. Era el caos sensual: manos por todos lados, lenguas enredadas, cuerpos sudados chocando.

¡Qué rico! Mi corazón latía como tambor maya. Nunca había sentido tanto toque a la vez. Luisa temblaba encima de mí, Marco gruñendo como animal.

La intensidad subió. Cambiamos posiciones, el colchón crujiendo bajo nosotros. Ahora yo en cuatro, Marco embistiéndome por atrás con fuerza controlada, su verga llenándome hasta el fondo. Cada estocada mandaba ondas de placer por mi espinazo, mi clítoris hinchado rozando la sábana áspera. Luisa se metió debajo, en 69 perfecto, su boca chupando mi botón con labios carnosos. Su lengua era mágica, girando, succionando. Yo me perdí en su coño otra vez, metiendo dos dedos mientras Marco me azotaba suave las nalgas.

"Pendejos calientes", reí entre gemidos, el slang saliendo natural como el sudor que nos unía. El cuarto apestaba a sexo: almizcle, saliva, jugos. Escuchaba los slap-slap de piel contra piel, los jadeos roncos de Marco, los chillidos agudos de Luisa cuando la pellizcaba. Mis pezones duros rozaban su vientre, enviando chispas. Internalmente luchaba: Es demasiado bueno, no quiero que acabe, pero ya vengo... La tensión crecía, como tormenta en el Golfo.

Marco sacó su verga reluciente y nos volteó a las dos. "Ahora el pulpo total", dijo. Se tendió, yo montándolo en reversa, sintiendo cada vena pulsando dentro. Luisa se sentó en su cara, él lamiéndola voraz mientras sus manos –¡como tentáculos!– nos manoseaban: una en mi teta, otra en el culo de ella, dedos en mi clítoris. Yo me incliné, besando a Luisa, nuestras lenguas bailando saladas. El ritmo se aceleró, caderas chocando, gemidos fundiéndose en uno solo.

Sus dedos entraron en mí junto a su verga, estirándome delicioso. Luisa pellizcaba mis pezones, tirando suave. El olor a orgasmo inminente llenaba el aire, espeso. Mi vientre se contrajo, el placer subiendo como lava. "¡Ya, wey! ¡Me vengo!", grité. Explosé en oleadas, mi coño apretando su polla, jugos chorreando por sus bolas. Luisa se corrió segundos después, ahogando a Marco en su squirt dulce. Él rugió, llenándome con chorros calientes, su semen goteando fuera.

Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, el pulpo definitivo. El afterglow era puro éxtasis: pieles pegajosas enfriándose, pulsos calmándose al unísono con las olas lejanas. Marco me besó la frente, Luisa acurrucada en mi pecho. "El mejor pulpo69 trio de mi vida", susurró ella, riendo bajito.

Esto nos cambió. No fue solo sexo, fue conexión profunda, confianza total. Mañana repetimos, neta.

Nos quedamos así hasta el amanecer, con el sol tiñendo el cielo de rosa. El mar cantaba su arrullo, y yo supe que estos pulpo69 trios serían nuestra nueva adicción. Empoderadas, unidas, satisfechas hasta los huesos.

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