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El Ardiente Trío Dos Hombres y Una Mujer

6846 palabras

El Ardiente Trío Dos Hombres y Una Mujer

Imagina el sol del atardecer tiñendo de naranja la playa de Puerto Vallarta, el aire salado mezclándose con el aroma dulce de las cocadas que venden los ambulantes. Tú, mamacita con curvas que vuelven locos a los weyes, estás en una fiesta privada en una villa con piscina infinita. Llevas un vestido ligero de tirantes que se pega a tu piel sudada por el calor húmedo, y sientes las miradas de todos, pero especialmente de ellos dos: Marco y Luis, carnales desde la uni, altos, morenos, con músculos tallados por horas en el gym y sonrisas que prometen pecados deliciosos.

Estás recargada en la barandilla, con un michelada fría en la mano, el limón picándote la lengua y la espuma salada en los labios. Marco se acerca primero, su colonia fresca invadiendo tu espacio, "Órale, qué chida te ves esta noche", dice con esa voz grave que te eriza la piel. Luis no se queda atrás, flanqueándote como un equipo perfecto, su mano rozando tu cadera accidentalmente —o no tan accidental—. Charlan de todo y nada: el mar bravío, las leyendas de la zona, pero sus ojos te devoran, bajando por tus pechos que suben y bajan con cada respiración acelerada.

El deseo inicial es como una corriente eléctrica. Sientes el pulso en tu clítoris latiendo al ritmo de la cumbia que retumba desde los bocinas.

¿Y si me lanzo? Neta, estos dos podrían hacerme volar
, piensas mientras Marco te ofrece un trago de su ron, sus labios rozando el borde del vaso que luego pones en tu boca. El sabor dulce y ardiente te quema la garganta, y Luis susurra al oído: "Eres fuego puro, ¿sabes?" La tensión crece cuando te invitan a bailar. Tus caderas se mueven entre ellos, sus cuerpos presionando contra el tuyo, erecciones duras rozando tus muslos. El sudor de sus camisas empapadas huele a hombre, a testosterona y mar.

La noche avanza, y la fiesta se diluye en risas lejanas. Marco y Luis te miran con ojos hambrientos. "¿Qué tal si seguimos esto en privado? Un trío dos hombres y una mujer como tú merece algo especial", suelta Marco con picardía, y Luis asiente, su mano apretando tu nalga con permiso implícito que tú das con un gemido suave. Dices que sí, el corazón tronándote en el pecho, y suben contigo las escaleras de la villa, el viento nocturno enfriando tu piel ardiendo.

En la habitación king size, con vista al Pacífico rugiendo abajo, cierran la puerta. La luz de la luna filtra por las cortinas, bañándolos en plata. Te quitas el vestido despacio, sintiendo sus respiraciones pesadas. Tus senos libres rebotan, pezones duros como piedras por el aire fresco. Marco gime: "Pendejos los que no te ven así", y Luis ya está de rodillas, besando tu ombligo, su lengua trazando círculos calientes que te hacen arquear la espalda.

El escalation es gradual, como una ola que crece. Te sientan en la cama king, sábanas de algodón egipcio suaves contra tu piel desnuda. Marco te besa primero, su boca demandante, lengua invadiendo la tuya con sabor a ron y sal. Sientes su barba raspando tu barbilla, mientras Luis lame tus muslos internos, el aliento caliente subiendo hasta tu panocha empapada. ¡Ay, cabrón! piensas, el placer punzando como agujas dulces. Tus manos exploran: la verga de Marco gruesa y venosa bajo los boxers, latiendo al agarre; la de Luis más larga, curvada, goteando precum que lames de sus dedos.

Te tumban de espaldas, y el dúo ataca en tándem. Marco chupa tus tetas, mordisqueando pezones hasta que gritas, el dolor-placer enviando descargas a tu centro. Luis separa tus labios vaginales con dedos expertos, oliendo tu excitación almizclada —neta, huelo a sexo puro—. Su lengua entra en ti, lamiendo el clítoris hinchado, chupando jugos que corren por tu culo. Gimes alto, "¡Sí, así, carnales, no paren!" Tus caderas se alzan, follándoles la boca por turnos. Marco se une, sus lenguas duelan por tu coño, besándose sobre tu carne mojada, el sonido chapoteante llenando la habitación junto a tus jadeos y el mar de fondo.

La intensidad sube. Quieres más.

Quiero sentirlos dentro, repletarme como nunca
. Los guías: tú de rodillas en el colchón, culo en pompa. Marco se pone detrás, su verga cabezona empujando tu entrada resbaladiza. Entras centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente te hace llorar de gusto. "¡Qué apretada, reyita!" gruñe, embistiendo hondo, sus bolas golpeando tu clítoris. Luis enfrente, verga en tu boca, follándote la garganta con cuidado, saliva goteando por tu mentón. El sabor salado de su piel, el olor a sudor macho, todo te marea de lujuria.

Cambian posiciones fluidamente, como si hubieran practicado. Ahora Luis en tu coño, más profundo, tocando el cervix con cada estocada que te hace ver estrellas. Marco te besa, tragándose tus gemidos, mientras sus manos amasan tus nalgas. Sientes sus pulsos acelerados contra tu piel, el calor de sus cuerpos envolviéndote. Esto es poder, ser el centro de su mundo. La fricción crece, orgasmos pequeños te sacuden —primero uno clitoriano cuando Luis roza ese punto—, pero aguantas, queriendo el grande juntos.

El clímax se avecina como tormenta. Te montan a ti encima de Marco, su verga en tu panocha, rebotando con tetas saltando. Luis se unta lubricante —el frasco fresco oliendo a vainilla— y apunta tu ano virgen para ellos. "¿Lista para el doble, mamacita?" Asientes, empoderada. La cabeza entra lenta, el ardor inicial se funde en plenitud obscena. Llenas hasta rebosar, dos vergas frotándose separadas por una delgada pared, embistiendo en ritmo sincronizado. Gritas: "¡Fóllenme duro, weyes, soy suya!"

El mundo explota. Tus paredes contraen, ordeñando sus pollas en espasmos violentos. Sientes el primer chorro de Marco caliente inundando tu útero, luego Luis eyaculando en tu culo, semen goteando por tus muslos. Tus jugos salpican, olor a sexo crudo impregnando el aire. Colapsan contigo, cuerpos entrelazados sudorosos, respiraciones entrecortadas. Besos suaves post-orgasmo, lenguas perezosas lamiendo restos de placer.

En el afterglow, yacen los tres en la cama revuelta, el mar susurrando paz. Marco acaricia tu pelo: "Eres increíble, un sueño". Luis besa tu hombro: "Repetimos cuando quieras". Tú sonríes, saciada, el cuerpo hormigueando aún.

Neta, un trío dos hombres y una mujer así cambia todo. Me siento reina, deseada, completa
. La luna vigila mientras duermes entre ellos, el futuro prometiendo más noches ardientes en esta villa del paraíso.

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