Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Asics Noosa Tri 10 al Límite del Placer Asics Noosa Tri 10 al Límite del Placer

Asics Noosa Tri 10 al Límite del Placer

7466 palabras

Asics Noosa Tri 10 al Límite del Placer

El sol de Cancún pegaba como chingazo en la playa, pero tú no sentías el calor abrasador más que como un beso ardiente en la piel. Tus Asics Noosa Tri 10 mordían la arena húmeda con cada zancada, el neopreno fresco rozando tus tobillos, ese grip perfecto que te hacía sentir invencible. Habías llegado temprano para el entrenamiento, el triatlón nacional se acercaba y cada sesión era una batalla contra tu propio cuerpo. El olor a salitre se mezclaba con el sudor que ya perlaba tu frente, y el sonido rítmico de tus pasos se fundía con las olas rompiendo a lo lejos.

De repente, lo viste. Un wey alto, moreno, con músculos tallados por horas en el gym y la carretera. Corría paralelo a ti, sus zapatillas relucientes bajo el sol, pero tus ojos se clavaron en cómo su camiseta se pegaba a su pecho empapado. Neta, qué pendejo tan chido, pensaste, mientras acelerabas un poco para ponerte a su lado. Él te miró, sonrió con esa picardía mexicana que te eriza la piel, y dijo:

Órale, carnala, ¿vas con todo en el tri? Esas Asics Noosa Tri 10 se ven chingonas, te dan alas pa'l sprint.

Su voz grave vibró en tu pecho como un tambor. Te detuviste jadeando, el corazón latiéndote a mil, no solo por la carrera. Alejandro, se llamaba. Entrenaba para lo mismo, un culero del norte que se había mudado por el clima y las chavas como tú. Charlaron un rato, el viento trayendo el aroma de cocos frescos del carrito cercano, mientras el sudor corría por tu cuello y se colaba entre tus senos. Sentiste su mirada bajando, deteniéndose en tus piernas tonificadas, en cómo las Asics Noosa Tri 10 acentuaban la curva de tus pantorrillas. Hubo una chispa, un roce accidental de manos al ajustar las agujetas, y supiste que esto no era solo entrenamiento.

Acto uno cerrado, el deseo ya bullía bajo la superficie como el agua caliente del mar Caribe.

Los días siguientes fueron puro fuego lento. Alejandro te mandaba mensajes: "Wey, vente al malecón a las seis, vamos a nadar y correr". Tú llegabas con tus Asics Noosa Tri 10 puestas, el elástico abrazándote como una promesa. Entrenaban juntos: nado en el mar turquesa donde sus cuerpos se rozaban bajo el agua, el cloro y la sal pegándose a la piel; bici por la costera, el viento azotando vuestros cabellos; y la carrera, donde él te retaba a sprintar, sus risas mezclándose con los jadeos.

Una tarde, después de una sesión brutal, se tumbaron en la arena. El sol se ponía en tonos naranjas y rosas, pintando sus cuerpos dorados. Tú sentiste su mano en tu muslo, un toque ligero al principio, como quitando arena, pero que se quedó ahí, el calor de su palma filtrándose a través del short ajustado. ¿Qué pedo con este calorcito? pensaste, mientras tu pulso se aceleraba más que en cualquier carrera. Él se acercó, su aliento oliendo a menta y esfuerzo, y murmuró:

Me late cómo corres, morra. Esas Asics Noosa Tri 10 te hacen ver como diosa del asfalto. Pero neta, lo que traes adentro me mata.

Lo besaste entonces, un beso salado y hambriento, lenguas danzando como en una coreografía perfecta. Sus manos exploraron tu espalda, bajando a apretar tus nalgas firmes del entrenamiento. Tú lo empujaste contra la arena, montándote encima, sintiendo su verga dura presionando contra ti a través de la tela. El olor a sudor masculino te invadió, embriagador, mezclado con el yodo del mar. Rozaste tus Asics Noosa Tri 10 contra sus piernas, el roce del neopreno contra su piel áspera enviando chispas de placer inesperado. Él gimió, "¡Ay, wey, qué chingón!", y te volteó, su boca devorando tu cuello, mordisqueando esa piel sensible que te hacía arquearte.

La tensión crecía con cada caricia. Se quitaron la ropa despacio, saboreando el momento. Tus tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. Él lamió uno, succionando con fuerza, mientras sus dedos bajaban a tu entrepierna, encontrándote empapada. Estás chorreando, mi reina, susurró, y tú respondiste metiendo la mano en su short, agarrando su polla gruesa, palpitante, venosa. La piel suave sobre el acero, el calor que emanaba, te hizo salivar. Lo pajiste lento, sintiendo cada vena, mientras él metía dos dedos en ti, curvándolos para tocar ese punto que te hacía ver estrellas.

El conflicto interno te azotaba: ¿Y si solo es un polvo de entrenamiento? Neta quiero más. Pero su mirada te decía que esto era real, profundo. Se movieron al borde del agua, las olas lamiendo sus pies. Tú te arrodillaste, el arena raspando tus rodillas, y tomaste su verga en la boca. El sabor salado, el olor almizclado de su excitación, te volvieron loca. La chupaste profundo, garganta relajada por la práctica de control en el nado, lengua girando alrededor del glande hinchado. Él agarró tu pelo, "¡No mames, qué rica!", gimiendo mientras sus caderas se movían.

Acto dos en su clímax, el cuerpo gritando por liberación.

Te levantó como si no pesaras nada, gracias a esos tríceps de hierro. Te recargó contra una palmera, las hojas susurrando con la brisa. Abrió tus piernas, admirando tu coño depilado, hinchado de deseo. Te voy a comer hasta que grites, prometió, y bajó la cabeza. Su lengua plana lamió desde el clítoris hasta el ano, un recorrido eléctrico que te hizo temblar. Saboreó tus jugos, chupando el botón sensible, metiendo la lengua dentro mientras sus dedos jugaban con tus labios. Tú gemías alto, "¡A huevo, Ale, no pares, pendejo!", las olas ahogando tus gritos. El orgasmo te pegó como un sprint final, piernas flaqueando, Asics Noosa Tri 10 hundiéndose en la arena húmeda mientras corrías hacia el éxtasis.

Pero no pararon. Él te penetró de pie, su verga abriéndote centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. El estiramiento delicioso, la fricción perfecta contra tus paredes. Embestía fuerte, piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando tu culo. Sudor goteaba de su frente a tus tetas, lubricando todo. Cambiaron: tú encima en la arena, cabalgándolo como en la bici, control total. Sus manos en tus caderas guiando, pellizcando. Sí, cabálgame, mi triatleta caliente. El olor a sexo crudo, arena y mar, te envolvía. Sentiste su polla hincharse, y apretaste, ordeñándolo.

Él volteó, misionero feroz, piernas sobre sus hombros, tus Asics Noosa Tri 10 rozando su espalda. Profundo, brutal, amoroso. Vente conmigo, gruñó, y explotó dentro, chorros calientes bañando tu interior. Tú lo seguiste, segundo orgasmo destrozándote, uñas clavadas en su espalda, gritando su nombre al viento.

Acto tres, el afterglow. Yacían entrelazados, el mar lamiendo sus pies, estrellas saliendo. Su mano acariciaba tu pelo, besos suaves en la sien. Eres lo máximo, wey. No solo corres chido, corres directo a mi corazón, dijiste, riendo bajito. Él sonrió, Neta, contigo quiero todos los entrenos del mundo. El cuerpo relajado, músculos cantando de placer compartido, el aroma de sus fluidos mezclados en la brisa nocturna. Sabías que esto era el inicio de algo grande, como cruzar la meta juntos. La luna testigo, Cancún susurrando promesas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.