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XXX Trío Español Ardiente

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XXX Trío Español Ardiente

La noche en Puerto Vallarta olía a mar salado y a jazmín fresco, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la playa privada. Juan caminaba por la terraza de la casa rentada, con una cerveza fría en la mano, sintiendo el calor pegajoso del trópico en su piel morena. Hacía años que no veía a María, su amiga de la uni, esa morena de curvas generosas que siempre lo había mirado con ojos pícaros. Esta vez venía con su prima Sofía, una culona de pelo negro largo y labios carnosos que prometían pecados. Las tres habían llegado esa tarde, riendo y cargando maletas llenas de bikinis diminutos y botellas de tequila.

Órale, wey, qué chido que viniste, le dijo María al abrazarlo, presionando sus tetas firmes contra su pecho. Juan olió su perfume mezclado con protector solar, un aroma que le revolvió las tripas de deseo. Sofía se acercó después, rozando su cadera con la suya, neta que estás más guapo, murmuró con voz ronca, sus ojos cafés brillando bajo las luces de colores. La música reggaetón retumbaba desde los bocinas, invitando a los cuerpos a pegarse.

Se sentaron en las hamacas de la terraza, pasando el trago. Juan sentía el pulso acelerado, el corazón latiéndole como tambor en el pecho. María contaba anécdotas de la ciudad, pero sus pies descalzos rozaban la pierna de Juan bajo la mesa baja de mimbre. Sofía reía fuerte, echando la cabeza para atrás, dejando ver el sudor perlado en su cuello.

¿Y si jugamos algo caliente? Como verdad o reto, pero versión adulta
, propuso Sofía, lamiéndose los labios rojos. Juan tragó saliva, imaginando ya sus lenguas en su piel.

El reto empezó inocente: María tuvo que besar a Sofía en la mejilla, pero el beso se deslizó a la boca, lenguas jugueteando un segundo que pareció eterno. Juan miró hipnotizado, su verga endureciéndose bajo los shorts. Mi turno, dijo él, y Sofía lo retó a quitarse la playera. Lo hizo lento, flexionando los músculos del abdomen, oliendo su propio sudor mezclado con el salitre. Las chicas aplaudieron, pero sus miradas eran puro fuego.

La tensión crecía como la marea. Otro reto: María metió la mano en los shorts de Juan, rozando apenas la punta de su pito tieso. ¡Pendejo, ya estás listo!, rio ella, pero su voz temblaba de ganas. Sofía no se quedó atrás; se subió a las piernas de Juan, moviendo las caderas en círculos lentos al ritmo de la música. Él sintió el calor de su panocha a través de la tela delgada del bikini, húmeda ya, oliendo a mujer excitada, ese almizcle dulce que lo volvía loco.

Ya no había juego. María apagó la música y las luces tenues de la terraza se reflejaban en sus pieles aceitadas. Vamos adentro, susurró Sofía, tomando la mano de Juan y la de María. Subieron las escaleras de madera crujiente, el aire cargado de expectativa. En la habitación king size, con vista al mar negro, se desvistieron sin prisa. Juan vio caer el bikini de María, revelando pezones oscuros y erectos, tetas pesadas que pedían ser chupadas. Sofía se quitó el suyo, su culo redondo temblando al moverse, la concha depilada brillando de jugos.

Se tumbaron en la cama de sábanas frescas, el ventilador zumbando arriba. Juan besó a María primero, saboreando sus labios salados, lengua explorando su boca mientras su mano bajaba a amasar el culo de Sofía. Ella gemía bajito, órale, sí así, frotándose contra su muslo. María se apartó para lamer el cuello de Sofía, chupando suave, dejando marcas rojas. Juan olió el aroma de sus sexos mezclados, ese olor a miel caliente y deseo puro.

Las chicas lo empujaron boca arriba. María se arrodilló entre sus piernas, sacando su verga gruesa y venosa, lamiendo desde la base hasta la cabeza con lengua plana y lenta. Qué rica verga, carnal, murmuró, succionando con labios apretados. Sofía se sentó en su cara, bajando su panocha chorreante sobre su boca. Juan la lamió ansioso, saboreando el néctar salado-dulce, lengua metiéndose en los labios hinchados, rozando el clítoris endurecido. Sofía se retorcía,

¡Ay, wey, me vas a hacer venir ya!
, sus jugos corriéndole por la barbilla.

El cuarto se llenó de sonidos: chupadas húmedas, gemidos roncos, pieles chocando suaves. Juan sentía las bolas apretadas, el placer subiendo como ola. Cambiaron posiciones; ahora Sofía montaba su verga, empalándose despacio, su concha apretada envolviéndolo como guante caliente. Neta que eres grande, jadeó ella, subiendo y bajando, tetas rebotando. María se puso a cuatro, ofreciéndole su culo. Juan la penetró desde atrás mientras Sofía lo besaba, lenguas enredadas, manos en todas partes.

La intensidad crecía. Sudor corría por espaldas, oliendo a sexo crudo y tropical. Juan embestía fuerte en María, sintiendo sus paredes contraerse, ¡Más duro, pendejito!, gritaba ella. Sofía frotaba su clítoris contra el pubis de Juan, corriéndose primero con un alarido, jugos salpicando. María vino después, temblando, ordeñando su verga. Juan no aguantó más; se sacó, eyaculando chorros calientes sobre sus culos, pintándolos de blanco cremoso.

Se derrumbaron jadeantes, el aire espeso de olor a semen y coños satisfechos. Juan las abrazó, una a cada lado, pieles pegajosas uniéndose. María besó su pecho, Esto fue chingón, como un xxx trio español pero mejor, con puro sabor mexicano. Sofía rio bajito, lamiendo un resto de semen de sus labios. Sí, wey, neta que hay que repetirlo.

La luna entraba por la ventana, iluminando sus cuerpos exhaustos. Juan sentía el corazón calmándose, pero el deseo latente, sabiendo que la noche no acababa ahí. Afuera, las olas seguían su ritmo eterno, como sus pulsos aún acelerados. En ese momento, todo era perfecto: piel, sudor, risas y promesas de más placer.

Al amanecer, con el sol tiñendo el mar de oro, se despertaron enredados. María preparó café fuerte, oliendo a canela y tierra húmeda. Sofía estiró su cuerpo desnudo, tetas apuntando al techo. ¿Listo para ronda dos?, guiñó Juan, y las risas llenaron la casa. Habían cruzado una línea, pero era la mejor decisión. El xxx trio español que habían creado era suyo, ardiente y eterno en sus memorias.

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