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Bedoyecta Tri Complejo B la inyección que despierta pasiones ocultas

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Bedoyecta Tri Complejo B la inyección que despierta pasiones ocultas

Me sentía como un trapo viejo, Karla, con treinta y tantos y el cuerpo hecho pedazos por el pinche trabajo en la oficina. Cada día era lo mismo: levantarme con los ojos pegados, arrastrar los pies hasta el camión y fingir que todo estaba chido en esas juntas eternas. Pero esa mañana, mi carnala Lupe me mandó un mensaje: "Órale, carnala, agarra Bedoyecta Tri Complejo B, te va a poner como nueva, ni te imaginas el subidón de energía". Lupe siempre ha sido la que sabe de estas chingaderas vitamínicas, trabaja en una farmacia y jura que es lo máximo para recargar pilas.

Compré la cajita en la botica de la esquina, con su jeringa lista y todo el rollo. Llegué a mi depa en la colonia Roma, un lugarcito coqueto con balcón y vista al Parque México, nada de barrios pesados. Me quité la blusa sudada, me puse un baby doll ligero de encaje negro que me hacía sentir rica, y me miré en el espejo del baño. Mis chichis todavía firmes, pensé, pero con ojeras que gritaban cansancio. Ya valió, hoy me inyecto y veo qué pasa.

El pinchazo en el glúteo fue rápido, un ardor chiquito que se expandió como fuego lento. Bedoyecta Tri Complejo B entró en mi sangre, y casi al instante sentí el cosquilleo. Era como si un río de calor me recorriera las venas, desde las nalgas hasta las tetas, bajando por el ombligo hasta mi entrepierna. Mi piel se erizó, el corazón latió más fuerte, y de repente olía mi propio aroma, ese musk femenino mezclado con el limón del jabón.

¿Qué madres es esto? Me siento viva, pinche poderosa
, me dije, tocándome el cuello donde el pulso galopaba.

Ahí nomás sonó el timbre. Era Alex, mi vecino del piso de arriba, el morro alto y guapo con tatuajes en los brazos que siempre me guiñaba el ojo en el elevador. Hacía meses que nos comíamos con la mirada, pero nunca pasábamos de flirteo. Hoy no, cabrón, pensé mientras le abría la puerta con una sonrisa pícara.

"Qué onda, Karla, te vi llegar y pensé en invitarte un cafecito", dijo con esa voz grave que me ponía la piel china. Olía a colonia fresca, a hombre limpio después del gym. Lo jalé adentro sin pensarlo dos veces, el calor de la inyección me tenía imparable.

Acto uno del desmadre: nos sentamos en el sofá de piel suave, yo cruzando las piernas para que viera mis muslos bronceados. Hablamos pendejadas del trabajo, del tráfico en Insurgentes, pero mis ojos se clavaban en su boca carnosa, imaginando cómo sabría. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta en el DF. Mi coño empezó a palpitar, húmedo y caliente, gracias a esa Bedoyecta Tri Complejo B que me había convertido en una leona en celo. ¿Sientes esto, Alex? Mi cuerpo grita por ti.

Le puse la mano en el muslo, sintiendo el músculo duro bajo el pantalón de mezclilla. Él se tensó, pero no se apartó. "¿Estás bien, nena? Te ves... diferente", murmuró, su aliento cálido en mi oreja. Le contesté con un beso, lento al principio, saboreando sus labios salados, la lengua que se enredó con la mía como si lleváramos años practicando. Sus manos subieron por mi espalda, desatando el baby doll, y mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras rozando su pecho.

En el medio del relajo, la cosa escaló como pólvora. Lo empujé al sillón, me subí encima a horcajadas, sintiendo su verga tiesa contra mi panocha empapada. El olor a sexo llenó la sala: sudor fresco, mi juguito dulce y su prepucio almizclado. Le bajé el zipper con dientes, saqué esa polla gruesa, venosa, que latía en mi palma caliente. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el gusto salado con un toque de su esencia masculina. Alex gemía bajito, "Chingao, Karla, qué rica boca", agarrándome el pelo con fuerza juguetona.

Pero yo quería más, el Complejo B me tenía en llamas internas. Me paré, me quité la tanga chorreante y lo jalé al cuarto. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio frías al tacto. Caímos revueltos, piel contra piel, sus manos amasando mis nalgas donde aún ardía la inyección.

Esto es por ti, Bedoyecta, me pusiste indomable
. Le mordí el hombro, dejando marca, mientras él chupaba mis tetas, succionando fuerte hasta que grité de placer, el sonido rebotando en las paredes.

La tensión subía como el volcán Popo en erupción. Me abrió las piernas, su lengua experta lamió mi clítoris hinchado, sorbiendo mis jugos como si fueran néctar. Olía a mar, a deseo puro, y yo arqueaba la espalda, uñas clavadas en su nuca. "¡No pares, cabrón, así!", le ordené, mi voz ronca. Él metió dos dedos gruesos, curvándolos justo en el punto G, y el mundo se volvió explosiones blancas detrás de mis ojos. Pero no vine todavía, quería su verga enterrada en mí.

Me volteó boca abajo, me levantó las caderas como perrito. Sentí la cabeza de su pija empujando mi entrada resbalosa, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El roce era fuego puro, venas pulsando contra mis paredes calientes. Empujó hondo, llenándome hasta el fondo, y empezamos el vaivén brutal. Paf paf paf, carne chocando, sudor goteando, el colchón crujiendo como loco. Su aliento en mi cuello olía a menta y lujuria, "Eres una pinche diosa, Karla". Yo respondía empujando hacia atrás, mi culo rebotando contra su pelvis, el placer acumulándose en espiral.

Internamente luchaba: ¿Y si es solo la inyección? No mames, esto es real, lo quiero desde siempre. Pequeñas pausas para besos profundos, miradas que decían todo, resolviendo la tensión con caricias tiernas en medio del polvo salvaje. Cambiamos a misionero, sus ojos en los míos, manos entrelazadas. Cada embestida era más profunda, mi clítoris rozando su pubis, el orgasmo acechando como tormenta.

Al fin, el clímax: grité su nombre, mi coño se contrajo como puño alrededor de su verga, chorros de placer mojando las sábanas. Él se vino segundos después, caliente y espeso dentro de mí, rugiendo como fiera. Colapsamos, cuerpos temblando, piel pegajosa de sudor, respiraciones entrecortadas. El cuarto apestaba a sexo consumado, a victoria.

En el afterglow, nos quedamos abrazados, su cabeza en mis tetas, yo acariciando su pelo revuelto. "¿Qué te pasó hoy, amor? Estabas poseída", rio bajito. Le conté de la Bedoyecta Tri Complejo B, y él prometió probarla conmigo la próxima. Esto no fue solo vitaminas, fue el detonador de lo nuestro. Afuera, el sol se ponía sobre la ciudad, pintando el cielo de rosa y naranja. Me sentía plena, empoderada, lista para más rondas. Alex era mío ahora, y yo la suya, en este depa lleno de promesas calientes.

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