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Videos Amateur Trios que Prenden el Fuego

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Videos Amateur Trios que Prenden el Fuego

Era una noche calurosa en el DF, de esas que te hacen sudar hasta el alma. Yo, Ana, estaba recostada en el sillón de mi depa en la Roma, con las piernas cruzadas y un mezcal en la mano, mientras Luis, mi carnal de años, navegaba en su laptop. ¿Qué onda con tanta calor? pensé, sintiendo el aire pegajoso rozando mi piel morena. Llevábamos como seis meses juntos, y aunque la química estaba chida, el sexo se había vuelto rutina, como tacos de la esquina todos los días.

Luis volteó con una sonrisa pícara, sus ojos cafés brillando bajo la luz tenue de la lámpara. "Mira esto, mi reina", dijo, girando la pantalla. Ahí estaban: videos amateur trios. Neta, me quedé helada. Tres cuerpos entrelazados en una cama deshecha, gemidos roncos saliendo de los altavoces, el flash de un celular iluminando pieles sudorosas. La chava en el centro, con el pelo revuelto y los labios entreabiertos, se retorcía entre dos vatos que la devoraban con las manos y las bocas. Olía a excitación pura, aunque solo fuera mi imaginación recreando el aroma a sexo fresco, a sudor mezclado con perfume barato.

¿Y si lo intentamos nosotros? ¿Será que un tercero nos prende de nuevo?
Mi mente volaba. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando hasta mi entrepierna. Luis notó mi respiración agitada. "¿Te late, Ana? Imagínate grabando nuestros propios videos amateur trios". Su voz era grave, como un ronroneo. Asentí, mordiéndome el labio. Esa noche, el deseo se encendió como yesca seca.

Al día siguiente, mandamos mensaje a Marco, un wey amigo de la uni, alto, moreno, con tatuajes en los brazos que contaban historias de fiestas locas en la Condesa. "Órale, carnal, ¿vienes a platicar esta noche?" le escribí yo, con el corazón latiendo a mil. Marco siempre había coqueteado conmigo, pero nunca pasó de ahí. Era perfecto: confiable, guapo y soltero. Llegó con una six de Indio y esa sonrisa que derretía hielo.

Nos sentamos en la terraza, con las luces de la ciudad parpadeando abajo. El humo del cigarro de Marco se mezclaba con el olor a jazmín del vecino. Hablamos de todo: del pinche tráfico, de los antros cerrados por la pandemia, hasta que Luis sacó el tema. "Hemos visto unos videos amateur trios bien chidos, ¿no, Ana?". Marco arqueó la ceja, intrigado. Su mirada me recorrió como una caricia, pensé, sintiendo mis pezones endurecerse bajo la blusa ligera.

La tensión creció despacio, como el calor antes de la tormenta. Ofrecí más mezcal, y de pronto, Marco rozó mi pierna con la suya. Un toque eléctrico, piel contra piel. Luis lo vio y sonrió, poniéndole la mano en el hombro. "¿Qué tal si lo hacemos real?". Nadie dijo que no. Nos levantamos, el pulso acelerado, y entramos al cuarto. El aire estaba cargado, olía a anticipación, a cuerpos listos para explotar.

Empecé yo, desabotonando la camisa de Luis con dedos temblorosos. Su pecho ancho, cubierto de vello suave, me llamó. Lo besé, saboreando su boca con gusto a tequila y hombre. Marco se acercó por detrás, sus manos grandes en mi cintura, bajando la cremallera de mi falda. Qué rico se siente esto, dos pares de manos explorándome. Su aliento caliente en mi cuello, oliendo a menta y deseo. La falda cayó, dejando mis nalgas al aire, y sentí sus dedos trazando mi tanga húmeda.

Luis prendió la cámara del celular, apoyado en el buró. "Para nuestros videos amateur trios privados", guiñó. La luz roja parpadeaba, grabando cada jadeo. Me arrodillé entre ellos, desabrochando sus jeans. La verga de Luis saltó libre, gruesa y venosa, palpitando. La de Marco era más larga, curvada, con un glande rosado que me hizo salivar. Las tomé en mis manos, sintiendo el calor, las venas latiendo como corazones. Neta, esto es lo que necesitaba.

Chupé primero a Luis, metiéndomela hasta la garganta, el sabor salado inundando mi lengua. Marco gemía viéndonos, masturbándose despacio. Luego cambié, lamiendo a Marco desde la base hasta la punta, girando la lengua alrededor. Sus manos en mi pelo, guiándome con fuerza suave. "Qué chingona eres, Ana", murmuró Luis, mientras sus dedos se colaban en mi panocha, ya chorreando. El sonido húmedo de mis jugos, chapoteando, llenaba el cuarto junto con nuestros resuellos.

Me recostaron en la cama, las sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Luis se posicionó entre mis piernas, frotando su verga contra mi clítoris hinchado. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué grande! Grité de placer, mis uñas clavándose en sus hombros. Marco se arrodilló junto a mi cabeza, ofreciéndome su miembro. Lo succioné con hambre, mientras Luis me taladraba, sus bolas golpeando mi culo con ritmo salvaje.

Cambiaron. Marco me penetró ahora, su curva tocando spots que Luis no alcanzaba. "¡Más duro, wey!" le pedí, y obedeció, embistiéndome como un toro. Luis me besaba los pechos, mordisqueando los pezones oscuros, enviando descargas a mi vientre. Sudábamos a chorros, el olor a sexo crudo impregnando todo: almizcle, sudor, jugos mezclados. Mis gemidos se volvieron gritos, el colchón crujiendo bajo nosotros.

La intensidad subió. Me puse a cuatro patas, Marco en mi panocha, Luis en mi boca. El doble asalto me volvía loca. Sentía sus vergas hinchándose, listas para estallar.

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. Marco aceleró, sus manos amasando mis nalgas. "Me vengo, Ana", gruñó, y sentí su leche caliente llenándome, chorro tras chorro. Eso me disparó: mi orgasmo explotó, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, contrayendo mis paredes alrededor de él.

Luis no aguantó más. Me volteó, montándome encima. Cabalgué su verga, mis tetas rebotando, hasta que eyaculó dentro de mí, mezclando su semen con el de Marco. Colapsamos los tres, un enredo de piernas y brazos, respiraciones entrecortadas. El celular seguía grabando, capturando el afterglow: mi piel brillante de sudor, sus cuerpos laxos contra el mío.

Después, nos duchamos juntos, el agua caliente lavando el sudor pero no la memoria. En la cocina, con toallas alrededor, reproducimos el video. Videos amateur trios caseros, pero con alma. Nos reímos, nos besamos, prometiendo más noches así. Marco se quedó a dormir, acurrucado entre nosotros. Esa experiencia no solo prendió el fuego; lo convirtió en hoguera eterna. Neta, la vida sabe mejor con un poco de trío.

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