Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Brazzers Com Trios Ardientes en la Playa Brazzers Com Trios Ardientes en la Playa

Brazzers Com Trios Ardientes en la Playa

6279 palabras

Brazzers Com Trios Ardientes en la Playa

Ana se recostó en la hamaca de la terraza del chalet en Playa del Carmen, el sol del atardecer tiñendo su piel morena con tonos dorados. El aire salado del mar Caribe le rozaba las piernas desnudas, y el sonido de las olas rompiendo a lo lejos la hacía sentir viva, pinche viva. Llevaba un bikini diminuto que Marco le había regalado, rojo como el fuego que ardía en su interior. Su novio, ese chulo de ojos verdes y cuerpo esculpido por horas en el gym, salía de la cocina con dos micheladas heladas en la mano.

—Órale, mi reina, ¿lista pa'l desmadre? —dijo Marco con esa sonrisa pícara que la derretía.

Ana lo miró de arriba abajo, mordiéndose el labio. Habían hablado de esto durante semanas: un trío, algo salvaje, inspirado en esos videos de brazzers com trios que veían juntos en la noche. Neta, la idea la ponía caliente solo de pensarlo. No era celos lo que sentía, sino una excitación compartida, un deseo de romper la rutina y entregarse al placer puro.

—Neta que sí, cabrón. Pero que sea con alguien que nos prenda a los dos —respondió ella, tomando la cerveza y sintiendo el vidrio frío contra su palma sudorosa.

Ahí entró Luis, el amigo de Marco de la uni, alto, moreno, con tatuajes que asomaban por su playera ajustada. Llegaba de la playa, arena pegada a las piernas fuertes, olor a sal y protector solar envolviéndolo. Ana sintió un cosquilleo en el estómago.

¿Será él? Dios, qué rico se ve, con esa mirada de lobo hambriento.
Habían coqueteado antes en fiestas, pero esto era otro nivel. Todo consensual, claro, con reglas claras: si alguien decía stop, paraban.

La noche cayó como un manto caliente. Se sentaron en la sala abierta al mar, con velas parpadeando y música de reggaetón suave de fondo. Las chelas corrían, las risas fluían, y el tema salió natural, como si estuviera escrito.

—¿Han visto esos de brazzers com trios? Pinches locos, la forma en que se comen — soltó Luis, con los ojos brillando.

Ana rio, sintiendo el calor subirle por el cuello. —Pues imagínate si lo hacemos en vivo, wey.

Marco la jaló hacia él, besándola con lengua profunda, sabor a limón y cerveza. Luis los miró, y Ana vio el bulto creciendo en sus shorts. El aire se cargó de electricidad, el olor a piel caliente y mar mezclado con el dulzor de sus cuerpos.

El beso se intensificó, manos de Marco explorando sus tetas por encima del bikini, pellizcando los pezones hasta que gimió contra su boca. Luis se acercó despacio, como en una danza, y Ana extendió la mano, tocando su pecho firme. Su piel quema, neta, pensó, mientras él le besaba el cuello, barba raspando delicioso.

—¿Está chido? —preguntó Marco, voz ronca, mirándola fijo.

—Más que chido, amor. Ven, quítame esto —dijo ella, arqueando la espalda.

Las manos de ambos la desvistieron, el bikini cayendo al piso de madera cálida. Quedó desnuda bajo las estrellas, brisa marina endureciendo sus pezones rosados. Luis chupó uno, lengua girando lenta, mientras Marco lamía el otro. Ana jadeó, el placer doble la hacía temblar.

¡Ay, cabrones, me van a volver loca! Siento sus bocas como fuego líquido.

Se movieron a la cama king size en la terraza, sábanas de algodón egipcio suaves contra su espalda. Marco se quitó la ropa, su verga dura saltando libre, venosa y gruesa. Luis igual, la suya más larga, curva perfecta. Ana las tomó en las manos, piel aterciopelada sobre acero, oliendo a hombre excitado. Las masturbó alternando, saliva goteando para lubricar, mientras ellos gemían su nombre.

—Pinche ricura, Ana —murmuró Luis, dedos hundiéndose en su coño ya empapado. Estaba chorreando, jugos calientes resbalando por sus muslos. Marco metió dos dedos también, frotando el clítoris hinchado. El sonido era obsceno: chapoteo húmedo mezclado con sus respiraciones agitadas.

La tensión crecía como ola gigante. Ana quería más, necesitaba ser llenada. Se puso de rodillas, culo en pompa hacia el mar. Marco se colocó atrás, verga rozando su entrada, mientras Luis le ofrecía la suya a la boca. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola delicioso. ¡Qué llena me siento, wey! Empujó contra él, y Luis llenó su garganta, sabor salado y almizclado explotando en su lengua.

Ritmo perfecto: Marco embistiendo fuerte, bolas golpeando su clítoris, Luis follando su boca con cuidado. Sudor goteaba, mezclándose con sus fluidos. El olor a sexo crudo impregnaba el aire, olas rugiendo como aplaudiendo. Ana se corrió primero, coño contrayéndose en espasmos, gritando alrededor de la verga de Luis.

¡Sí, sí, pinches dioses!

Pero no pararon. Cambiaron posiciones, ella encima de Marco, cabalgándolo como amazona, tetas rebotando. Luis detrás, lubricando su culo con saliva y jugos. —¿Quieres, mi amor? —preguntó Marco, ojos llenos de lujuria compartida.

—Dale, métemela —suplicó ella.

Luis entró anal, lento, el ardor convirtiéndose en placer puro. Doblemente penetrada, como en esos brazzers com trios que tanto los prendían. Se movían en sincronía, fricciones internas la volvían loca. Piel contra piel, resbalosa de sudor, gemidos convirtiéndose en rugidos. El clímax los golpeó juntos: Marco llenándola de leche caliente, Luis explotando en su culo, Ana squirteando sobre el vientre de su novio.

Colapsaron en un enredo de cuerpos jadeantes, el mar susurrando bendiciones. Ana yacía entre ellos, dedos trazando patrones en sus pechos sudorosos. El afterglow era dulce, pulsos calmándose, besos suaves ahora. Olía a semen, sudor y océano, un perfume íntimo.

—Neta, eso fue épico —dijo Luis, riendo bajito.

Marco la abrazó. —Te amo, mi reina. ¿Repetimos?

Ana sonrió, satisfecha hasta los huesos.

Esto nos unió más, cabrones. Un trío no rompe, empodera.
La noche mexicana los había marcado, un recuerdo ardiente para siempre. Bajo las estrellas, se durmieron entrelazados, el corazón latiendo al ritmo del mar.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.