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Letras Sensuales de El Tri Triste Canción

6723 palabras

Letras Sensuales de El Tri Triste Canción

La noche caía suave sobre la Condesa, con ese olor a tierra mojada que tanto me gustaba después de la lluvia. Estaba en mi depa, recargada en el sillón de piel, con una chela fría en la mano, viendo cómo las luces de la ciudad parpadeaban a través de la ventana. Marco entró, todavía con el coraje de la bronca de la tarde. Neta, wey, pensé, siempre terminamos así, pero siempre volvemos.

Se dejó caer a mi lado, prendió el estéreo y de pronto sonó El Tri, esa triste canción que tanto nos gustaba. Las letras me pegaron duro: "Triste canción que me hace llorar, por ti mi amor que te fuiste y no vuelves más". Sentí un nudo en la garganta, el aroma de su colonia mezclándose con el humo de su cigarro, que flotaba perezoso en el aire. Marco me miró de reojo, sus ojos cafés profundos como pozos de tequila.

¿Por qué pusiste eso, pendejo? —le dije, pero mi voz salió más suave de lo que quería, casi un ronroneo.

Él sonrió chueco, esa sonrisa que me derretía las piernas. —Porque las lyrics de El Tri triste canción siempre nos han movido algo, ¿no? Recuerdas cuando la oíamos en la troca, yéndonos a Acapulco.

Me acerqué, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío. El sillón crujió bajo nuestro peso. Mi mano rozó su muslo, y ahí empezó todo. El deseo que había estado dormido desde la pelea se despertó como fiera hambrienta. Sus labios encontraron los míos, ásperos y urgentes, saboreando a cerveza y a hombre. El beso fue lento al principio, explorando, con el sabor salado de su lengua enredándose con la mía.

¿Por qué pelear si esto es lo que somos? Las palabras de esa canción triste se me clavaban en el pecho, pero en vez de dolor, ahora traían calor, un fuego que subía desde mi vientre.

Acto uno de nuestra noche: las caricias inocentes que no lo eran. Sus dedos trazaban mi cuello, bajando por el escote de mi blusa, erizando mi piel como si miles de plumas me rozaran. Olía a su sudor fresco, mezclado con el jazmín de mi perfume. Gemí bajito cuando me quitó la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco de la habitación. Sus ojos se oscurecieron, devorándome.

Eres tan chula, Ana, murmuró, su aliento caliente en mi oreja.

Lo empujé suave contra el sillón, montándome a horcajadas. Sentí su verga dura presionando contra mi entrepierna a través de los jeans. El roce era eléctrico, un cosquilleo que me hacía mojarme ya. Le desabroché la camisa, lamiendo su pecho velludo, saboreando la sal de su piel. Él gruñó, agarrándome las nalgas con fuerza, amasándolas como masa para tortillas.

La música seguía sonando de fondo, El Tri triste canción lyrics repitiéndose en loop: "No llores más por mí, que yo tampoco lloro". Pero nosotros sí llorábamos, de puro gusto, de necesidad. La tensión de la tarde se deshacía en besos hambrientos.

Pasamos al cuarto, dejando un rastro de ropa por el pasillo. El piso de madera fría bajo mis pies descalzos contrastaba con el ardor de mi cuerpo. Marco me tumbó en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda. Se arrodilló entre mis piernas, besando mi ombligo, bajando despacio. Su barba raspaba delicioso mi piel sensible.

Ábrete para mí, mi reina, dijo con voz ronca.

Obedecí, sintiendo el aire fresco en mi concha ya empapada. Su lengua llegó como un rayo, lamiendo lento mis labios hinchados, saboreando mi jugo dulce y salado. Gemí fuerte, arqueando la espalda, mis manos enredadas en su pelo negro revuelto. El sonido de sus chupadas húmedas llenaba la habitación, mezclado con mis jadeos y el trueno lejano afuera. Cada lamida era una nota de esa triste canción, pero transformada en himno de placer.

Neta, este wey sabe cómo hacerme volar. Las letras de El Tri se me venían a la mente mientras su lengua danzaba: triste pero no, porque él estaba aquí, lamiéndome como si yo fuera su última cerveza.

El medio tiempo escalaba. Le jalé el pelo para que subiera, besándolo con mi propio sabor en su boca. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, mordisqueando mis nalgas redondas. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotando en círculos perfectos, mientras su verga gruesa rozaba mi entrada. El olor a sexo nos envolvía, espeso y embriagador, como incienso prohibido.

Chíngame ya, Marco, no aguanto —supliqué, mi voz temblorosa.

Él se hundió en mí de un solo empujón suave, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena, cada pulso de su polla dura dentro de mi calor húmedo. Empezó a moverse lento, profundo, el sonido de piel contra piel como tambores mayas. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo, mientras sus bolas chocaban contra mi culo. Sudábamos juntos, el olor almizclado subiendo al techo.

Nos volteamos, yo encima ahora, cabalgándolo como amazona. Mis tetas rebotaban con cada bajada, sus manos pellizcándolas, torciendo los pezones duros como piedras. Miraba sus ojos, perdidos en mí, y recordaba las lyrics de El Tri triste canción: "Pero en mi corazón siempre vas a estar". Y sí, él estaba en mi corazón, y ahora en mi coño, follándome con alma y vida.

La intensidad crecía. Aceleré, sintiendo el orgasmo acechando como tormenta. Él se incorporó, mamando mi teta mientras me clavaba desde abajo, sus caderas golpeando las mías. El placer era cegador: el roce interno, el sudor chorreando por mi espalda, el sabor de su cuello salado en mi lengua. Grité su nombre cuando exploté, mi concha convulsionando alrededor de su verga, jugos chorreando por sus bolas.

Marco no tardó, gruñendo como león, llenándome con su leche caliente, chorro tras chorro. Colapsamos juntos, jadeando, cuerpos enredados en un charco de sudor y semen. El estéreo seguía con El Tri, pero ahora la canción sonaba lejana, como un eco dulce.

En el afterglow, yacíamos quietos, su mano acariciando mi pelo. El olor a sexo persistía, mezclado con el de nuestras pieles calmadas. Afuera, la lluvia arreció, golpeando la ventana como aplausos.

Te amo, pendeja, susurró él, besando mi frente.

Y yo a ti, wey. Las letras de esa triste canción ya no duelen. Ahora son nuestras, de pasión eterna.

En ese momento supe que ninguna bronca nos separaría. El Tri nos había unido de nuevo, con sus lyrics tristes convertidas en fuego vivo.

Nos quedamos dormidos así, envueltos en el calor del otro, con la ciudad durmiendo bajo la lluvia y el eco de la música en nuestros sueños.

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