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La App de Prueba de Gafas que Enciende Pasiones

6744 palabras

La App de Prueba de Gafas que Enciende Pasiones

Estaba en mi depa en la Condesa neta aburridísima una tarde de viernes. El sol se colaba por las cortinas filtrando ese calorcito pegajoso que te hace sudar hasta el alma. Agarré mi cel y empecé a scrollear la App Store como pendeja sin rumbo. De repente vi esa publicidad chillona: App de prueba de gafas. "Órale, ¿qué pedo con esto?" pensé. Era una app de realidad aumentada pa probarte lentes virtuales desde tu cámara. Sonaba chido pa distraerme un rato, así que la bajé sin pensarlo dos veces.

Abrí la app y enfoqué la cámara en mi cara. Mi reflejo salió en la pantalla con un montón de marcos elegantes flotando alrededor. Probé unos negros de aviador que me quedaban de poca madre. Me reí sola imaginándome saliendo de antro con ellos puestos. Pero luego la app vibró y sacó un mensaje: "¡Comparte tu look y encuentra matches!" Neta no le había visto esa parte. Era como Tinder pero pa gafas. "¿Y si le entro al juego?" me dije mordiéndome el labio. El corazón me latió un poquito más rápido con esa emoción traviesa.

Subí mi foto con las gafas y en segundos llegaron likes. Uno me llamó la atención: un wey guapísimo con barba recortada y ojos cafés intensos. Se llamaba Marco, de la Roma, y su foto lo mostraba con unos lentes redondos estilo intelectual sexy. Me mandó un mensaje directo: "Esos aviadores te sientan como guante wey qué chingón verte". Sentí un cosquilleo en la panza. Le contesté juguetona: "Gracias carnal tú tampoco te quedas atrás con esos redonditos ¿nos probamos mutuamente?".

La app tenía un modo live try-on pa verse en tiempo real. Acepté la invitación y de pronto su cara apareció superpuesta en mi pantalla mientras yo veía la mía. Él se probó unas gafas de carey gruesas que le daban un aire dominante y yo unas de gatita que me hacían ver coqueta. "Neta te ves cañón" dijo él con voz grave que se sentía como caricia en la oreja. Yo me acomodé el pelo sintiendo el calor subirle a las mejillas. "Tú sí que me estás poniendo nerviosa Marco". Hablamos un rato de todo: de tacos al pastor en la esquina, de la vida en la ciudad, de cómo la app nos había unido por puro desmadre. Su risa ronca me erizaba la piel.

¿Y si esto es el pretexto perfecto pa algo más? Hace rato que no siento esta electricidad con nadie

El modo live se ponía más intenso. La app sugería "poses hot" pa probar gafas en ángulos sensuales. Yo me acerqué a la cámara arqueando la espalda un poquito y él hizo lo mismo inclinándose con mirada fija. "Imagínate si estuviéramos en persona" murmuró. Mi respiración se aceleró oliendo mi propio perfume mezclado con el aroma dulce de mi piel calentándose. "Ven y averígualo" le reté sin pensarlo. Quedamos en vernos esa misma noche en un bar cerca de la Glorieta de Insurgentes.

Llegué al bar con el corazón en la garganta. El lugar estaba vivo con música de cumbia rebajada retumbando en las paredes y olor a mezcal ahumado flotando en el aire. Me senté en la barra pidiendo un paloma helada que me refrescó la lengua con su lima agria. De repente sentí una mano cálida en mi hombro. "Ana ¿verdad?" Era él en carne y hueso más alto y musculoso de lo que parecía en la app. Llevaba puestos esos lentes redondos que lo veían tan pendejo sexy. "Marco en persona eres letal" le dije riendo nerviosa.

Nos sentamos en una mesa apartada. Sus ojos me recorrían deteniéndose en mis labios mientras hablábamos. El roce accidental de su rodilla contra la mía mandaba chispas por mi pierna. "La app de prueba de gafas fue lo mejor que me pasó esta semana" confesó él bajando la voz. Yo asentí sintiendo mi piel erizarse bajo el vestido ligero. "Neta me dejó con ganas de más". Pedimos otra ronda y el alcohol nos soltó la lengua. Hablamos de deseos reprimidos de cómo la rutina nos tenía hartos. Su mano se posó en mi muslo despacito y yo no la quité. Al contrario la apreté con la mía guiándola más arriba.

Salimos del bar caminando por las calles empedradas iluminadas por faroles. El aire nocturno traía olor a jazmín de algún jardín cercano y el bullicio lejano de autos. Llegamos a su depa a unas cuadras un lugar chido con vista al parque. Apenas cerramos la puerta sus labios encontraron los míos. Su beso era hambriento con sabor a tequila y menta. Gemí bajito sintiendo su barba raspándome la piel suave del cuello mientras sus manos me levantaban el vestido.

Esto es lo que necesitaba su cuerpo contra el mío todo cálido y firme

Me quitó las gafas que traía puestas —unas que me había comprado inspirada en la app— y se las probó él riendo. "Te ves aún mejor sin ellas pero con esta vista tuya soy yo el que necesita lentes pa no perderme nada". Lo empujé al sofá besándolo con más fuerza mis uñas clavándose en su espalda. Él me desabrochó el brasier liberando mis tetas que él lamió con lengua experta. El sonido de su succión húmeda se mezclaba con mis jadeos y el latido acelerado de mi corazón. Olía a su colonia amaderada mezclada con sudor fresco.

Le bajé el pantalón y su verga saltó dura palpitante. La tomé en mi mano sintiendo su calor aterciopelado y el pulso latiendo contra mi palma. "Chíngame con la mirada primero" le pedí juguetona poniéndome unas gafas que saqué de mi bolsa. Él gruñó profundo empujándome contra la pared. Sus dedos exploraron mi entrepierna encontrándome empapada. "Estás chorreando wey" murmuró metiendo dos dedos despacio curvándolos justo donde dolía de placer. Yo me arqueé gimiendo alto el roce de sus nudillos contra mi clítoris mandándome ondas de calor.

Caímos en la cama enredados. Él se puso encima embistiéndome lento al principio cada centímetro estirándome deliciosamente. El sonido de piel contra piel chapoteaba rítmico con mis gemidos "¡Más duro cabrón!". Sudábamos pegajosos el olor almizclado de nuestros sexos llenando la habitación. Sus caderas chocaban contra las mías acelerando el ritmo mientras yo le arañaba la espalda sintiendo sus músculos tensarse. "Ven conmigo Ana" jadeó él y yo exploté en un orgasmo que me dejó temblando estrellas en los ojos su leche caliente llenándome en oleadas.

Nos quedamos así jadeantes abrazados el sudor enfriándose en nuestra piel. Él se quitó las gafas y las puso en la mesita besándome la frente. "La app de prueba de gafas nos juntó pero esto es real neta". Yo sonreí acurrucándome en su pecho oyendo su corazón calmarse al ritmo del mío. Afuera la ciudad seguía su desmadre pero adentro todo era paz y promesas. Mañana probaríamos más gafas quién sabe qué pasiones desataría.

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