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Triada Epidemiologica Dibujada en Piel

6675 palabras

Triada Epidemiologica Dibujada en Piel

Sofía se recostó en la cama king size de su departamento en Polanco, el aire cargado con el aroma a jazmín de las velas que titilaban en la mesita de noche. La luz tenue de la ciudad se colaba por las cortinas entreabiertas, pintando sombras suaves en las paredes blancas. Frente a ella, sobre el escritorio improvisado con una sábana de seda, yacía su cuaderno de bocetos abierto en una página en blanco. Esta noche va a ser diferente, pensó, mientras su pulso se aceleraba solo de imaginarlo.

Era epidemióloga de profesión, pero su verdadera pasión era el dibujo. La triada epidemiologica dibujo era su obsesión reciente: agente, huésped, ambiente, entrelazados en un esquema sensual que había empezado a garabatear en secreto. No era un croquis médico frío; lo había transformado en algo vivo, erótico, donde cada elemento representaba cuerpos entrelazados, deseando contagiarse mutuamente. Ana, su mejor amiga desde la uni, y Marco, el galán que habían conocido en una expo de arte en Roma, habían prometido venir. "Neta, Sofi, hagamos que esa triada tuya cobre vida", le había dicho Ana por WhatsApp esa tarde, con un emoji de fuego que la hizo mojar las bragas de inmediato.

El timbre sonó como un latido ansioso. Sofía abrió la puerta y ahí estaban: Ana con su falda plisada que apenas cubría sus muslos morenos, el perfume a vainilla envolviéndola como una promesa; Marco, alto, con camisa entreabierta mostrando el vello oscuro en su pecho, oliendo a colonia fresca y deseo crudo. "¡Qué chingón verte, carnala!", exclamó Ana abrazándola fuerte, sus tetas suaves presionando contra las de Sofía. Marco besó su mejilla, su aliento cálido rozándole el cuello.

Ya empezó el contagio
, se dijo Sofía internamente, mientras cerraba la puerta y los guiaba al cuarto.

Se sentaron en la cama, copas de mezcal en mano, el humo del incienso de copal flotando perezoso. Sofía sacó el cuaderno. "Miren, esto es mi triada epidemiologica dibujo", explicó, trazando con el lápiz las curvas: el agente como un falo erecto, el huésped una vulva abierta, el ambiente olas de placer envolviéndolos. Ana soltó una risita juguetona. "¡Puta madre, Sofi, qué caliente! Yo soy el huésped, ¿no? Listo pa'l contagio". Marco se acercó, su mano grande posándose en el muslo de Sofía. "Y yo el agente transmisor, cabrón". Sus dedos subieron despacio, rozando la piel sensible bajo la falda corta de Sofía. El roce era eléctrico, como un chispazo que le erizó la piel.

La tensión crecía como una fiebre. Hablaron de la uni, de noches locas en la Condesa, pero sus miradas se devoraban. Sofía sintió el calor entre sus piernas, el olor almizclado de su propia excitación mezclándose con los perfumes. Ana se inclinó, besándola suave al principio, labios carnosos saboreando a mezcal y labial de cereza. Su lengua sabe a prohibido, pensó Sofía, mientras Marco observaba, su verga ya marcada bajo los jeans. Sus manos exploraban: Ana desabotonando la blusa de Sofía, exponiendo sus chichis firmes, pezones duros como piedras preciosas. Marco gruñó, "Qué ricas están", y chupó uno, succionando con fuerza que mandó ondas de placer directo a su clítoris.

El beso se profundizó, lenguas danzando húmedas, saliva compartida como el primer vector del deseo. Sofía jadeaba, el sonido de sus respiraciones entrecortadas llenando el cuarto. Marco se quitó la camisa, músculos tensos brillando bajo la luz de las velas. Ana lo jaló hacia ellas, besándolo mientras Sofía lamía su cuello salado.

Esto es la triada perfecta: yo dibujándola, ellas viviéndola
. Desnudaron a Ana despacio, admirando su cuerpo curvilíneo, culo redondo que Marco amasó con ganas. "¡Ay, wey, qué manos tan pendejas tienes!", rio Ana, pero arqueó la espalda pidiendo más.

En el medio del acto, la intensidad escaló. Sofía tomó el lápiz, trazando la triada epidemiologica dibujo sobre la piel de Ana: el agente en su ombligo, el huésped en su monte de Venus depilado, el ambiente rodeando sus caderas. El grafito frío contrastaba con el calor febril de su piel, haciendo que Ana gimiera. "¡Sigue, pinche artista, dibújame entera!". Marco, desnudo ya, su pito grueso y venoso palpitando, se posicionó detrás de Sofía, frotándolo contra su culo. Ella sintió la humedad de su pre-semen, resbaloso, caliente. "Te quiero adentro, cabrón", susurró ella, empinándose.

Entró lento, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. El dolor placer la hizo gritar, "¡Chingao, qué grande!". Ana se acostó frente a ella, abriendo las piernas, su coño rosado brillando de jugos. Sofía hundió la cara ahí, lamiendo el clítoris hinchado, sabor salado dulce como tamarindo maduro. Ana gemía alto, "¡Sí, muerde, perra rica!", tirando de su pelo. Marco embestía rítmico, sus bolas chocando contra las nalgas de Sofía con palmadas húmedas. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, mezcal derramado.

Intercambiaron posiciones como en un baile contagioso. Ana cabalgó a Marco, su culo rebotando, tetas saltando hipnóticas. Sofía se sentó en la cara de él, su lengua experta hurgando profundo, chupando sus labios vaginales. Esto es el ambiente perfecto, cálido, húmedo, propagando el orgasmo. Los gemidos se volvieron sinfonía: "¡Más duro!", "¡No pares, wey!", "¡Me vengo!". Sofía sintió la triada viva: Marco el agente penetrante, Ana el huésped receptivo, ella el ambiente que los unía en éxtasis.

El clímax llegó en oleadas. Ana se corrió primero, squirtando jugo caliente sobre el vientre de Marco, gritando "¡Pinche triada del carajo!". Él la siguió, sacando su verga para eyacular chorros espesos sobre las tetas de Sofía, caliente pegajoso marcando su piel como tinta viva. Sofía, frotándose el clítoris con furia, explotó en temblores, visión borrosa, el mundo reduciéndose a pulsos en su entrepierna. Colapsaron en un enredo sudoroso, respiraciones jadeantes calmándose gradual.

Después, en el afterglow, Sofía tomó el cuaderno de nuevo. Con manos temblorosas, completó el triada epidemiologica dibujo, ahora salpicado de fluidos secos, un testimonio carnal. Ana besó su hombro. "Eres una genio, Sofi. Esto fue contagioso, neta". Marco acarició su espalda. "Volvemos cuando quieras, mi amor". Rieron suaves, el aire aún pesado de placer residual. Sofía sonrió, saboreando el eco en su cuerpo. La epidemiología del deseo, dibujada en piel eterna.

Se durmieron así, entrelazados, la ciudad zumbando afuera como un corazón latiendo al ritmo de su nueva triada.

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