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Algo Salió Mal Inténtalo De Nuevo Desnuda

6232 palabras

Algo Salió Mal Inténtalo De Nuevo Desnuda

Estabas tirado en el sofá de tu depa en la Roma, con el pinche celular en la mano, sudando un poco por el calor de la noche mexicana. La app de citas parpadeaba con ese match perfecto: ella, una morra de ojos negros intensos, labios carnosos y curvas que te hacían tragar saliva. Chingado, pensaste, esta noche la armo. Le das click para mandar el primer mensaje, pero de repente la pantalla se congela. "Something went wrong try again", decía el muy pendejo mensaje en inglés. Intentas otra vez, nada. Tercera, cuarta... lo mismo. ¡La verga! El deseo te picaba en el pecho como chile en la lengua, pero la tecnología te la estaba mamando.

Te levantas de un brinco, te pones una playera ajustada que marca tus músculos del gym, jeans que te quedan como pintados y sales a la calle. El aire nocturno de la Ciudad de México te pega fresco, con olor a taquitos de la esquina y cláxones lejanos. Decides ir al bar de la esquina, ese chido con luces neón y música electrónica suave.

Si la app falló, el destino no
, te dices mientras caminas, el pulso acelerado imaginando sus manos en tu piel.

Entras al bar, el ambiente huele a tequila reposado y perfume caro. Luces tenues bailan sobre cuerpos que se rozan. Y ahí está ella, sentada en la barra, con un vestido rojo que abraza sus chichis perfectas y deja ver sus muslos morenos. Es ella, la de la app. Tu corazón da un vuelco, el sudor te baja por la nuca. Te acercas, casual, pides un mezcal al lado suyo.

¿Qué pedo, güey? —dices con una sonrisa pícara, fingiendo que no la reconoces.

Ella voltea, sus ojos te recorren de arriba abajo, y su boca se curva en una sonrisa que te calienta la sangre. —Nada, wey, aquí batallando con una app pendeja que no jala —responde con voz ronca, acento chilango puro, oliendo a vainilla y algo más, como deseo crudo.

Se ríen. Le cuentas lo de "something went wrong try again", ella suelta una carcajada que vibra en tu pecho. —Algo salió mal, inténtalo de nuevo, dice imitando la voz robótica, y te guiña un ojo. El trago pasa, las pláticas fluyen: ella es diseñadora, vive en Condesa, ama el picante y odia las fallas técnicas. Su risa es como música, su rodilla roza la tuya "por accidente", enviando chispas por tu espina.

La tensión crece con cada sorbo. Sientes su calor, el roce de su brazo contra el tuyo, el sabor salado de las limones en tus labios.

Esta morra me va a volver loco, su piel se ve tan suave, imagínate lamiéndola
. Ella se inclina, su aliento cálido en tu oreja: —¿Y si lo intentamos de nuevo, pero en vivo?

Salen del bar tomados de la mano, el viento nocturno les revuelve el pelo. Caminan a su depa, a unas cuadras, riendo de tonterías. Suben al elevador, solos, y ahí explota lo primero: sus labios chocan contra los tuyos, urgentes, saboreando mezcal y menta. Tus manos en su cintura, sintiendo la curva de sus caderas, su lengua danzando con la tuya, húmeda y caliente. El ding del elevador los separa, jadeantes, ojos encendidos.

En su depa, luces suaves, olor a sábanas frescas y su perfume. Ella te empuja contra la pared, desabrochándote la playera con dedos ansiosos. —Quítate todo, cabrón —susurra, voz temblorosa de ganas. Te desnudas, tu verga ya dura como piedra, palpitando al aire fresco. Ella se quita el vestido lento, revelando lencería negra que apenas contiene sus tetas firmes, su coño depilado brillando de humedad bajo la luz.

La besas por el cuello, saboreando su sal, oliendo su arousal dulce como mango maduro. Tus manos amasan sus nalgas redondas, suaves como masa de tamal. Ella gime bajito, "ay, wey, qué rico", arañándote la espalda con uñas pintadas de rojo. La cargas a la cama, king size con sábanas de algodón egipcio, y caes sobre ella, piel contra piel, sudor mezclándose.

El medio acto se arma con fuego lento. Le chupas las tetas, pezones duros como caramelos, mordisqueándolos suave mientras ella arquea la espalda, gimiendo fuerte, el sonido rebotando en las paredes.

Su sabor es adictivo, salado y dulce, me tiene al borde
. Bajas, lames su ombligo, su vientre plano temblando. Llegas a su entrepierna, inhalas su esencia almizclada, excitante como el olor de lluvia en asfalto caliente. Tu lengua explora su clítoris hinchado, chupando suave, luego fuerte, ella agarra tu pelo, "¡No pares, pendejo, así!", sus jugos empapando tu boca, sabor ácido y delicioso.

Ella te voltea, montándote como amazona. Su coño caliente se desliza sobre tu verga, apretado, húmedo, envolviéndote centímetro a centímetro. "Estás enorme, chingado", jadea, moviéndose lento al principio, sus caderas girando en círculos que te vuelven loco. Sientes cada contracción, el slap de piel contra piel, sus tetas botando al ritmo. Aceleran, ella rebotando duro, sudor goteando de su frente a tu pecho, el cuarto lleno de gemidos y el crujir de la cama.

La volteas, misiónero profundo, piernas en tus hombros, embistiéndola con fuerza consentida, sus ojos clavados en los tuyos, "más duro, dame todo". El clímax se acerca, su coño aprieta como vicio, tus bolas tensas. Ella grita primero, cuerpo convulsionando, uñas en tu culo, "¡Me vengo, cabrón!", jugos chorreando. Tú explotas segundos después, llenándola de leche caliente, pulsos interminables, el placer cegador como fuegos artificiales en el Zócalo.

Caen exhaustos, entrelazados, respiraciones agitadas calmándose. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón latiendo fuerte aún. El aire huele a sexo crudo, sudor y satisfacción. —Algo salió mal en la app, pero esto... inténtalo de nuevo cuando quieras —murmura ella, riendo suave, besándote el hombro.

Tú sonríes, acariciando su pelo revuelto, el cuerpo pesado de placer.

La noche perfecta, la tecnología falló pero el cuerpo no miente
. Se duermen así, piel pegada, con la promesa de más intentos, el amanecer filtrándose por las cortinas, trayendo paz y un leve dolor muscular que sabe a victoria.

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