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Porno Trio con Mi Esposa

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Porno Trio con Mi Esposa

Todo empezó una noche de esas en que el calor de la ciudad te pega como un beso ardiente. Vivíamos en un depa chido en Polanco, Daniela y yo, con vistas al skyline que parpadeaba como si supiera nuestros secretos. Llevábamos cinco años casados, y aunque la neta es que el amor seguía ahí, fuerte como tequila reposado, la rutina en la cama empezaba a oler a lo mismo de siempre. Yo, un cuate de treinta y tantos trabajando en marketing, y ella, mi reina de curvas peligrosas, morena clara con ojos que te clavan como dardos, era diseñadora gráfica. Esa noche, después de unas chelas frías, le solté la bomba mientras nos acurrucábamos en el sofá de piel suave.

¿Y si probamos algo nuevo, mi amor? Algo que nos prenda de verdad. Le dije, rozando mi mano por su muslo desnudo bajo el shortcito de algodón. Ella se mordió el labio, ese gesto que me volvía loco, y me miró con picardía.

¿Como qué, cabrón? ¿Un porno trio con mi esposo y otro vato?
Su voz era ronca, juguetona, con ese acento chilango que me erizaba la piel. Neta, mi verga dio un salto al instante. Hablamos horas, confesando fantasías. Ella quería sentir dos hombres adorándola, yo ver su concha chorreando de placer compartido. Acordamos reglas: todo consensual, sin celos, y elegimos a Alex, un carnal del gym, alto, musculoso, con sonrisa de galán de telenovela. Le mandé un mensaje esa misma noche. Sí, carnal, vente mañana. Va a ser épico.

Al día siguiente, el aire olía a jazmín del balcón y a anticipación. Daniela se arregló como diosa: vestido negro ceñido que marcaba sus chichis firmes y su culo redondo, labios rojos como chile piquín. Yo preparé la barra con mezcal ahumado, vasos tintineando. Cuando sonó el timbre, mi pulso se aceleró como tamborazo en fiesta. Alex entró con colonia fresca, camisa ajustada mostrando pectorales. Chingado, esto va en serio, pensé, mientras los presentaba. Nos sentamos en la sala, luces tenues, música suave de cumbia sensual de fondo. Charla ligera al principio: trabajo, gym, pero pronto el mezcal soltó las lenguas.

Daniela se recargó en mi hombro, su mano en mi entrepierna masajeando mi verga que ya estaba tiesa como poste.

¿Listos para el porno trio con mi esposo?
Dijo riendo, pero sus ojos brillaban de deseo puro. Alex nos miró, tragando saliva, y asintió. Yo la besé primero, profundo, saboreando su lengua dulce con toques de mezcal. Sus labios suaves, húmedos, chupando el mío con hambre. Alex se acercó, su mano grande en la nuca de ella, uniéndose al beso. Tres lenguas danzando, saliva mezclada, gemidos bajos que vibraban en mi pecho. Olía a su perfume floral mezclado con el sudor incipiente de excitación.

La llevamos al cuarto, alfombra mullida bajo pies descalzos. Le quité el vestido despacio, revelando lencería roja que enmarcaba sus pezones duros como caramelos. Mi esposa, putísima diosa, rugí en mi mente. Alex jadeaba, desabotonando su camisa. Ella se arrodilló entre nosotros, manos expertas bajando nuestros boxers. Mi verga saltó libre, venosa y palpitante; la de él, gruesa, curva, goteando ya. Daniela los miró, lamiéndose los labios. Mmm, qué ricas vergas tengo aquí, murmuró con voz de terciopelo. Empezó chupándome a mí, boca caliente envolviéndome, lengua girando en la cabeza sensible. El sonido chup chup húmedo llenaba el aire, su saliva resbalando por mi tronco. Luego a Alex, mamada profunda, garganta abierta, mientras me masturbaba a mí con la mano suave.

La tensión subía como fiebre. La acostamos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo. Yo besé su cuello, mordisqueando esa piel salada, bajando a sus chichis. Chupé un pezón, duro y rosado, tirando suave con dientes mientras ella arqueaba la espalda. Sí, cabrón, así, gemía. Alex lamía su otra teta, manos explorando su vientre plano. Bajamos juntos, besos en el ombligo, hasta su concha depilada, labios hinchados brillando de jugos. Olía a almizcle dulce, a mujer en celo. Yo abrí sus labios mayores, lengua en el clítoris hinchado, saboreando su miel agria y caliente. Alex metió dos dedos, curvados, tocando su punto G. Ella gritaba,

¡Ay, pinches cabrones, me van a matar de gusto!
Cuerpo temblando, piernas envolviéndonos.

El calor era asfixiante, sudor perlando nuestras pieles, pegajosas al rozarnos. Quería verla llena. Es hora del porno trio con mi esposa en acción, pensé febril. La puse en cuatro, su culo empinado como ofrenda. Alex se colocó atrás, verga untada en su flujo, empujando lento. Entró centímetro a centímetro, estirándola, ella gimiendo ronco: ¡Qué gorda, chingado! Yo adelante, ella mamándome mientras él la taladraba, embestidas rítmicas haciendo carne chapotear. Su concha chasqueando, bolas golpeando clítoris. Cambiamos: yo la cogí misionero, profundo, sintiendo su interior apretado, caliente como horno. Alex en su boca, ella gorgoteando placer. Sus ojos vidriosos me miraban: Te amo, esto es nuestro.

La intensidad crecía, pulsos latiendo en sienes, respiraciones entrecortadas. La volteamos, Daniela cabalgándome, concha tragándome entero, jugos resbalando por mis huevos. Sus chichis rebotando, sudor goteando en mi pecho. Alex detrás, lubricante fresco, dedo en su ano virgen.

¿Quieres mi verga ahí, preciosa?
Ella asintió frenética. Entró despacio, doble penetración. Gritó al principio, dolor placer mezclado, luego puro éxtasis. Dos vergas en mi esposa, rellenándola como reina. Movimientos sincronizados, ella entre nosotros, pieles chocando, olores a sexo crudo, gemidos convirtiéndose en alaridos. Su clítoris frotándose en mí, ano apretando a Alex.

El clímax nos alcanzó como tsunami. Daniela convulsionó primero, concha ordeñándome, chorros calientes mojando sábanas. ¡Me vengo, pinches vergas! Alex gruñó, sacando y pintando su espalda de leche espesa. Yo exploté dentro, chorros potentes llenándola, placer cegador cegándome. Colapsamos, cuerpos entrelazados, pechos subiendo bajando, risas jadeantes. Besos suaves, lenguas perezosas. Alex se fue después de un trago más, con promesa de repetir. Daniela y yo solos, abrazados, su cabeza en mi pecho oliendo a sexo y amor.

Esto nos unió más, cabrón. El porno trio con mi esposa no fue solo carne, fue fuego que avivó nuestro pinche matrimonio. Ahora, cada mirada suya me recuerda esa noche, y la promesa de más aventuras chingonas.

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