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Tri Luma Como Se Usa En La Piel Ardiente

6377 palabras

Tri Luma Como Se Usa En La Piel Ardiente

Era una noche calurosa en mi depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Me miré en el espejo del baño, desnuda del todo, admirando cómo mi piel había cambiado en las últimas semanas. Tri Luma como se usa, me repetía en la cabeza, recordando las instrucciones del doc: una capita delgada por las noches, masajear suave hasta que se absorba, y listo. Pero esa crema no era solo para aclarar manchas; me hacía sentir sexy, poderosa, como si cada toque en mi piel despertara algo chingón adentro.

Escuché la llave en la puerta. Marco, mi carnal, el wey que me volvía loca con solo una mirada. Entró con esa sonrisa pícara, oliendo a colonia barata mezclada con sudor del gym. "Órale, morra, ¿ya estás lista pa' la acción?", dijo, dejando su mochila en el suelo. Lo jalé del brazo hacia el baño, sin darle chance de quitarse la playera.

¡Neta, qué rico se ve cuando me mira así, como si quisiera comerme viva!

"Ven, ayúdame con esto", le dije, mostrándole el tubito de Tri Luma. "Es pa' la piel, tri luma como se usa: poquito, suave, y deja todo suave como terciopelo". Sus ojos se clavaron en mis chichis, luego bajaron a mi panza, mis caderas. El baño se llenó de tensión, el vapor del regadero que acababa de usar aún flotando, húmedo y pesado.

Me senté en el borde de la tina, abrí las piernas un poquito, invitándolo sin palabras. Él se arrodilló, tomó el tubo con manos temblorosas. El primer chorrito de crema cayó frío en mi muslo, un escalofrío me recorrió la espalda. "Así, ¿no?", murmuró, sus dedos grandes extendiéndola en círculos lentos. El olor era fresco, mentolado, como eucalipto mezclado con algo dulce que me hacía cosquillas en la nariz. Su toque era eléctrico: áspero por el callo de sus palmas, pero tierno, explorando cada centímetro.

La crema se deslizaba suave, absorbiéndose en mi piel morena que poco a poco se uniformaba. Sentí mi corazón latiendo fuerte, el pulso en mis venas como un tamborazo en un antro. Marco levantó la vista, sus ojos oscuros brillando. "Estás cañona, Ana. Esta crema te deja la piel... mamacita". Su aliento caliente rozó mi rodilla, y un jadeo se me escapó. La tensión crecía, lenta, como el calor que subía desde mi entrepierna.

Acto seguido, sus manos subieron, untando crema en mis caderas, rozando el borde de mi monte de Venus. Yo arqueé la espalda, el azulejo frío contra mi espinazo contrastando con el fuego que él avivaba. "No pares, pendejo", le susurré, mi voz ronca. Él rio bajito, ese sonido grave que me erizaba los vellos. El baño olía ahora a crema y a nosotros: sudor salado, excitación almizclada.

Me paré, lo empujé contra la pared. Le quité la playera de un jalón, lamiendo su pecho salado, saboreando el gusto a hombre puro. Sus pezones duros bajo mi lengua, su verga ya tiesa presionando contra mis muslos. "Tu turno", dije, exprimiendo crema en mi palma. Se la unté en el abdomen, bajando despacio, masajeando alrededor de su paquete. Él gruñó, agarrándome las nalgas con fuerza. Tri luma como se usa en su piel clara, mezclándose con su vello oscuro, lo hacía relucir como aceite en un luchador.

¡Dios, qué chido sentirlo así, vulnerable, mío!

Nos besamos con hambre, lenguas enredadas, sabor a menta de su chicle y mi gloss de fresa. Tropezamos hacia la recámara, dejando un rastro de ropa y crema en el piso. La cama king nos recibió deshecha, sábanas frescas oliendo a lavanda. Caí de espaldas, él encima, su peso delicioso aplastándome. Sus manos, aún untadas, recorrieron mis chichis, pellizcando pezones que se pusieron duros como piedras. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes.

La escalada era imparable. Bajó besos por mi cuello, mordisqueando suave, dejando marcas rojas que mañana dolerían rico. Llegó a mi ombligo, lamiendo la crema residual, su lengua caliente trazando círculos. Mi clítoris palpitaba, húmeda ya, oliendo a deseo puro. "Te quiero adentro", le rogué, jalándolo de los huevos. Él se posicionó, su verga gorda rozando mi entrada, untada en crema para que resbalara perfecto.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso. El roce era fuego líquido, mi coño apretándolo como guante. Empezó a moverse, lento al principio, salidas y entradas profundas que me arrancaban suspiros. El colchón crujía rítmico, sudor goteando de su frente a mi pecho. Olía a sexo crudo: almizcle, crema, piel caliente.

Yo clavaba uñas en su espalda, dejando surcos rojos. "Más fuerte, cabrón", exigí, y él obedeció, embistiéndome como animal. Mis tetas rebotaban, pezones rozando su pecho peludo. El placer subía en olas, tensión en mi vientre apretándose. Sus bolas chocaban contra mi culo, sonido húmedo y obsceno. Gemidos se volvían gritos: "¡Sí, así! ¡No pares!"

Esto es lo que necesitaba, esta conexión, este fuego que solo él enciende.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas guiándome, yo rebotando, mi clítoris frotándose contra su pubis. La crema hacía todo resbaloso, piel contra piel deslizándose perfecta. Veía su cara: ojos cerrados, boca abierta en éxtasis. Aceleré, mis muslos ardiendo, sudor chorreando por mi espalda.

El clímax llegó como tsunami. Primero yo, contrayéndome alrededor de su verga, un grito gutural saliendo de mi garganta. Olas de placer me sacudieron, visión borrosa, gusto metálico en la boca. Él me siguió segundos después, gruñendo mi nombre, llenándome caliente, pulsos profundos. Colapsamos juntos, jadeando, corazones tronando al unísono.

En el afterglow, nos quedamos enredados, su cabeza en mi pecho. La crema Tri Luma brillaba tenue en nuestra piel bajo la luz de la lámpara. "Neta, tri luma como se usa así debería venir en las instrucciones", bromeó él, besándome la frente. Reí suave, acariciando su pelo revuelto. El cuarto olía a nosotros, satisfechos, completos. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero aquí, en este momento, todo era perfecto. Mañana seguiría usándola, pero ahora, con él, era más que crema: era nuestro ritual secreto, nuestra chispa.

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