Alkaline Trio Esta Adicción
La noche caía sobre la Condesa como un manto suave de luces neón y aromas a tacos al pastor flotando desde la calle. Mi depa en la Álvaro Obregón estaba listo: luces bajas, velas de vainilla encendidas que llenaban el aire con ese olor dulce y tentador, y mi bocina Bose tronando los primeros acordes de Alkaline Trio. Neta, esa banda siempre me ponía la piel chinita. Hoy era especial porque sacaban aniversario de This Addiction, ese disco que me había salvado el culo en tantas noches de insomnio. Invité a Marco, mi carnal de la uni, el wey que siempre me había visto con esos ojos que decían más que palabras.
Él llegó puntual, con una sonrisa pícara y una botella de mezcal artisanal bajo el brazo. Órale, qué chido verte, Ana, dijo mientras me abrazaba. Su olor a colonia fresca mezclada con un toque de sudor del tráfico me revolvió las tripas. Llevaba una playera negra ajustada que marcaba sus pectorales, y unos jeans que le quedaban como pintados. Yo me había puesto un vestido negro corto, de esos que se pegan al cuerpo, sin bra, solo para sentirme libre. Nos sentamos en el sofá de piel, sirvió los tragos, y puse play. Help Is On The Way empezó a sonar, esa guitarra rasposa que me erizaba los vellos de la nuca.
¿Por qué carajos lo invité? ¿Solo por la música o porque cada vez que lo veo siento que mi cuerpo grita por él?Me preguntaba mientras sorbía el mezcal, que quemaba dulce en la garganta. Hablamos de todo: del pinche tráfico, de cómo Alkaline Trio nos había marcado en la prepa, de cómo This Addiction era su disco favorito porque hablaba de adicciones reales, no solo de amor, sino de esa necesidad que te come vivo. Sus ojos se clavaban en los míos, y yo sentía el calor subiendo por mis muslos. La habitación se llenaba de humo de las velas y el ritmo punk que nos envolvía como un latido compartido.
La plática fluyó, pero la tensión crecía como la batería de Surrender. Nuestras rodillas se rozaban accidentalmente, o no tan accidental. Su mano grande y callosa rozó mi brazo al pasarme el vaso, y un chispazo me recorrió la espina. Neta, Ana, siempre has sido la morra más chida, murmuró, su voz ronca compitiendo con la música. Me reí, juguetona. ¿Y tú siempre has sido tan pendejo para no decirme lo que sientes? El aire se espesó, cargado de promesas. Me acerqué, mi aliento mezclándose con el suyo, olor a mezcal y menta.
Acto seguido, su boca encontró la mía. Fue un beso lento al principio, explorador, como si probara el terreno. Sus labios carnosos, suaves pero firmes, sabían a humo y deseo. Gemí bajito cuando su lengua se coló, bailando con la mía en un ritmo que igualaba el de la canción. Mis manos subieron por su pecho, sintiendo los músculos tensos bajo la tela. Él me jaló hacia su regazo, y sentí su verga ya dura presionando contra mi panocha a través de la tela delgada. Esto es una adicción, wey, susurré contra su cuello, oliendo su piel salada. Como Alkaline Trio y This Addiction, respondió él, riendo ronco.
La música seguía, ahora I Know Better, con esa letra que gritaba verdades crudas. Lo empujé suave contra el sofá, montándome a horcajadas. Mis tetas rozaban su pecho mientras le quitaba la playera, revelando un torso tatuado con calacas y rosas mexicanas, sudado y brillante bajo la luz ámbar. Lamí su piel, saboreando la sal, bajando por su abdomen hasta el botón de sus jeans. Él jadeaba, sus manos grandes amasando mis nalgas, apretando con esa fuerza que me hacía mojarme más. Quítate eso, nena, gruñó, y yo obedecí, levantando el vestido por encima de la cabeza. Mis pezones duros al aire, sensibles al roce fresco.
Pinche adicción esta, su toque me quema, me hace querer más, siempre más.Bajé su zipper, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre la dureza. Él gimió fuerte cuando la chupé, lamiendo la punta donde brotaba una gota salada. Su sabor era puro macho, adictivo como el mezcal. Lo mamé profundo, mi boca llena, garganta relajada, mientras él enredaba los dedos en mi pelo, guiándome sin forzar. La habitación olía a sexo ya, a feromonas y vela derretida, el bajo de la música vibrando en mi clítoris.
Marco me levantó como si no pesara nada, cargándome al cuarto. Me tiró en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Se quitó todo, su cuerpo desnudo era una obra de arte: piernas fuertes, culo firme. Se hincó entre mis piernas, besando mis muslos internos, mordisqueando suave hasta llegar a mi panocha empapada. Su lengua experta lamió mi clítoris hinchado, chupando con succiones que me arquearon la espalda. ¡Ay, wey, no pares! grité, mis caderas moviéndose solas. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, frotando mi punto G mientras lamía. El orgasmo me vino como ola, mi coño contrayéndose, jugos brotando, mi voz rompiendo en un grito que ahogó la música.
Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, mi culo, hasta que sentí la punta de su verga en mi entrada. ¿Quieres, morra? ¿Quieres que te coja? Sí, pendejo, cógeme duro, supliqué. Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Lleno, tan lleno. Empezó a bombear, primero suave, luego más rápido, sus bolas golpeando mi clítoris con cada estocada. El sonido de piel contra piel, chapoteo de mis jugos, nuestros gemidos mezclados con Take Lots With Alcohol de fondo. Sudábamos, resbaladizos, sus manos en mis caderas tirando de mí hacia él. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, mis tetas rebotando, clavándome sus pulgares en las nalgas. Él se sentó, mamando mis pezones, mordiendo suave mientras yo giraba las caderas, frotando mi clítoris contra su pubis.
La tensión subía, como el clímax de un pinche coro punk. Me vengo, Ana, jadeó. Vente conmigo, respondí, acelerando. Su verga se hinchó dentro, caliente, y explotó, chorros calientes llenándome mientras mi segundo orgasmo me sacudía, visión borrosa, cuerpo temblando. Colapsamos, enredados, su peso cómodo sobre mí, corajes latiendo al unísono.
La música terminó, silencio roto solo por nuestras respiraciones. Él se salió suave, un hilo de semen goteando de mi coño satisfecho. Nos limpiamos con risas, besos perezosos. Esta adicción no para con Alkaline Trio y This Addiction, dijo él, acariciando mi pelo. Yo sonreí, oliendo nuestro sexo en las sábanas.
Neta, esto es mejor que cualquier disco. Es real, es nuestro.Nos quedamos así, envueltos en el afterglow, planeando la próxima rola, la próxima noche. Porque algunas adicciones valen la pena, wey. La piel aún hormigueaba, el sabor de él en mi boca, y supe que esto apenas empezaba.