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Trio en el Balcon Huasteco

6605 palabras

Trio en el Balcon Huasteco

El aire de la Huasteca te envuelve como un abrazo cálido y pegajoso, cargado del olor a tierra mojada por la lluvia reciente y las flores silvestres que trepan por las paredes de la cabaña. Estás en el balcón de madera, amplio y rústico, con vista a la selva espesa que se pierde en la noche. Las luces de Xilapan parpadean a lo lejos, pero aquí arriba, en este rincón del paraíso huasteco, solo se oye el canto de los grillos y el rumor del río abajo. Sofía, tu novia, se recarga en la barandilla, su vestido ligero ondeando con la brisa, marcando las curvas de sus caderas. A su lado, Ximena, la amiga huasteca de Sofía, con su piel morena brillando bajo la luna, ríe con esa voz ronca que te pone la piel chinita.

¿Qué chingados estoy haciendo aquí? piensas, mientras tomas un trago de pulque fresco que sabe a maíz dulce y un toque fermentado. Viniste a la Huasteca por unas vacaciones relax con Sofía, pero ella invitó a Ximena, su compa de la uni, y ahora las tres están aquí, bebiendo y platicando pendejadas. Ximena, con su huipil ajustado que deja ver el nacimiento de sus pechos firmes, te mira con ojos pícaros. "Órale, wey, ¿ya probaste el son huasteco de verdad?", dice, poniéndose un huapango en el teléfono. La música arranca, violines agudos y jarana rasgueando, y las dos empiezan a bailar, moviendo las cinturas como si el balcón fuera su escenario privado.

Tú te quedas sentado en la mecedora, sintiendo cómo el pulque te calienta el estómago y sube por tu pecho. Sofía te jala de la mano. "Ven, cabrón, no te quedes ahí como estatua". Te paras, torpe al principio, pero el ritmo te atrapa. Ximena se pega a ti por detrás, sus tetas rozando tu espalda, su aliento caliente en tu cuello oliendo a menta y algo más salvaje, como el aroma de su piel sudada. Sofía delante, sus labios rozando los tuyos mientras bailan. El deseo empieza a picar, como un fuego lento en tus bolas. Neta, esto se va a poner bueno, piensas, mientras tus manos bajan por la cintura de Sofía, sintiendo la tela fina de su vestido y el calor de su concha a través de ella.

La música sube de volumen, y el baile se transforma. Ximena te besa el lóbulo de la oreja, susurrando: "En la Huasteca, los tríos en el balcón son legendarios, ¿sabías?". Ríes, pensando que es una pendejada, pero Sofía asiente, mordiéndose el labio. "Es verdad, amor. Imagínate un trio balcon huasteco aquí mismo, con la selva de testigo". El pulque hace su magia, y el consentimiento fluye natural, como el río abajo. Nadie fuerza nada; es puro instinto, miradas que dicen sí, quiero.

El beso de Sofía es primero, profundo, su lengua saboreando el pulque en tu boca, dulce y áspera. Ximena se une, sus labios suaves en tu cuello, bajando por tu pecho mientras te quitas la camisa. Sientes el viento fresco en tu piel desnuda, contrastando con el calor de sus cuerpos. Sofía te empuja contra la barandilla, sus manos desabrochando tu pantalón, liberando tu verga que ya está dura como piedra, palpitando al aire libre. "Mira qué chula", dice Ximena, arrodillándose. Su boca te envuelve, caliente y húmeda, chupando con maestría huasteca, la lengua girando alrededor de la cabeza mientras sus manos masajean tus huevos. El sonido de su succión se mezcla con el huapango, un ritmo obsceno y delicioso.

¡Puta madre, esto es el cielo!
Tu mente grita mientras ves a Sofía quitarse el vestido, quedando en tanga roja, sus pezones oscuros erectos por la brisa. Se acerca, besando a Ximena sobre tu verga, sus lenguas jugando entre ellas y tu pito. El olor a excitación sube, ese almizcle femenino mezclado con el jazmín de la selva. Tocas sus tetas, pesadas y suaves, pellizcando pezones que las hacen gemir bajito. Ximena se para, se quita el huipil, revelando un cuerpo curvilíneo, caderas anchas perfectas para agarrar. "Tócame, wey", pide, y tus dedos bajan a su entrepierna, mojada ya, resbalosa como miel de maguey.

La tensión crece con cada roce. Las sientas en la mecedora ancha, Sofía a horcajadas en ti, hundiéndose despacio en tu verga. Sientes cada centímetro de su concha apretada, caliente, envolviéndote como un guante vivo. Gime, moviéndose arriba y abajo, sus nalgas chocando contra tus muslos con un clap clap rítmico. Ximena se sube al respaldo, abriendo las piernas sobre tu cara. Su coño depilado brilla, oloroso a deseo puro. Lo lames, saboreando su sal, su dulzor, la lengua hundida en sus labios hinchados mientras ella se retuerce, agarrando tu pelo. "¡Así, cabrón, no pares!", grita por encima de la música.

El balcón tiembla con sus movimientos. Cambian posiciones, el sudor perlando sus cuerpos, brillando bajo la luna. Ximena ahora cabalga tu verga, su culo rebotando, mientras Sofía se besa con ella, tetas frotándose. Tus manos en todas partes: nalgas, cinturas, pechos. El olor a sexo domina, sudor, fluidos, pulque derramado. Sientes el orgasmo construyéndose, una presión en la base de tu espina, pulsos acelerados. No quiero que acabe, piensas, pero el ritmo es imparable. Ximena aprieta, ordeñándote, y explota primero, su concha convulsionando, gritando "¡Me vengo, chingado!" con voz huasteca ronca.

Sofía te baja, poniéndose a cuatro en la barandilla, el viento azotando su pelo. Entras en ella de golpe, profundo, sintiendo su interior palpitar. Ximena debajo, lamiendo donde se unen, lengua en tu verga y bolas, en la concha de Sofía. El triple placer te vuelve loco: vista de la selva infinita, sonidos de gemidos y carne chocando, tacto de pieles calientes, gusto salado en tu boca de besos compartidos. "Córrete adentro, amor", suplica Sofía, y no aguantas. El clímax te arrasa, chorros calientes llenándola, mientras ella se corre de nuevo, temblando, y Ximena masturba su clítoris hasta venirse por tercera vez, un chorro mojando el piso de madera.

Caen los tres exhaustos en el balcón, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes. El huapango sigue sonando bajito, ahora como banda sonora de paz. Sofía acaricia tu pecho, Ximena tu muslo, sus pieles pegajosas de sudor y semen. El aire fresco seca el sudor, trayendo olores de noche huasteca: tierra, flores, río. Miras las estrellas, sintiendo el afterglow, esa flojera deliciosa en músculos y alma. "El mejor trio balcon huasteco de mi vida", murmura Sofía, riendo. Ximena asiente: "Y ni hemos terminado la noche, weyes". Te besan, y sabes que esto es solo el principio, un lazo nuevo forjado en deseo mutuo, bajo el cielo de la Huasteca.

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