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Ana siempre había sido la más curiosa del grupo. Con su piel morena brillando bajo la luz tenue de la recámara en su depa de la Condesa, se recargaba en la cabecera de la cama king size, con el teléfono en la mano. Neta, ¿por qué no? pensó mientras scrolleaba por la red, topándose con un montón de videos caseros tríos xxx que la ponían como moto. Esos clips caseros, grabados con celulares temblorosos, mostraban parejas mexicanas explorando con un tercero, cuerpos sudados enredándose en sábanas revueltas, gemidos roncos que se colaban por los parlantes chiquitos.

Marco, su carnal desde hace dos años, entró con dos chelas frías en la mano. Alto, con tatuajes que le trepaban por los brazos y una sonrisa pícara que derretía a cualquiera.

"¿Qué ves, mamacita? ¿Otra vez en tus perversiones?"
le dijo riendo, mientras se sentaba a su lado y le daba un trago a la cerveza. El olor fresco de la Corona se mezcló con su colonia terrosa, ese aroma que siempre la hacía mojar.

—Mira esto, wey —le contestó Ana, pasándole el teléfono—. Videos caseros tríos xxx, neta que se ven chingones. Parejas como nosotros, pero con un extra. ¿Y si lo hacemos? Grabar nuestros propios.

Marco arqueó la ceja, pero sus ojos se iluminaron. Este pendejo ya está pensando en lo mismo, se dijo Ana, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Llamaron a Luis, el compa de Marco del gym, un morro atlético con ojos verdes y una verga que, según las pláticas de borrachos, era de campeonato. Luis llegó media hora después, con una botella de tequila reposado y esa vibra juguetona que lo hacía perfecto para esto.

La tensión inicial flotaba en el aire como el humo de un cigarro olvidado. Se sentaron en la cama, las chelas abriéndose con un psssht que rompió el silencio. Ana llevaba un baby doll negro transparente que dejaba ver sus chichis firmes y el triángulo oscuro de su panocha recortada. Marco, en bóxer, y Luis en shorts deportivos. Hablaron de todo menos del tema, pero las miradas se cruzaban cargadas de promesas. El calor de la noche de México City se colaba por la ventana entreabierta, trayendo olores de tacos lejanos y cláxones.

Acto seguido, el trío se armó. Ana tomó el control remoto del trípode con el celular, enfocando la cama. Esto va a ser nuestro video casero tríos xxx más cabrón, pensó, con el pulso acelerado. Marco la jaló hacia él primero, besándola con hambre, su lengua invadiendo su boca como un depredador. Sabía a cerveza y a deseo puro. Luis observaba, frotándose por encima del short, su respiración pesada llenando la habitación.

Las manos de Marco bajaron por su espalda, desatando el baby doll que cayó como una pluma. Ana gimió bajito cuando sintió las palmas ásperas de Luis uniéndose, una en su nalga derecha, apretando la carne suave. El tacto era eléctrico, piel contra piel, sudor empezando a perlarse. Olía a ellos tres: el almizcle de Marco, el jabón fresco de Luis, y su propia esencia dulce saliendo de entre las piernas.

Órale, qué rica estás —murmuró Luis, inclinándose para mamarle un pezón. La succión fue intensa, tirando con los dientes lo justo para que doliera rico. Ana arqueó la espalda, su mano bajando al bulto de Marco, que ya estaba tieso como fierro. Lo sacó del bóxer, esa verga gruesa venosa que conocía de memoria, y empezó a pajearla despacio, sintiendo las venas palpitar bajo sus dedos.

El beso de Marco se profundizó, sus bigotes rozándole la cara, mientras Luis bajaba la cabeza por su vientre, lamiendo el ombligo, bajando más. ¡Ay, cabrón! pensó Ana cuando la lengua de Luis tocó su clítoris hinchado. Era hábil, chupando en círculos, metiendo un dedo grueso que la abrió como una fruta madura. El sonido era obsceno: chup chup húmedo, mezclado con sus jadeos. El cuarto olía a sexo ahora, ese aroma almizclado que emborracha.

Marco se levantó, posicionando su verga frente a su boca. Ana la tragó entera, sintiendo cómo le llegaba al fondo de la garganta, el sabor salado de su prepucio. Tosió un poco, pero siguió, babeando por los lados mientras Luis la comía viva.

"Así, pinche puta deliciosa"
, gruñó Marco, agarrándole el pelo. No era degradante; era juguetón, consensual, puro fuego mexicano.

La escalada fue gradual. Cambiaron posiciones como en esos videos caseros tríos xxx que los inspiraron. Ana se puso a cuatro patas, Marco detrás embistiéndola con fuerza, su pelvis chocando contra sus nalgas con plaf plaf rítmicos. Cada estocada la llenaba, rozando ese punto que la hacía ver estrellas. Luis se arrodilló enfrente, metiéndosela en la boca. Era un sándwich perfecto: llena por delante y por atrás, el sudor goteando por sus espaldas, los gemidos sincronizándose como una sinfonía sucia.

Esto es mejor que cualquier video, pensó Ana en medio del éxtasis. Sentía el calor de Marco expandiéndose en su coño, las bolas golpeándole el clítoris. Luis gemía bajito, sus caderas moviéndose, follándole la garganta con cuidado. El olor era intenso: sudor, semen preeyaculatorio, su jugo chorreando por las piernas. Tocó sus propios chichis, pellizcando los pezones duros como piedras.

La tensión creció. Ana sintió el primer orgasmo venir como un tren. Sus paredes se contrajeron, ordeñando la verga de Marco, quien maldijo en voz baja: "¡Chingada madre, qué aprietas!". Gritó su clímax, el cuerpo temblando, las piernas fallándole. Pero no pararon. Luis la volteó, poniéndola encima de él en vaquera inversa. Su verga era más larga, tocando fondo de otra forma, mientras Marco le metía los dedos en el culo, lubricados con saliva.

¿Quieres los dos, rica? —preguntó Marco, voz ronca. Ana asintió, perdida en el placer. Luis embestía desde abajo, sus manos en sus caderas guiándola. Marco se posicionó atrás, escupiendo en su ano para lubricar. Entró despacio, centímetro a centímetro. ¡Dolor y placer puro! Ana jadeó, sintiéndose repletísima, estirada al límite. El doble llenado era abrumador: roce mutuo a través de la delgada pared, pulsos sincronizados.

Se movieron en ritmo, el colchón crujiendo, pieles chocando con sonidos húmedos. Ana cabalgaba, sus chichis botando, el cabello pegado a la cara por el sudor. Olía a ellos, a sexo crudo, a tequila olvidado en la mesita. Los gemidos subían de tono: "¡Más duro, wey!" "¡Sí, así, pinche Ana!". Sus pensamientos eran un torbellino:

Soy la reina de este trío, neta que esto es vida
.

El clímax colectivo llegó como avalancha. Luis se corrió primero, llenándole el coño con chorros calientes que sintió chorrear. Eso disparó a Marco, quien eyaculó en su culo, el semen lubricando las últimas embestidas. Ana explotó de nuevo, gritando, el cuerpo convulsionando entre ellos, uñas clavadas en los hombros de Luis.

Colapsaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Ana se sentía flotando, el semen goteando de ella, mezclándose en las sábanas. Marco le besó el cuello, Luis le acarició el pelo. Esto fue más que un video, pensó, mientras apagaba la cámara. Revisaron el clip: crudo, real, su propio video caseros tríos xxx perfecto.

Después, se ducharon juntos, risas y besos bajo el agua caliente. En la cama limpia, Ana se acurrucó entre ellos, el corazón lleno. ¿Repetimos? preguntó juguetona. Simón, contestaron al unísono. La noche terminó con promesas de más aventuras, el eco de sus gemidos lingüeando en el aire como un secreto compartido.

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