Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Anal Trio Amateur Inolvidable Anal Trio Amateur Inolvidable

Anal Trio Amateur Inolvidable

6699 palabras

Anal Trio Amateur Inolvidable

Era una noche de esas que se arman solas en la casa de playa que rentamos en Puerto Vallarta. El sol ya se había escondido, dejando el aire cargado de sal marina y el eco lejano de las olas rompiendo en la arena. Yo, Juan, estaba recargado en la hamaca del patio, con una cerveza fría en la mano, viendo cómo Ana, mi morra de dos años, se reía a carcajadas con su cuate Luisa. Las dos traían bikinis diminutos que apenas cubrían sus curvas bronceadas, y el movimiento de sus nalgas al caminar me ponía la verga dura como piedra.

¿Qué chingados estoy pensando? me dije, mientras el calor de la noche me hacía sudar. Ana y yo siempre habíamos platicado de experimentar, de meterle emoción al pedo sexual. "Un anal trio amateur", había soltado ella una vez, medio en broma, después de ver un video en el celular. Luisa, su amiga de la prepa, era la indicada: soltera, cachonda y con un culo que parecía esculpido por los dioses. Las tres éramos carnales, todo consensual, puro desmadre entre adultos que se querían devorar.

Ana se acercó, sus tetas rozando mi pecho, y me susurró al oído:

Órale, carnal, ¿listo pa'l anal trio amateur que tanto anhelamos?
Su aliento olía a tequila con limón, dulce y ardiente. Luisa nos miró con ojos pícaros, mordiéndose el labio inferior, y el ambiente se cargó de electricidad. El sonido de la música ranchera suave saliendo del bocina se mezclaba con el zumbido de los grillos, y yo sentía mi pulso acelerado, el corazón latiéndome en la entrepierna.

Empezamos con besos. Ana me jaló a la sala alfombrada, donde las luces tenues pintaban sombras en sus pieles. Luisa se pegó por detrás, sus manos suaves explorando mi espalda, bajando hasta mis nalgas. Qué rico se siente esto, pensé, mientras el olor de sus cremas corporales –vainilla y coco– me invadía las fosas nasales. Ana se arrodilló primero, desabrochándome el short con dientes, y sacó mi verga tiesa, palpitante. La lamió despacio, desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado que ya brotaba.

Luisa no se quedó atrás. Se quitó el bikini top, dejando ver sus chichis firmes, pezones duros como balas. Me besó el cuello, mordisqueando, mientras sus dedos jugaban con mis huevos. Esto es el paraíso, pendejo, me regañé internamente, sintiendo el calor húmedo de sus bocas alternándose en mi polla. Gemían bajito, sonidos guturales que me erizaban la piel, y el roce de sus lenguas era como terciopelo mojado. Yo les metí mano a las dos, palpando sus coños empapados a través de las telas finas, oliendo ese aroma almizclado de excitación femenina que me volvía loco.

La tensión crecía como una tormenta. Ana se levantó, se quitó todo y se recargó en el sofá, abriendo las piernas.

Ven, mi amor, chúpame la panocha
, ordenó con voz ronca. Me arrodillé, enterrando la cara en su entrepierna. Su sabor era ácido y dulce, como mango maduro mezclado con miel. Lamí su clítoris hinchado, chupando fuerte mientras ella se retorcía, sus uñas clavándose en mi cabeza. Luisa se masturbaba a un lado, dedos hundiéndose en su propio culo, preparándose. Va a ser épico este anal trio amateur, pensé, con el corazón retumbando.

Pasamos a la recámara, la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón fresco. El aire acondicionado zumbaba, contrastando con el calor de nuestros cuerpos sudados. Ana lubricó todo: mi verga, el ano de Luisa, el suyo propio. Despacio, carnales, dijo ella, guiándome. Primero follé a Ana por el coño, embistiéndola lento para que se acostumbrara. Sus paredes vaginales me apretaban como un puño caliente, jugos chorreando por mis bolas. Luisa lamía mis huevos desde abajo, su lengua traviesa rozando el perineo.

El build-up era brutal. Cambiamos posiciones: Luisa a cuatro patas, culo en pompa, redondo y prieto. El olor de lubricante mentolado llenaba la habitación, fresco y estimulante. Ana se acostó debajo de ella, lamiéndole la panocha mientras yo alineaba mi verga con el ano virgen de Luisa.

¡Métemela, Juan! Quiero sentirte en mi culo
, suplicó ella, voz temblorosa de anticipación. Empujé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo la resistencia inicial ceder al calor apretado de sus entrañas. ¡Qué chingón! grité en mi mente. Era como hundirme en un horno de terciopelo, pulsaciones rítmicas envolviéndome.

Ana no paraba: metía dedos en el coño de Luisa, sincronizando con mis estocadas. Los gemidos se volvieron gritos –¡Ay, sí! ¡Más duro!– ecoando en las paredes. El sudor nos pegaba la piel, slap-slap-slap de carne contra carne, olor a sexo crudo impregnando todo. Yo aceleré, sintiendo el orgasmo subir como lava. Luisa se corrió primero, su culo contrayéndose en espasmos, chorros de squirt mojando la cara de Ana. No aguanto más, pensé, pero resistí para alargar el placer.

Ahora el turno de Ana. La puse en el mismo position, su culo más experimentado pero igual de ansioso. Luisa lamía mi verga antes de cada embestida, limpiándola de jugos anales, sabor terroso y salado en su boca. Follé a Ana con furia contenida, mis manos amasando sus nalgas, dejando marcas rojas.

¡Somos el mejor anal trio amateur, cabrones!
, jadeó Ana, riendo entre gemidos. El ritmo era hipnótico: entrar, salir, el froce de piel, el chirrido de la cama, sus alientos entrecortados. Sentía sus pulsos internos, el calor irradiando, mi verga hinchada al límite.

Luisa se unió al anal: nos turnamos doble penetración en Ana, yo por el culo, ella con un dildo grueso en la panocha. Ana gritaba de éxtasis, tetas rebotando, ojos en blanco. El clímax nos golpeó como ola gigante. Yo exploté primero, semen caliente llenando el recto de Ana, chorros interminables mientras ella se convulsionaba en un orgasmo múltiple. Luisa se masturbó viéndonos, corriéndose con un aullido, jugos salpicando las sábanas.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El olor a semen, sudor y lubricante flotaba pesado, pero reconfortante. Ana me besó, lengua perezosa explorando mi boca.

Te amo, mi rey. Esto fue chido de verdad
, murmuró. Luisa acurrucada a mi otro lado, su mano aún en mi verga flácida, sonriendo satisfecha.

Nos quedamos así, escuchando las olas, el corazón latiendo en sintonía. Este anal trio amateur nos unió más, reflexioné, mientras el sueño nos vencía. Mañana, más desmadre, pero esta noche fue perfecta, empoderadora, nuestra.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.